jueves, 25 de agosto de 2016

La verdad digital / Luis María Anson *

Katharine Viner, desde su experiencia al frente del diario británico The Guardian, ha escrito un ácido artículo sobre algunos aspectos del periodismo digital. La revista Ahora, que dirige con pulso firme Miguel Ángel Aguilar, lo ha publicado con rigurosa traducción de Luisa Bonilla. Hacía mucho tiempo que no leía yo un artículo tan certero, tan profundo, tan comprometido.

«Ahora -escribe la gran periodista- estamos atrapados en una serie de confusas batallas entre fuerzas opuestas: entre la verdad y la falsedad; entre el hecho y el rumor; la amabilidad y la crueldad; entre los pocos y los muchos: entre los conectados y los alineados; entre la plataforma abierta de la web como sus arquitectos la concibieron y los jardines cerrados de Facebook y otras redes sociales; entre el público informado y la muchedumbre equivocada».

Katharine Viner coincide, seguramente sin saberlo, con la Caritas in veritate de Benedicto XVI al denunciar la amenaza del relativismo. Para ella lo que se acepta como un hecho es solamente un punto de vista que circula con una velocidad y una intensidad inimaginables en la era Gutenberg. La verdad se deteriora y relativiza. Cuando se desencadena la «cascada de la información», la gente, como ha escrito Danielle Citron, reenvía lo que los otros piensan aunque la afirmación sea falsa, incorrecta o incompleta. 

En la era digital es más fácil que nunca publicar una información falsa que se comparte y es tomada como verdad rápidamente. Resulta necesario reaccionar y que los responsables de las redes sociales se aseguren de que «sus algoritmos prioricen visiones compensatorias y noticias que sean importantes».

Emily Bell ha afirmado que «los medios sociales no solo se han tragado el periodismo, se lo han tragado todo. Se han tragado las campañas políticas, los sistemas bancarios, las historias personales, la industria del ocio, el pequeño comercio, incluso el gobierno y la seguridad». La diversidad que la world wide web había previsto inicialmente ha sido sustituida por «la centralización de la información en el interior de unas pocas redes sociales selectas». La manifestación más extrema de este fenómeno ha sido la creación, según Viner, de laboratorios de noticias falsas, sin otra medida de valor que la viralidad en lugar de la verdad o la calidad. 

«Lo único que importa es si la gente clica. En lugar de fortalecer la idea de que la información es una necesidad democrática, crecen los grupitos que difunden falsedades instantáneas». En el flujo de noticias en el teléfono móvil, afirma sagazmente Viner, todas las noticias parecen lo mismo, procedan de una fuente fiable o no. Por eso hay que centrarse en «cómo rescatar la financiación del periodismo que es lo que está amenazado». 

La digitalización globalizada es imparable. Tras la Edad Antigua, la Media, la Moderna y la Contemporánea, vivimos ya en la Edad Digital. Katharine Viner denuncia, sin ofrecer solución, los males acarreados por la digitalización que son grandes, pero muchos menos que los beneficios producidos por las nuevas tecnologías. Hay fórmulas para enfrentarse a los problemas. Es la hora del derecho internacional. Se trata de aunar los esfuerzos de los diversos Estados para establecer una legislación global que impida los abusos y los desmanes del mundo digital, robusteciendo sus altos, sus inconmensurables beneficios.


(*) Periodista y miembro de la Real Academia Española de la Lengua


Cómo la tecnología altera la verdad / Katharine Viner *

Un lunes por la mañana del pasado septiembre Gran Bretaña se despertó con una noticia depravada. El primer ministro, David Cameron, había cometido un “acto obsceno con la cabeza de un cerdo muerto”, según el Daily Mail. “Un distinguido condiscípulo de Oxford afirma que Cameron participó en una atroz ceremonia de iniciación con un cerdo muerto en un evento en Piers Gaveston”, decía el periódico.  

Piers Gaveston es el nombre de un licencioso club gastronómico de la Universidad de Oxford. Los autores de la noticia afirmaban que su fuente era un parlamentario que decía que había visto pruebas fotográficas: “Su extraordinaria insinuación es que el futuro primer ministro introdujo una parte íntima de su anatomía en el animal”.

La noticia, tomada de una nueva biografía de Cameron, despertó un inmediato furor. Era vulgar, era una gran oportunidad para humillar a un primer ministro elitista, y muchos percibieron que sonaba verosímil para un exmiembro del célebre Bullingdon Club. Al cabo de unos minutos, #Piggate y #Hameron eran tendencia en Twitter e incluso relevantes políticos se sumaron a la fiesta: Nicola Sturgeon dijo que las acusaciones habían “entretenido al país entero”, mientras que Paddy Ashdown bromeó con que Cameron estaba “acaparando los titulares”1

Al principio, la BBC se negó a mencionar las acusaciones y 10 Downing Street, la residencia oficial del primer ministro, dijo que no “dignificaría” la noticia con una respuesta, pero no tardó en verse obligada a emitir una nota negando su veracidad. Y así fue como un hombre poderoso fue avergonzado sexualmente de una manera que no tenía nada que ver con sus políticas divisivas, de un modo al que no podía en realidad responder. Pero ¿qué más daba? Tendría que asumirlo.

Después, tras un día entero de cachondeo en internet, sucedió algo sorprendente. Isabel Oakeshott, la periodista del Daily Mail que había coescrito la biografía con Lord Ashcroft, un millonario hombre de negocios, fue a la tele y admitió que no sabía si su noticia bomba era verdad. Cuando la presionaron para que mostrara pruebas de su sensacionalista afirmación, Oakeshott reconoció que no tenía ninguna.

“No pudimos llegar al fondo de las afirmaciones de esa fuente”, dijo en Channel 4 News. “Así que informamos de lo que esa fuente nos dio […]. No decimos si creemos o no que sea verdad.” En otras palabras, no había pruebas de que el primer ministro británico hubiera “insertado una parte íntima de su anatomía” en la boca de un cerdo muerto, una noticia recogida en docenas de periódicos y repetida en millones de tuits y actualizaciones de Facebook, que mucha gente probablemente considera aún hoy verdaderos.

Oakeshott fue más allá para deshacerse de toda responsabilidad periodística: “Depende de otra gente decidir si le dan credibilidad o no”, dijo. Por supuesto, no era la primera ocasión en que se publicaban afirmaciones estrafalarias con pruebas endebles, pero esa era una defensa singularmente desvergonzada. Parecía que los periodistas ya no tenían la obligación de creer que sus noticias eran ciertas ni, al parecer, tenían que aportar pruebas. Es cosa del lector —que ni siquiera conoce la identidad de la fuente— decidirse. Pero ¿basándose en qué? ¿El instinto, la intuición, el estado de ánimo?

¿Sigue importando la verdad?

Nueve meses después de que Gran Bretaña se despertara riéndose de las hipotéticas intimidades porcinas de Cameron, el país amaneció la mañana del 24 de junio con la muy real visión del primer ministro en frente del 10 Downing Street a las 8 de la mañana presentando su dimisión.

“El pueblo británico ha votado abandonar la Unión Europea y su voluntad debe ser respetada —declaró—.  No ha sido una decisión tomada a la ligera, en primer lugar porque muchas organizaciones diferentes han dicho muchas cosas sobre el significado de esta decisión. De modo que no puede haber ninguna duda sobre el resultado.”

Pero lo que pronto quedó claro fue que casi todo seguía en duda. Al final de la campaña que dominó las noticias durante meses, resultó evidente que el lado vencedor no tenía un plan sobre cómo o cuándo abandonaría Reino Unido la Unión Europea, mientras que las afirmaciones engañosas que llevaron esa campaña a la victoria repentinamente se vinieron abajo. A las 6:31 del viernes 24 de junio, justo una hora después de que se conociera el resultado del referéndum, el líder del UKIP, Nigel Farage, reconoció que la Gran Bretaña post-Brexit no dispondría de 350 millones de libras para gastar en el Servicio Nacional de Salud, una afirmación clave de los partidarios del Brexit que había adornado el autobús de campaña de “Vote Leave”. Pocas horas más tarde, el parlamentario Daniel Hannanna declaró que probablemente la inmigración no se reduciría, otra afirmación clave.

No era la primera vez que los políticos no cumplían lo que habían prometido, por supuesto, pero puede que fuera la primera vez que admitían la mañana después de la victoria que las promesas habían sido falsas. Fueron las primeras grandes votaciones en la era de la política postverdad: la apática campaña de los partidarios de quedarse intentó enfrentarse a la fantasía con hechos, pero descubrió rápidamente que la moneda de los hechos se había devaluado de mala manera.

Los preocupantes hechos y los preocupados expertos partidarios de quedarse fueron desdeñados como “proyecto miedo” y rápidamente neutralizados con hechos contrarios: si 99 expertos decían que la economía se estrellaría y uno estaba en desacuerdo, la BBC nos decía que cada bando tenía una idea distinta sobre la situación. (Esto es un error catastrófico que acaba oscureciendo la verdad y se parece a cómo algunos informan sobre el cambio climático.) Michael Gove (ministro de Cameron) declaró que “la gente en este país está harta de expertos” en Sky News. También comparó a los 10 economistas con premio Nobel que firmaron una carta contraria al Brexit con los científicos nazis leales a Hitler.

Durante meses, la prensa euroescéptica proclamó cualquier afirmación dudosa y menospreció cualquier advertencia experta, llenando las portadas con tantos titulares confeccionados antiinmigrantes que eran imposibles de contar, muchos de los cuales eran luego corregidos en letra muy pequeña. Una semana antes del referéndum —el mismo día en que Nigel Farage mostró su incendiario póster con el lema “Breaking Point” (Punto de no retorno) y la parlamentaria laborista Jo Cox, que había hecho campaña infatigablemente a favor de los refugiados, fue asesinada— la portada del Daily Mail mostraba un retrato de inmigrantes en la parte posterior de una furgoneta entrando en Reino Unido con el titular “Venimos de Europa, ¡dejadnos entrar!”. El día siguiente, el Mail y el Sun, que también publicaron la historia, se vieron obligados a reconocer que los polizones eran en realidad de Irak y Kuwait.

La descarada falta de respeto por los hechos no remitió después del referéndum: hace poco, la candidata a líder conservadora Andrea Leadsom (que lo fue por poco tiempo, después de tener un papel estelar en la campaña del Leave) demostró el decreciente poder de las pruebas. Después de decir al Times que ser una madre la haría mejor primera ministra que su rival Theresa May, gritó “¡periodismo de alcantarilla!” y acusó al periódico de manipular sus declaraciones, aunque había dicho exactamente eso, claramente y sin duda, y además estaba grabado. Leadsom es una política postverdad incluso por lo que respecta a sus propias verdades.

Cuando un hecho empieza a parecerse a lo que tú crees que es verdad, se vuelve muy difícil para cualquiera advertir la diferencia entre hechos que son ciertos y “hechos” que no lo son. La campaña partidaria del Leave era consciente de esto y se aprovechó de ello, con el conocimiento de que la Autoridad sobre los Estándares Publicitarios no tiene competencias sobre las afirmaciones de carácter político. Pocos días después del referéndum, Arron Banks, el mayor donante del UKIP y de la campaña Leave.Eu, le dijo al Guardian que su bando sabía desde el principio que los hechos no les darían la victoria. “Había que adoptar un acercamiento mediático al estilo americano —dijo Banks—. Lo que ellos dijeron al principio fue ‘los hechos no funcionan’, y es cierto. Los partidarios de quedarse mostraron hechos, hechos, hechos, hechos, hechos. Eso no funciona. Tienes que conectar con la gente emocionalmente. Ese es el éxito de Trump.”

Veinticinco años después de que apareciera en línea la primera web, está claro que estamos viviendo un periodo de transformación vertiginosa. Durante los 500 años posteriores a Gutenberg, la forma dominante de información fue la página impresa: el conocimiento se transmitía básicamente en un formato fijo, que animaba a los lectores a creer en verdades estables y asentadas.

Ahora estamos atrapados en una serie de confusas batallas entre fuerzas opuestas: entre la verdad y la falsedad, el hecho y el rumor, la amabilidad y la crueldad; entre los pocos y los muchos; entre los conectados y los alienados; entre la plataforma abierta de la web como sus arquitectos la concibieron y los jardines cerrados de Facebook y otras redes sociales; entre el público informado y la muchedumbre equivocada.

Lo que estas luchas tienen en común —y lo que hace que sea urgente resolverlas— es que todas implican un decreciente estatus para la verdad. Esto no significa que no haya verdades. Significa solamente, como este año ha quedado muy claro, que no podemos ponernos de acuerdo sobre cuáles son esas verdades. Y cuando no hay consenso sobre la verdad ni manera posible de alcanzarlo, el caos no tarda en llegar.

Cada vez más, lo que pasa por ser un hecho es solamente un punto de vista que alguien siente que es verdad, y la tecnología ha hecho muy fácil que esos “hechos” circulen con una velocidad y un alcance que era inimaginable en la era de Gutenberg (o hace apenas una década). Una historia dudosa sobre Cameron y un cerdo aparece en un tabloide una mañana y a mediodía ha inundado el mundo a través de las redes sociales y aparecido en las fuentes de información fiables de todas partes. Puede parecer poca cosa, pero sus consecuencias son enormes.

“La verdad —como escribieron Peter Chippindale y Chris Horrie en Stick It Up Your Punter!, su historia del periódico Sun— es una afirmación sencilla que cada periódico publica por su cuenta y riesgo.” Normalmente, sobre cada tema hay varias verdades en conflicto, pero en la era de la imprenta las palabras en una página fijaban las cosas, fueran ciertas o no. La información parecía verdad, al menos hasta que el día siguiente trajera una actualización o una corrección, y todos compartíamos una serie común de hechos.

Esta “verdad” establecida normalmente era administrada desde arriba: una verdad establecida, con frecuencia fijada en su lugar por un establishment. Este acuerdo no carecía de fallos: buena parte de la prensa con frecuencia mostraba sesgos hacia lo establecido y deferencia hacia la autoridad, y era extraordinariamente difícil para la gente común enfrentarse al poder de la prensa. Ahora la gente desconfía mucho de lo que se le presenta como un hecho —especialmente si los hechos son incómodos o discordantes con sus propias ideas—, y aunque parte de esa desconfianza es un error, otra parte no lo es.

En la era digital es más fácil que nunca publicar información falsa que se comparte y es tomada por verdad rápidamente, como con frecuencia vemos en situaciones de emergencia, cuando las noticias se dan en tiempo real. Para escoger un ejemplo entre muchos, durante los ataques terroristas en París de noviembre de 2015 rápidamente se propagaron rumores en los medios sociales de que el Louvre y el Centro Pompidou habían sido atacados y que François Hollande había sufrido un infarto. Se necesitan medios de confianza que desacrediten estas historias.

Falsedades y hechos

A veces los rumores como estos se difunden a causa del pánico, a veces por malicia y en otras por una manipulación deliberada, en la que una empresa o un régimen paga a gente para que transmita su mensaje. Sea cual sea el motivo, las falsedades y los hechos ahora se difunden de la misma manera, por medio de lo que los académicos llaman “cascada de información”. Como describe la profesora de Derecho y experta en el acoso online Daniell Citron, “la gente reenvía lo que los otros piensan, aunque la información sea falsa, incorrecta o incompleta, porque cree que ha aprendido algo valioso”. Este ciclo se repite, y antes de que te des cuenta la cascada tiene un impulso imparable. Compartiste el post de un amigo en Facebook, quizá para mostrar camaradería o que estás “en la pomada”, y por lo tanto aumentas la visibilidad de ese post.

Los algoritmos, como el que alimenta el flujo de noticias de Facebook, están diseñados para darnos más de lo que ellos creen que queremos, lo que significa que la versión del mundo con la que nos encontramos cada día en nuestro flujo personal ha sido invisiblemente seleccionada para reforzar nuestras creencias preexistentes. Cuando Eli Pariser, cofundador de Upworthy, acuñó la expresión “burbuja de filtros” en 2011, se refería a cómo la web personalizada —y en particular la función de búsqueda personalizada de Google, que significa que si dos personas hacen la misma búsqueda el resultado nunca será igual— significa que es menos probable verse expuesto a información que pone en duda o amplía nuestra visión del mundo, y menos probable encontrar hechos que refuten información falsa que otros han compartido.

La petición de Pariser en ese momento era que los que dirigían las plataformas de las redes sociales se aseguraran de que “sus algoritmos prioricen visiones compensatorias y noticias que son importantes, no solo las cosas más populares o las que más se validan a sí mismas”. Pero en menos de cinco años, gracias al increíble poder de unas pocas plataformas, la burbuja de filtros que Pariser describió se ha vuelto mucho más extrema.

El día después del referéndum, Tom Steinberg, el británico activista de internet y fundador de mySociety, publicó un post de Facebook que es una vívida ilustración del poder de la burbuja de filtros y de las serias consecuencias civiles para un mundo en el que la información fluye en buena medida por redes sociales:

“Estoy buscando activamente en Facebook gente que celebre la victoria del Brexit, pero la burbuja de filtro es TAN fuerte y se extiende TANTO en cosas como la búsqueda personalizada que no puedo encontrar a nadie que esté contento a pesar de que medio país está claramente eufórico hoy y a pesar de que estoy intentando activamente oír lo que dicen.

El problema de esta cámara de eco es ahora TAN grave y TAN crónico que solo puedo implorar a mis amigos que tengo trabajando en Facebook y en otras grandes redes sociales y en tecnología que urgentemente digan a sus jefes que no actuar ante este problemama equivale a apoyar y financiar activamente el desgarre del tejido de nuestras sociedades.

 Estamos creando países en los que una mitad no sabe absolutamente nada de la otra mitad”.
Pero pedir a las empresas tecnológicas que “hagan algo” sobre la burbuja de filtros implica que es un problema que puede ser fácilmente arreglado, y no uno que está en el centro mismo de las redes sociales diseñadas para darte lo que tú y tus amigos queréis ver.

Facebook, que apareció en 2004, tiene ahora 1.600 millones de usuarios en todo el mundo. Se ha convertido en la manera dominante de buscar noticias en internet para la gente, y de hecho es dominante de una manera que habría sido inimaginable en la era de los periódicos de papel. Como ha escrito Emily Bell, “los medios sociales no solo se han tragado el periodismo, se lo han tragado todo. Se han tragado las campañas políticas, los sistemas bancarios, las historias personales, la industria del ocio, el pequeño comercio, incluso el gobierno y la seguridad”.

Bell, directora del Tow Centre for Digital Journalism en la Universidad de Columbia, ha resumido el sísmico impacto de las redes sociales en el periodismo. “Nuestro ecosistema de noticias ha cambiado de una manera más radical en los últimos cinco años —escribió en marzo— que quizá en cualquier otro momento de los últimos 500.” El futuro de la edición se está poniendo “en manos de unos pocos, que ahora controlan el destino de los muchos”. Las empresas de medios han perdido el control sobre la distribución de su periodismo, que para muchos lectores ahora “se filtra a través de logaritmos y plataformas que son opacos e impredecibles”. Esto significa que las compañías propietarias de los redes sociales se han vuelto abrumadoramente poderosas a la hora de determinar lo que leemos y se han vuelto enormemente rentables monetizando el trabajo de otra gente. Como dice Bell: “En este sentido, actualmente hay una concentración de poder mucho mayor que en cualquier momento del pasado.”

Maximizar el tiempo

Las publicaciones supervisadas por editores han sido sustituidas en muchos casos por un torrente de información escogido por amigos, contactos y familia, procesado por algoritmos secretos. La vieja idea de una web abierta —en la que los hipervínculos de web a web creaban una red de información no jerárquica y descentralizada— ha sido en buena medida suplantada por plataformas diseñadas para maximizar el tiempo que pasas entre sus muros, algunas de las cuales (como Instagram y Snapchat) no permiten vínculos hacia fuera.

Mucha gente, de hecho, especialmente los adolescentes, pasan ahora más y más tiempo en aplicaciones de chat cerradas, que permiten a los usuarios crear grupos para compartir mensajes en privado, quizá porque los jóvenes, que son los que más posibilidades tienen de haber sufrido acoso online, buscan espacios sociales protegidos con más cuidado. Pero el espacio cerrado de una aplicación de chat es un silo aún más restrictivo que el jardín amurallado de Facebook u otras redes sociales.

Como escribió en el Guardian el iraní Hossein Derakhshan, bloguero pionero que estuvo encarcelado en Teherán durante seis años por su actividad online, la “diversidad que la world wide web había imaginado originalmente” ha sido sustituida por “la centralización de la información” en el interior de unas pocas redes sociales selectas. El resultado está “haciéndonos menos poderosos en relación con el gobierno y las empresas”.

Por supuesto, Facebook no decide lo que lees, al menos no en el sentido tradicional de tomar decisiones, y no dicta lo que los medios producen. Pero cuando una plataforma se vuelve la fuente dominante para acceder a la información, los medios con frecuencia ajustarán su trabajo a las demandas de ese nuevo medio. (La prueba más visible de la influencia de Facebook en el periodismo es el pánico que acompaña a cualquier cambio en el algoritmo del flujo de noticias que amenace con reducir las visitas que se mandan a los medios.)

En los últimos años, muchos medios se han alejado del periodismo de interés público para acercarse al equivalente en noticias a la comida basura, persiguiendo el número de páginas vistas con la vana esperanza de atraer clics y anuncios (o inversión). Pero como sucede con la comida basura, cuando te has atiborrado, te odias a ti mismo. La manifestación más extrema de este fenómeno ha sido la creación de laboratorios de noticias falsas, que atraen tráfico con reportajes falsos, diseñados para parecer noticias de verdad que luego son ampliamente compartidas en las redes sociales. Pero el mismo principio se aplica a noticias que son engañosas o deshonestas por sensacionalistas, aunque no fueran pensadas para engañar: la nueva medida de valor para demasiados medios es la viralidad, en lugar de la verdad o la calidad.

Por supuesto, los periodistas se han equivocado en el pasado, por error, por prejuicio, o a veces a propósito. (Freddie Starr probablemente no se comió un hámster.) Así que sería un error pensar que esto es un fenómeno nuevo propio de la era digital. Pero lo que es nuevo y significativo es que hoy los rumores y las mentiras tienen tantos lectores como los hechos irrefutables, y con frecuencia más, porque son más enloquecidos que la realidad y resulta más estimulante compartirlos. El cinismo de esta manera de ver las cosas la expresó nitidamente Neetzan Zimmerman, exempleado de Gawker como especialista en historias virales de elevado tráfico. “Hoy en día no es importante si una noticia es real —dijo en 2014—. Lo único que importa de verdad es si la gente clica.” Los hechos, sugirió, han terminado; son una reliquia de la era de la prensa de papel, cuando los lectores no tenían elección. Y dijo: “Si una persona no comparte una noticia, en esencia es que no es una noticia.”

Una nueva forma de consumo

La creciente prevalencia de esta manera de ver las cosas indica que estamos en mitad de un cambio fundamental en los valores del periodismo: un cambio en la forma de consumo. En lugar de fortalecer los vínculos sociales o crear una sociedad informada, o la idea de que las noticias son un bien cívico, una necesidad democrática, crea grupitos que difunden falsedades instantáneas que encajan con sus ideas, reforzando mutuamente las creencias, haciendo que cada uno se atrinchere aún más en esas opiniones compartidas, en lugar de en hechos comprobados.

Pero el problema es que el modelo de negocio de la mayoría de medios digitales se basa en los clics. Medios de todo el mundo se han dejado llevar por una fiebre de frenéticos anuncios al por mayor para rascar los céntimos de la publicidad digital. (Y no hay mucha publicidad que conseguir: en el primer cuarto de 2016 el 85% de cada dólar gastado en publicidad online en Estados Unidos fue a Google y Facebook. Eso antes iba a los medios.)

En el flujo de noticias del móvil todas las noticias parecen lo mismo, procedan de una fuente fiable o no. Y, cada vez más, fuentes que por lo demás son fiables también publican noticias falsas, engañosas o deliberadamente indignantes. “La búsqueda del clic manda, así que las redacciones publicarán acríticamente algunas de las peores cosas que corren por ahí, lo cual da legitimidad a la inmundicia —dijo Brooke Binkowski, editora de la desacreditada web Snopes, en una entrevista con el Guardian en abril—. No todas las redacciones son así, pero muchas lo son.”

Deberíamos tener cuidado de no desdeñar cualquier cosa con un atractivo titular digital como carnaza: los titulares atractivos son buenos si llevan al lector a un periodismo de calidad, sea serio o no. Creo que lo que distingue el buen periodismo del malo es el trabajo: el periodismo que la gente más valora es aquel que muestra que alguien le ha dedicado mucho tiempo, en el que se percibe que el esfuerzo se ha hecho para el lector, sea sobre asuntos grandes o pequeños, importantes o de entretenimiento. Es lo contrario del churnalism2, el reciclaje infinito de las historias de otros para conseguir clics.

Publicidad digital

El modelo de publicidad digital no discrimina actualmente entre cierto o no cierto, solo entre grande y pequeño. Como afirmó el periodista político estadounidense Dave Weigel a propósito de una historia falsa que se volvió un éxito viral en 2013: “‘Demasiado bueno para comprobarlo’ era una advertencia a los redactores de los periódicos para que no saltaran sobre noticias inmundas. Ahora es un modelo de negocio.”

Una industria periodística persiguiendo desesperadamente cada clic barato no parece una industria en posición de fortaleza, y de hecho los medios como negocio tienen problemas. El giro a la publicación digital ha sido un acontecimiento emocionante para el periodismo. Como dije en mi conferencia AN Smith de la Universidad de Melbourne en 2013, titulada “El auge del lector”, ha provocado “un rediseño fundamental de la relación de los periodistas con nuestra audiencia, cómo pensamos en nuestros lectores, la percepción de nuestro papel en la sociedad, nuestro estatus”. Ha significado que hemos encontrado nuestras formas de conseguir noticias —de nuestra audiencia, de los datos, de las redes sociales—. Nos ha dado nuevas maneras de contar historias: con tecnologías interactivas y ahora con la realidad virtual. Nos ha dado nuevas formas de distribuir nuestro periodismo, encontrar nuevos lectores en lugares sorprendentes, y nos ha dado nuevas maneras de conversar con nuestros lectores, abriéndonos a su crítica y el debate.

Pero si las posibilidades del periodismo se han visto fortalecidas por las innovaciones tecnológicas de los últimos años, el modelo de negocio está gravemente amenazado, porque no importa cuántos clics obtengas: nunca serán suficientes. Y si cobras a los lectores para que accedan a tu periodismo tienes el gran reto de convencer al consumidor digital, que está acostumbrado a obtener información gratis, de que te pague a ti.

En todas partes, los medios están viendo reducidos drásticamente sus ganancias y sus ingresos. Una elocuente ilustración de las nuevas realidades de los medios digitales son los resultados financieros del primer trimestre anunciados por el New York Times y Facebook con solo una semana de diferencia. El New York Times anunció que su beneficio operativo había caído un 13%, hasta los 51,5 millones de dólares; mejor que la mayoría de la industria periodística, pero una caída notable. Facebook, mientras tanto, reveló que sus ingresos netos se habían triplicado en el mismo periodo hasta unos asombrosos 1.510 millones.

Durante la década pasada, muchos periodistas han perdido su trabajo. El número de periodistas en Gran Bretaña se redujo en un tercio entre 2001 y 2010; las redacciones se empequeñecieron en Estados Unidos una cantidad similar entre 2006 y 2013. En Australia hubo un recorte del 20% en periodistas solo entre 2012 y 2014. Este año, en el Guardian, anunciamos que teníamos que eliminar 100 puestos de trabajo de periodistas. En marzo, el Independent dejó de existir como periódico en papel. Desde 2005, según una investigación de la Press Gazette, el número de periódicos locales británicos se redujo en 181; de nuevo, no por un problema del periodismo, sino por los problemas para financiarlo.

Pero que los periodistas pierdan su trabajo no es solo un problema para los periodistas: tiene un impacto dañino en toda la cultura. Como advirtió el filósofo alemán Jürgen Habermas en 2007: “Cuando la reorganización y el recorte de costes en esta zona básica ponen en peligro las normas periodísticas acostumbradas, golpea con fuerza en el corazón mismo de la esfera pública política. Porque, sin el flujo de información obtenido mediante una amplia investigación, y sin el estímulo de los argumentos basados en una pericia que no es barata, la comunicación pública pierde su vitalidad discursiva. Los medios dejarían entonces de resistirse a las tendencias populistas y podrían dejar de cumplir la función que deben cumplir en el contexto de un estado democrático constitucional.”

Quizá entonces la industria periodística debe centrarse en la innovación comercial: cómo rescatar la financiación del periodismo, que es lo que está amenazado. El periodismo ha experimentado una drástica innovación en las dos últimas décadas digitales, pero los modelos de negocio, no. En palabras del colega Mary Hamilton, responsable ejecutiva de Audiencia del Guardian: “Hemos transformado todo lo que concierne al periodismo y no lo suficiente lo que concierne al negocio”.

El impacto de la crisis del modelo de negocio en el periodismo consiste en que, al perseguir clics baratos a costa de la precisión y la veracidad, los medios están socavando la razón misma por la que existen: para descubrir cosas y contar la verdad a los lectores, para informar, informar, informar.

Patearse las calles

Muchas redacciones están en peligro de perder lo que más importa en el periodismo: el duro, valioso, cívico oficio de patearse las calles, filtrar bases de datos, hacer preguntas incómodas para descubrir cosas que alguien no quiere que sepas. El periodismo serio, de interés público, es exigente. Y lo necesitamos más que nunca. Contribuye a hacer que los poderosos sean honestos, ayuda a la gente a comprender el mundo y su lugar en él. Los hechos y la información fiable son esenciales para el funcionamiento de la democracia, y la era digital ha hecho que eso sea aún más evidente.

Pero no debemos permitir que el caos del presente proyecte hacia el pasado una luz demasiado favorecedora, como puede verse en la reciente resolución de una tragedia que se convirtió en uno de los momentos más oscuros de la historia del periodismo británico. A finales de abril, una investigación de dos años dictaminó que las 96 personas que murieron en el desastre de Hillsborough de 1989 no habían contribuido a la peligrosa situación que se produjo en el campo de fútbol. El veredicto era la culminación de una infatigable campaña de 27 años por parte de las familias de las víctimas, sobre cuyo caso informó durante dos décadas con gran detalle y sensibilidad el periodista del Guardian David Conn. Su periodismo contribuyó a descubrir la verdad real sobre lo que pasó en Hillsborough y el subsiguiente encubrimiento por parte de la Policía, una ejemplo clásico de un periodista obligando a los poderosos a rendir cuentas en nombre de los menos poderosos.

Las familias habían estado haciendo campaña durante casi tres décadas contra una mentira puesta en circulación por el Sun. El agresivo y derechista director del tabloide, Kelvin MacKenzie, culpó del desastre a los seguidores y sugirió que habían forzado su acceso al campo sin entradas, afirmación que más tarde se reveló como falsa. Según la noticia de Horrie y Chippindale en el Sun, MacKenzie desautorizó a su periodista, puso las palabras “LA VERDAD” en la portada y sostuvo que los seguidores del Liverpool estaban borrachos, que robaron las carteras de las víctimas, que dieron puñetazos y patadas a los policías y orinaron sobre ellos, que gritaron que querían mantener relaciones sexuales con una mujer fallecida. Los seguidores, dijo un “policía de alto rango”, estaban “actuando como animales”. La noticia, escriben Chippindale y Horrie, es una “calumnia clásica”, carente de pruebas atribuibles y que encaja “precisamente con la fórmula de MacKenzie de publicar un prejuicio ignorante a medio cocer y vocearlo por todo el país”.

Es difícil imaginar que la tragedia de Hillsborough pudiera suceder hoy: si 96 personas murieran aplastadas delante de 53.000 teléfonos móviles, con fotografías y relatos de testigos en las redes sociales, ¿se habría tardado tanto en saber la verdad? Hoy, la policía —o Kevin MacKenzie— no habría podido mentir tan descaradamente durante tanto tiempo.

La verdad es una lucha. Requiere un duro oficio. Pero la lucha merece la pena: los valores periodísticos tradicionales son importantes e importan y merecen ser defendidos. La revolución digital ha significado que los periodistas —en mi opinión, esto es algo bueno— tienen que rendir más cuentas ante su audiencia. Como muestra la historia sobre Hillsborough, los viejos medios eran sin duda capaces de perpetrar aterradoras falsedades que luego costaba años esclarecer. Algunas de las viejas jerarquías han sido socavadas contundentemente, lo que ha llevado a un debate más abierto y a un cambio sustancial en las viejas élites, cuyos intereses con frecuencia dominaban a los medios. Pero la era de la información incansable y constante —y las verdades inciertas— puede ser abrumadora. Vamos en montaña rusa de un escándalo a otro, pero nos olvidamos muy rápidamente: cada tarde vivimos un apocalipsis.

Al mismo tiempo, la demolición del paisaje informativo ha desatado nuevas cataratas de racismo y sexismo y nuevas maneras de avergonzar y acosar, dando pie a un mundo en el que prevalecen los argumentos más gritones y burdos. Es una atmósfera que ha demostrado ser particularmente hostil para las mujeres y la gente de color, que ha revelado que las desigualdades físicas se reproducen con demasiada facilidad en los espacios online. El Guardian no es inmune, razón por la cual una de mis primeras iniciativas como directora fue lanzar el proyecto “Web We Want” para combatir una cultura general del insulto online y para preguntar cómo nosotros, como institución, podemos alentar conversaciones mejores y más educadas en la web.

El discurso político

Por encima de todo, el reto para el periodismo de hoy no es simplemente la innovación tecnológica o la creación de nuevos modelos de negocio. Es establecer el papel que las instituciones periodísticas todavía juegan en el discurso público, que se ha fragmentado de una manera imposible de manejar y se ha desestabilizado radicalmente. Los asombrosos acontecimientos políticos del último año —incluido el voto por el Brexit y la irrupción de Donald Trump como candidato republicano a la Presidencia estadounidense— no son simplemente consecuencias de un resurgente populismo o la revuelta de los que se sienten abandonados por el capitalismo global.

Como sostuvo en un ensayo el académico Zeynep Tufekci, el auge de Trump es “en realidad un síntoma de la creciente debilidad de los medios de masas, especialmente a la hora de controlar los límites de lo que es aceptable decir”. (Podría decirse algo parecido del Brexit.) “Durante décadas, los periodistas en los grandes medios actuaban como guardianes que juzgaban qué ideas podían discutirse en público y qué era considerado demasiado radical.” La debilitación de estos guardianes es positiva y negativa; hay oportunidades y hay peligros.

Como podemos ver en el pasado, los viejos guardianes eran también capaces de infligir grandes daños y eran con frecuencia arrogantes al negarse a dar espacio a argumentos que ellos consideraban fuera del consenso político mayoritario. Pero sin alguna forma de consenso es difícil que se asiente alguna verdad. La decadencia de los guardianes ha dado espacio a Trump para sacar a colación lo que eran temas tabú, como el coste de un régimen de libre comercio global que beneficia a las empresas en lugar de a los trabajadores, un tema que las élites y buena parte de los medios de Estados Unidos han ignorado durante mucho tiempo —con lo cual, obviamente, han permitido que sus indignantes mentiras florezcan—.

Cuando el sentimiento predominante es contra las élites y contra la autoridad, la confianza en las grandes instituciones, incluidos los medios, se viene abajo.

Creo que merece la pena luchar por una cultura periodística fuerte. También hacerlo por un modelo de negocio que sirva y recompense a los medios que pongan la búsqueda de la verdad en el centro de todo, y construya una sociedad informada y activa que escrute a los poderosos, no un grupito mal informado y reaccionario que ataque a los vulnerables. Los valores tradicionales del periodismo deben ser asumidos y celebrados: investigar, verificar, reunir declaraciones de testigos, hacer el intento serio de descubrir lo que ha sucedido de veras.

Tenemos el privilegio de vivir en una era en la que podemos utilizar muchas tecnologías nuevas —y la ayuda de nuestra audiencia— para hacerlo. Pero también debemos combatir los asuntos que apuntalan la cultura digital y darnos cuenta de que el tránsito del papel a los medios digitales nunca ha sido solo una cuestión tecnológica. Debemos también enfrentarnos a las nuevas dinámicas de poder que estos cambios han creado. La tecnología y los medios no existen de manera aislada; contribuyen a dar forma a la sociedad al mismo tiempo que esta les da forma a ellos. Esto significa implicarse con gente en tanto que actores civiles, ciudadanos, iguales. Se trata de hacer que el poder rinda cuentas, luchar por un espacio público y asumir la responsabilidad de crear el mundo en el que queremos vivir.

1 En el original, “hogging the headlines”. Hog significa tanto “cerdo” como “acaparar”.
2 Mezcla de churn (“agitar”) y journalism (“periodismo”).

Este texto se publicó originalmente en The Guardian el 12 de julio de 2016.
© Guardian News & Media Ltd 2016

Traducción del inglés de Luisa Bonilla

jueves, 11 de agosto de 2016

Arianna Huffington deja el Huffington Post para centrarse en su nueva empresa

WASHINGTON.- La periodista Arianna Huffington, cofundadora del diario digital The Huffington Post, anunció hoy que renunciará a su cargo de editora jefe de la publicación para centrarse en su nuevo proyecto, Thrive Global, una empresa centrada en la salud y el bienestar.

"Pensé que HuffPost sería mi última función. Pero he decidido dimitir como editora jefe de HuffPost para poner en marcha mi nueva empresa, Thrive Global", explicó Huffington en su cuenta de Twitter.
Durante las últimas semanas, Huffington ha mantenido conversaciones con inversores para conseguir financiación para su nueva compañía, con sede en Nueva York, centrada en proporcionar información y capacitación digital para reducir el estrés y aumentar el bienestar.
El objetivo de Huffington es lanzar este nuevo proyecto antes de que concluya el año.
"Cuando decidí crear Thrive Global, pensé que sería posible crear la nueva empresa y continuar como editora jefe del Huffington Post. Hoy en día está claro que eso era una ilusión", detalló la periodista en un comunicado.
Nacida en Grecia en 1950 y exmujer del congresista republicano Michael Huffington, en 2003 fue candidata independiente en las elecciones a gobernador de California y en 2005 creó con otros socios el diario digital The Huffington Post.
La operadora de telecomunicaciones Verizon es actualmente la dueña del Huffington Post a través de la firma de servicios de internet AOL, que adquirió el diario digital en febrero de 2011.

Assange podrá ser interrogado en la embajada de Ecuador de Londres

LONDRES.- El equipo legal de Julian Assange "dio la bienvenida" hoy al hecho de que "finalmente se hayan puesto en marcha medidas" para que Suecia interrogue al fundador de WikiLeaks en la embajada de Ecuador en Londres.

En un comunicado, el equipo de abogados del australiano, coordinado por el español Baltasar Garzón, respondió así a la notificación formal de la Fiscalía de Ecuador a la sueca, en la que comunica su disposición a que se interrogue a Assange en la legación ecuatoriana en Londres, donde está refugiado desde 2012.
Assange lleva solicitando a la Fiscalía sueca que se le tome declaración en la embajada de Quito en la capital británica "desde agosto de 2010".
"El anuncio llega tras seis años de una total inacción por parte de la Fiscalía sueca", apunta su defensa.
Assange pidió asilo a Quito para evitar que el Reino Unido le entregara a Suecia, donde se le requiere con relación a delitos sexuales que él niega, pues teme que una vez allí pueda ser extraditado a Estados Unidos, donde podría enfrentarse a un tribunal militar por las filtraciones hechas a WikiLeaks.
El equipo legal del activista indica que "la conducta arbitraria de la fiscalía fue hallada ilegal por la ONU a comienzos de año, y la negativa del fiscal a tomar declaración a Assange también fue considerada ilegal por las altas cortes suecas en noviembre de 2014 y en mayo de 2015".
Los abogados del exhacker aluden al dictamen del Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de la ONU, que estableció el pasado febrero que Assange "se encuentra en situación de detención arbitraria", y pidió al Reino Unido y a Suecia que pusieran "fin a la privación de libertad" del australiano.
Consideran también que "la conducta ilegal del fiscal ha ocasionado un daño irreparable a su salud, sus derechos y su vida familiar".
"El Grupo de trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de la ONU halló que el caso de Assange está plagado de violaciones de proceso y de condiciones que equivalen a tortura, y que Suecia ha infringido sus obligaciones internacionales", concretó Garzón en la nota.
La reacción del equipo de Assange llegó después de que la cancillería de Ecuador señalara también que en las próximas semanas se fijará una fecha para el interrogatorio y recordara que desde hace más de cuatro años ese Gobierno ha ofrecido cooperación para que se produzca en su sede diplomática en Londres.
Ecuador indica que su ofrecimiento, junto a otras acciones jurídicas y políticas, se ha hecho "para alcanzar una solución satisfactoria para todas las partes, poner fin a las innecesarias dilaciones en el proceso y garantizar la tutela judicial efectiva".
El Gobierno ecuatoriano propuso a Suecia la negociación de un acuerdo de asistencia legal en materia penal, que fue firmado en diciembre, y que sirve como marco jurídico para el interrogatorio.

martes, 2 de agosto de 2016

El Parlamento británico pide a la BBC que divulgue el sueldo de sus estrellas

LONDRES.- Una comisión parlamentaria propuso hoy que la BBC divulgue el sueldo de sus empleados que cobren más que el primer ministro británico, en un esfuerzo por aumentar la transparencia en la cadena pública.

El presidente de la comisión de Cultura, Deportes y Medios de Comunicación de la Cámara de los Comunes, Damian Collins, dijo que "no hay ninguna buena razón" por la que no se puedan hacer públicos los sueldos de los trabajadores del ente público mejor pagados que el jefe del Gobierno.
El primer ministro del Reino Unido, actualmente la conservadora Theresa May, tiene un sueldo anual cifrado en abril de este año en 143.462 libras (unos 170.000 euros), lo que incluye los ingresos como diputado.
Al revisar el nuevo Libro Blanco del Gobierno para la emisora, la comisión consideró insuficiente la propuesta de que esta solo deba difundir el sueldo de sus presentadores estrella a partir de unos ingresos anuales de 450.000 libras (o 535.000 euros), lo que es además un umbral más alto del que se establece para los cargos ejecutivos.
"En el asunto de los salarios, la cuestión es que estos son sufragados por los ciudadanos a través de la licencia televisiva, tanto si son de presentadores como de ejecutivos. ¿Por qué debería haber normas diferentes para unos y otros?", declaró Collins.
"El umbral debería ser el mismo para los ejecutivos y para las estrellas, y debería publicarse el salario de cualquiera que gane más que el primer ministro", manifestó.
Un portavoz de la BBC dijo que publicar los salarios individuales de sus grandes fichajes perjudicaría a la emisora pública frente a sus competidoras privadas y señaló que la propuesta gubernamental recogida en el Libro Blanco "es una fórmula de compromiso satisfactoria".
El Libro Blanco, que propone la regulación futura de la cadena pública, cuyo actual estatuto expira a finales de este año, sugiere también cambios en los órganos directivos y de supervisión de la emisora, que sufragan los hogares británicos mediante el pago de un canon por tener televisión.

lunes, 1 de agosto de 2016

Detenidos seis periodistas del diario 'Zaman' por su vinculación con el Movimiento de Gülen

ESTAMBUL.- Un Tribunal de Estambul ha ordenado la detención de seis exempleados del diario turco 'Zaman' por sus supuestos vínculos con el Movimiento de Fethullah Gülen, que Ankara considera una organización terrorista.

Los periodistas fueron detenidos tras el frustrado golpe de Estado del pasado 15 de julio, que las autoridades turcas atribuyen al grupo del influyente clérigo que reside en Estados Unidos en régimen de exilio autoimpuesto. Los sospechosos se encuentran entre los 47 personas que tenían ordenes de detención previas a la intentona golpista, tal y como ha informado 'Hurriyet'.
Los extrabajadores de 'Zaman' han sido acusado de intentar derrocar el Gobierno turco, la prevención de los deberes del Estado, en parte o en su totalidad, además de recibir financiación irregular.

jueves, 28 de julio de 2016

Regular Internet: ¿atentado a la libertad de expresión? / Nubia Piqueras Gross *

De golpe a la libertad de expresión y a la memoria de todos los ciudadanos catalogan hoy muchos panameños el anteproyecto de ley que pretende regular contenidos en los portales de Internet y redes sociales. Según un foro de periodistas, la ambigüedad en la redacción de la propuesta impulsada por el diputado Melitón Arrocha, favorece la eliminación de referencias en Internet, sin necesidad de aportar pruebas que las justifiquen y sin la intervención de instancias judiciales que garanticen el debido proceso de las partes.

De esta manera, la iniciativa obligará a los sitios web a borrar información de cualquier persona que se sienta afectada, al tiempo que limita las capacidades especiales de la red de redes como herramienta única de transformación para buscar, recibir y difundir contenidos.

Criterio enarbolado por la exrelatora especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos Catalina Botero, quien cuestionó la efectividad del anteproyecto del representante del Partido Panameñista.

Si bien es cierto que el texto establece que la información solo será eliminada si causa un "perjuicio irremediable", los medios de comunicación -por ejemplo- se verán inundados con decenas de miles de solicitudes imposibles de procesar de manera oportuna y condenados a pagar eventuales sanciones millonarias, afirmó la especialista.

Afectaría, además, el derecho de acceso al conocimiento y la cultura, la posibilidad de exigir cuentas y participar en los asuntos públicos. En fin, el impacto de esta decisión es de enorme gravedad, acotó.

Y es que, a través de esta iniciativa legislativa presentada en la Asamblea Nacional, cualquier persona puede exigir la eliminación de informaciones, datos, dibujos, videos, archivos de audio y animaciones, entre otras formas que menoscaben su derecho a la intimidad, al honor y a la imagen.

Mientras, Arrocha aseguró que esta propuesta no pretende demonizar las redes sociales, ni complicar la vida a las empresas que almacenan datos personales, sino "resguardar eficazmente el derecho que tiene toda persona a guardar con celo elementos personales".

A juicio del exministro de Comercio e Industria, con el surgimiento de las nuevas tecnologías y de Internet, el derecho a la privacidad y a la rectificación, consagrado en el artículo 42 de la Constitución, disminuyó en perjuicio directo de las personas, por ello la propuesta.

Arrocha aseguró que no pretende limitar el acceso a la libertad de expresión, pero sí darles el derecho a los ciudadanos no públicos "a que frente a daños inminentes, falsedades o a temas que incumben a su intimidad, tengan la oportunidad de reclamar que se quite la publicación de Internet".

Yo entiendo la preocupación, pero la información debe cumplir con varios requisitos, y si la misma es de interés público, entonces no aplica el derecho al olvido, para evitar que los políticos evadan las denuncias, precisó.

Pero el denominado "derecho al olvido", que intentan debatir actualmente en Panamá, genera controversias no solo aquí, sino también en Europa y otros países de América Latina como Colombia, Argentina y México.

Medios como Hearst Corporation, The New Yorker, The Washington Post, The Associated Press, Reuters America, Atlantic Media, entre otros, criticaron una sentencia de la Comisión Nacional de Informática y Libertades de Francia, que obligó a Google Inc. a eliminar en todos sus dominios aquella información que los usuarios ya no quieran que esté disponible en la red.

"El punto controversial alrededor del derecho al olvido es si en países con bajos niveles de desempeño en transparencia y elevados niveles de corrupción, el olvido digital acabará protegiendo a políticos, empresarios o ciudadanos envueltos en actos de corrupción y conflicto de interés", expresó María Elena Meneses, profesora e investigadora del Tecnológico de Monterrey.

Cada vez más las redes sociales emergen como instrumento de campañas políticas, religiosas o de otra índole para bien o para el mal, al igual que de polea trasmisora para calumnias, actos de espionajes, noticias falsas y hasta para la ejecución de delitos denigrantes como la pornografía infantil y el bulling.

Hechos que para nada demeritan el valor de estos sitios que llegaron para quedarse, porque también son símbolo de la socialización y del acervo cultural de la humanidad, puesto a disposición de todos con solo dar un click.

El asunto de la polémica radica en usar las ventajas de la tecnología con responsabilidad, algo que solo será posible poniendo orden en la gran aldea global del mundo digital.


(*) Periodista

Turquía cierra más de 130 medios de comunicación

ANKARA.- Las autoridades turcas han anunciado este miércoles el cierre de más de 130 medios de comunicación, en el marco de la purga iniciada tras la intentona golpista del pasado 15 de julio, según ha informado la cadena CNN Turk.

Entre los medios cerrados hay tres agencias de noticias, 16 televisiones, 23 radios y 45 diarios, de acuerdo con la agencia de noticias oficial, Anatolia.
Esta medida se suma a las licencias retiradas a cientos de periodistas por sus supuestos vínculos con la asonada militar y su presunto líder, el influyente clérigo Fetulá Gulen, exiliado en Estados Unidos.
Sin embargo, la prensa ha advertido de que la ofensiva contra la libertad de expresión comenzó mucho antes del fallido golpe. El año pasado las autoridades clausuraron 'Zaman', el diario de mayor tirada.
Al margen de los medios de comunicación, la purga ha continuado en las Fuerzas Armadas, donde 2.400 militares han sido destituidos como sospechosos 'gulenistas'. Más de 50.000 trabajadores públicos han sido cesados o suspendidos en estos días.
El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha declarado el estado de emergencia y ha suspendido el Convenio Europeo de Derechos Humanos esgrimiendo razones de seguridad ante la posibilidad de que se produzca un nuevo golpe de Estado.
Desde Occidente ya han advertido de que cualquier medida adoptada por las autoridades turcas --que incluso se plantean recuperar la pena de muerte-- debe respetar el Estado de Derecho y el orden democrático de la nación euroasiática.
"Todos estamos muy preocupados por lo que está ocurriendo", ha dicho en una rueda de prensa celebrada este miércoles el vicepresidente primero de la Comisión Europea, Frans Timmermans, en alusión a las ola de detenciones en Turquía.
Por su parte, el portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos, John Kirby, ha apuntado a la detención de periodistas como "una preocupante tendencia en la que los cuerpos oficiales --de seguridad y judiciales-- son usados para desalentar discursos políticos legítimos".

miércoles, 27 de julio de 2016

El director de la agencia Efe aboga por un futuro donde el periodista siga decidiendo de qué informar


PEKÍN.- En un mundo cada día más tecnológico, donde ya hay robots e inteligencia artificial que deciden algunos de los contenidos que llegan al lector, es vital que los periodistas sigan siendo los que decidan de qué informar, destacó en Pekín el presidente de la Agencia Efe, José Antonio Vera.

En un foro de cooperación al que asisten directivos de medios de todo el mundo, Vera subrayó que "la captación de la noticia, su redacción, verificación y jerarquización sólo podrán seguir siendo hechas por periodistas, y seguirán siendo ellos los que decidan qué eventos deben ser cubiertos o no".
El presidente de Efe subrayó que el denominado "periodismo ciudadano", surgido con el auge de internet y las redes sociales, es insuficiente al lado de una labor reportera profesional.
"El denominado 'periodismo ciudadano' de las redes sociales es poco riguroso, y no se puede decir en sentido estricto que sea un 'nuevo periodismo' sino en todo caso un 'no periodismo'", aseguró Vera ante cientos de representantes de medios de comunicación.
"No puede ni debe considerarse periodista a quien no contrasta las noticias y las difunde urbi et orbe sabiendo que pueden ser falsas o, al menos, no verdaderas", subrayó.
Vera dibujó un panorama futuro de los medios en el que la inteligencia artificial puede aumentar los ingresos de publicidad de una empresa informativa, ya que al lector se le puede enviar junto a la noticia información sobre artículos de consumo que se sabe está buscando.
Un futuro en el que "los usuarios concretos e individuales se convierten en los protagonistas del producto informativo mediante un menú adaptado sólo para él y con posibilidad de intervenir en el relato informativo", lo que "permite explotar nuevas vías de negocio y crear unos vínculos más estrechos con las audiencias".
Al respecto, el presidente de la mayor agencia en español del mundo también reflexionó sobre el posible mal uso que estas posibilidades podría entrañar si se abusa de ellas.
"¿Hasta qué punto la inteligencia artificial no tomará sus propias decisiones y sugerirá a los usuarios cambios en su 'dieta informativa'? Diciéndonos cosas como: 'Está usted consumiendo demasiadas noticias políticas, le conviene introducir en su menú más noticias de deportes o cultura'", explicó.
Vera reconoció que la reflexión era "bastante provocativa y quizás exagerada", pero no desechable y digna de recordar a la hora de determinar que "no debemos ver a la tecnología como un enemigo, sino como un aliado, y extraer de ella todo lo que mejore nuestra vida y nuestro negocio".
El foro, organizado por el oficial Diario del Pueblo, se celebra en el Centro Nacional de Convenciones de la zona olímpica de Pekín, y busca promover la cooperación entre China y otros países, especialmente las naciones europeas y asiáticas, como parte de su gran proyecto de desarrollar nuevas "Rutas de la Seda".
En ese plan, para el que Pekín usa el eslogan "Una Franja, Una Ruta", Vera ofreció la experiencia de Efe "como agencia de noticias que trabaja desde hace 77 años en 200 ciudades de 120 países".
"Hemos comenzado una muy interesante cooperación con el Diario del Pueblo, que queremos incrementar, así como extenderla a otros medios en China o en Asia", afirmó el directivo.

lunes, 11 de julio de 2016

El Papa nombra a la española Paloma García Ovejero viceportavoz del Vaticano y nuevo portavoz a Greg Burke


CIUDAD DEL VATICANO.- El Papa ha nombrado a la periodista española, hasta ahora corresponsal de la COPE en Italia, Paloma García Ovejero, viceportavoz del Vaticano, mientras que el periodista norteamericano Greg Burke, miembro del Opus Dei, antiguo corresponsal de la revista ‘Time’ y del canal televisivo ‘Fox News’, ocupará el puesto de nuevo portavoz, en sustitución del padre Federico Lombardi.

De esta manera, Francisco ha renovado la Oficina de Prensa del Vaticano que, en los últimos 10 años, ha estado dirigida por Lombardi. Anteriormente fue el también español, Joaquín Navarro-Valls, quien se ocupó de la dirección de la Oficina de prensa del Vaticano durante 22 años.
García Ovejero será la primera mujer vicedirectora de la Oficina de Prensa de la Santa Sede. La periodista se incorporó a COPE en 1998. En estos casi 20 años ha desarrollado su labor en el programa ‘La Mañana’ y en diferentes áreas de los Servicios Informativos.
Fue en septiembre de 2012 cuando asumió la corresponsalía de COPE en Roma y el Vaticano. Paloma García Ovejero nació en Madrid el 12 de agosto de 1975 y es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense. En la Universidad de Nueva York cursó un Master en Management Strategy & Communication.

domingo, 10 de julio de 2016

El futuro del periodismo de investigación está en la colaboración entre medios, dice la coordinadora de los 'Papeles de Panamá'


STANDFORD.- La colaboración entre medios es la forma de hacer periodismo de investigación en el mundo moderno, dijo Marina Walker Guevara, quien coordinó a los 400 periodistas que destaparon los casos de corrupción ocultos en los llamados "papeles de Panamá".

Guevara es la subdirectora del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), una organización con sede en Washington integrada por 200 periodistas de 65 países a la que se dirigió en búsqueda de ayuda el diario alemán "Süddeutsche Zeitung" cuando recibió los documentos confidenciales bautizados como los Papeles de Panamá.
La filtración de documentos de la firma de abogados panameña Mossack Fonseca reveló el ocultamiento de propiedades de empresas inscritas en paraísos fiscales, activos, ganancias y evasión de impuestos por parte de jefes de Estado y de gobierno, políticos, empresarios, deportistas y artistas, entre otros.
"Dos periodistas del 'Süddeutsche Zeitung' recibieron los documentos y se comunicaron con el ICIJ para que los ayudáramos a armar el reporteo internacional. Se dieron cuenta de que los superaba. Lo mismo les hubiera pasado al 99 % de los periodistas que hubieran recibido una data de esta magnitud", recordó Guevara.
La directiva del ICIJ, que participó esta semana en un panel sobre periodismo de investigación en la Universidad de Stanford (California, EE. UU.), activó su red mundial de profesionales tras recibir los más de 11,5 millones de documentos el año pasado.
La periodista española Mar Cabra, que dirige el equipo de análisis de datos del ICIJ, fue la primera en ponerse manos a la obra.
"Sin Mar Cabra, que es la editora de data, nada de esto hubiera sido posible. A ella y su equipo le debemos que estos 11,5 millones de documentos pudiesen ser legibles y pudiesen compartirse. Fue una tarea titánica", afirmó Guevara, quien añadió que muchos documentos estaban en formato PDF y no se podía hacer búsquedas en ellos.
Cabra y su equipo, "los procesaron, los hicieron legibles" y los subieron después a una "plataforma segura", a la que pudieron acceder periodistas de distintos países y hacer búsquedas "como si fuese Google", recordó Guevara.
La ejecutiva coordinó a 376 periodistas de 109 medios de comunicación en 76 países a los que transmitió el mensaje de que "para hacer un gran ruido, primero hay que tener un gran silencio".
Y los periodistas en la red mantuvieron silencio hasta el 3 abril de este año, cuando se publicaron de forma simultánea los primeros resultados de la investigación sobre los Papeles de Panamá.
"Las repercusiones han sido globales, desde investigaciones criminales en Estados Unidos y otros países, hasta la dimisión de autoridades e iniciativas para que no se pueda esconder quién es el dueño de una empresa, que en última instancia es la base de los paraísos fiscales, dijo Guevara, quien celebró el que se estén dando pasos "hacia una mayor transparencia".
Dijo creer, por lo demás, que la investigación conjunta sobre los "papeles de Panamá" revela que la colaboración entre medios es "la forma de hacer periodismo de investigación en el mundo moderno".
"Fui la directora de orquesta y para mí fue clave que la colaboración funcionase y que funcionase bien, que la gente se llevase bien, que no hubiese conflictos", dijo Guevara.
Los casi 400 periodistas que formaron parte de la investigación se conectaban a una especie de sala de redacción digital en la que se discutían los pasos a seguir.
"Busqué que los periodistas se fuesen sintiendo que si alguna vez ellos son los depositarios de la próxima filtración van a venir al ICIJ o una red similar a compartirlo, porque se dieron cuenta de que es la manera en que mejor funciona", afirmó.
Más allá de llevarse bien, Guevara, dijo que su objetivo fue que la red trabajase de manera eficiente, crear resultados y unir a todo en pro del bien común.
Guevara y su equipo en el ICIJ exploran ahora formas de utilizar la energía en su red global para hacer otras investigaciones que no involucren solo filtraciones si no también datos públicos.
"Nos une la necesidad de contar historias mejor, historias que son globales, que son complejas, que requieren de esa mirada que es multipaís, que es multilingüística y que también necesita de diferentes habilidades", insistió.
Destacó, además, que la unión entre medios los fortalece, "porque los ricos y poderosos del mundo pueden fácilmente agarrarse con un medio o dos pero cuando son 109 medios de comunicación todos juntos trabajando el mismo tema es otra cosa",
"Puedes tapar un agujero pero tienes otros 100 agujeros y otros 100 periodistas que van a publicar la historia (...) y eso muestra el poder del trabajo en equipo y de la colaboración", concluyó la ejecutiva del ICIJ, de origen argentino.

sábado, 2 de julio de 2016

Muere Elena Sánchez, fundadora de Cuatro TV y directiva de 'Prisa'

MADRID.- La periodista Elena Sánchez Ramos, directiva de Prisa, ha fallecido este sábado como consecuencia de una enfermedad que le fue detectada hace pocos meses. Ramos formó parte del equipo fundacional que diseñó y lanzó el canal Cuatro, siendo directora de contenidos de la misma hasta diciembre de 2010. 

Su fallecimiento ha sido confirmado por sus compañeros de televisión Juanma Castaño, Jesús Gallego, Manu Carreño, Manolo Lama o Nico Abad, a través de las redes sociales.
Antes de incorporarse al Grupo Prisa en 2001, la periodista licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Madrid, fue también directora de Canal+, cargo en el que sustituyó a Manuel Villanueva durante más de cuatro años y fue además directora de los sevicios informativos de Telemadrid.
Sánchez, quien estuvo en el equipo fundacional de la cadena de televisión Cuatro, de la que llegó a ser directora de Contenidos, tenía el máster en Periodismo de El País.
Actualmente era directora de Prisa Vídeo. Desde 2011, tras la absorción de Cuatro por Mediaset, Elena Sánchez era directora de transformación y contenidos de Prisa.
De 2001 a 2005 fue directora de Canal+ y de toda la familia de canales, así como del pago por visión de Canal Satélite Digital y de Digital+. También fue la responsable de la creación de la familia de canales de Canal+, Canal+ cine y Canal+ Deportes.
Elena Sánchez también ejerció en su día como jefa de los informativos de Telemadrid y tuvo a su cargo la programación de este canal autonómico durante tres años, además de dirigir el espacio Madrid Directo en dicho medio.
Su trayectoria profesional ha estado vinculada durante 18 años a la televisión, desde donde contribuyó a modernizar los contenidos y a revitalizar el medio con formatos innovadores y enfocados a un público joven.
En 2011 se incorporó al equipo de PRISA Digital, desde donde impulsó de manera decidida la transformación global del modelo de los negocios de PRISA y la integración de sus unidades de negocio a través de la tecnología digital. Sánchez se ocupó muy especialmente de coordinar esta transformación entre los equipos digitales y los medios escritos, las cadenas de radio, las empresas audiovisuales y editoriales de PRISA tanto en España como internacionalmente.
La noticia del fallecimiento de Elena Sánchez ha conmocionado al sector. 

viernes, 1 de julio de 2016

¡Libertad para Julian Assange! / Ignacio Ramonet *

Se acaban de cumplir cuatro años desde que, el 19 de junio de 2012, el ciberactivista australiano Julian Assange, paladín de la lucha por una información libre, se viera obligado a refugiarse, en Londres, en las oficinas de la Embajada de Ecuador. Este pequeño país latinoamericano tuvo el coraje de brindarle asilo diplomático cuando el fundador de WikiLeaks se hallaba perseguido y acosado por el Gobierno de Estados Unidos y de varios de sus aliados (el Reino Unido, Suecia). La Justicia sueca exige que Assange acuda a Estocolmo a presentar directamente su testimonio sobre las acusaciones de agresión sexual hechas por dos mujeres a las que él habría mentido sobre el uso de un preservativo.

Julian Assange rechaza estas acusaciones y sostiene que las relaciones con estas dos demandantes fueron consentidas, y afirma ser víctima de un complot organizado por Washington. El fundador de WikiLeaks se niega a ir a Suecia, a menos que la Justicia de ese país le garantice que no será extraditado a Estados Unidos, donde podría ser detenido, conducido ante un tribunal y, quizás, según sus abogados, condenado a pena de muerte por “delito de espionaje”.

En varias ocasiones, Assange también ha propuesto responder por videoconferencia a las preguntas de los encargados suecos de la investigación. Pero éstos han rechazado esa posibilidad, argumentando que él huyó de Suecia aunque sabía que había una investigación abierta contra él. El Tribunal Supremo sueco rechazó de nuevo, el 11 de mayo de 2015, su demanda de que fuera anulada la orden de detención que pesaba sobre él.

En realidad, el único crimen de Julian Assange es haber fundado WikiLeaks. En todas partes ha habido acalorados debates sobre si WikiLeaks hizo prosperar o no la causa de la libertad de prensa, si resulta bueno o malo para la democracia, si se debe o no censurar esta plataforma. Lo que es seguro es que el papel de WikiLeaks en la difusión de medio millón de informes secretos relativos a los abusos cometidos por militares en Afganistán y en Irak, y de unos 250.000 comunicados enviados por las Embajadas de Estados Unidos al Departamento de Estado, constituye “un hito en la historia del periodismo” que ha marcado un antes y un después. WikiLeaks fue creada en 2006 por un grupo de internautas anónimos, con Julian Assange como portavoz, y asumió la misión de recibir y hacer públicas filtraciones de información (leaks) garantizando la protección de las fuentes (1).

Recordemos las tres razones que, según Julian Assange, motivaron su creación. “La primera, la muerte a escala mundial de la sociedad civil. Rápidos flujos financieros por transferencias electrónicas de fondos que se mueven más rápido que la sanción política o moral, destrozando la sociedad civil a lo ancho del mundo. […] En este sentido, la sociedad civil está muerta, ya no existe, y hay una amplia clase de gente que lo sabe y está aprovechando que saben que está muerta para acumular riqueza y poder. La segunda […] es que hay un enorme y creciente Estado de seguridad oculto que se está extendiendo por el mundo, principalmente basado en Estados Unidos […] La tercera es que los medios de comunicación internacionales son un desastre, […] el entorno de los medios internacionales es tan malo y tan distorsionador que nos iría mejor si no hubiera ningún medio, ninguno”.

Assange aporta una visión radicalmente crítica del periodismo. En una entrevista llega incluso a afirmar que “dado el estado de impotencia del periodismo, me parecería ofensivo que me llamaran periodista. […] El mayor abuso fue la guerra [de Irak y de Afganistán] contada por los periodistas. Periodistas que participan en la creación de guerras a través de su falta de cuestionamiento, su falta de integridad y su cobarde peloteo a las fuentes gubernamentales”.

La filosofía de WikiLeaks se basa en un principio fundamental: los secretos existen para ser desvelados. Toda información oculta nace con vocación de ser revelada y puesta a disposición de los ciudadanos. Las democracias no deben ocultar nada; los dirigentes políticos, tampoco. Si las acciones públicas de estos últimos no son incompatibles con sus actuaciones públicas o privadas, las democracias no deberían temer la difusión de “información filtrada”. En este caso –y solo en este caso–, ello significaría que son moralmente ejemplares y que el modelo político que encarnan –juzgado como “el menos imperfecto de todos”– podría de verdad extenderse, sin obstáculo ético alguno, al conjunto del planeta. ¿Por qué tendrían que callarse los periodistas en una democracia cuando un responsable político afirma una cosa en público y la contraria en privado?

WikiLeaks ofrece a los internautas la posibilidad de hacer públicos, a través de su plataforma, grabaciones, vídeos o textos confidenciales sin indagar en cómo han sido obtenidos pero cuya autenticidad verifica. WikiLeaks vive de las donaciones de los internautas y de fundaciones y no acepta ayudas públicas ni publicidad. Un buen número de instancias públicas ha reconocido la utilidad de su trabajo. En 2008 recibió el Index on Censorship Award que otorga el semanal británico The Economist, y en 2009, Amnistía Internacional le concedió el premio al mejor “medio de comunicación nuevo” por haber sacado a la luz, en noviembre de 2008, un documento censurado relativo a un caso de malversación de fondos efectuado por el entorno del antiguo presidente de Kenia, Daniel Arap Moi.

Desde su creación, WikiLeaks ha sido un festín permanente de secretos, una auténtica fábrica de primicias. Ha difundido bastantes más revelaciones que muchos prestigiosos medios de comunicación en décadas… Entre los mayores escándalos que sacó a la luz destacan: los documentos que denunciaban las técnicas utilizadas por el banco privado suizo Julius Baer Group para facilitar la evasión fiscal; el manual de procedimiento penal del Ejército norteamericano en la base de Guantánamo; la lista de nombres, direcciones, números de teléfono y profesiones de los miembros del Partido Nacional Británico (BNP, de extrema derecha) en la que figuraban policías; la lista pormenorizada de correos electrónicos intercambiados con el exterior por las víctimas de los atentados del World Trade Center, el 11 de septiembre de 2001; los documentos que probaban el carácter fraudulento de la quiebra del banco islandés The New Kaupthing; los protocolos secretos de la Iglesia de la Cienciología; el historial de los correos personales enviados durante la campaña electoral por Sarah Palin, candidata republicana a la vicepresidencia de Estados Unidos, a John McCain desde su ordenador profesional (lo que la legislación estadounidense prohíbe); los expedientes del juicio del asesino Marc Dutroux, incluido el listado con los números de teléfono, cuentas bancarias y direcciones de todas las personas investigadas en este célebre caso de pedofilia; sin olvidar los recientes “Papeles de Panamá”, difundidos el pasado mes de abril.

Por todo eso, al igual que Edward Snowden y Chelsea Manning, Julian Assange forma parte de un nuevo grupo de disidentes políticos que luchan por un modo distinto de emancipación y son actualmente rastreados, perseguidos y hostigados no por regímenes autoritarios, sino por Estados que pretenden ser “democracias ejemplares”...

El pasado mes de febrero, el Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria de la Organización de Naciones Unidas (ONU), que depende del Comité de Derechos Humanos de la ONU, determinó que Julian Assange se encuentra “detenido arbitrariamente” tanto por el Reino Unido como por Suecia. Los expertos independientes internacionales también señalaron que tanto las autoridades suecas como las británicas deberían “poner fin a su detención” y “respetar su derecho a recibir una justa compensación”. Según ese jurado internacional, Julian Assange ha sido sometido a diferentes formas de privación de libertad: “detención inicial en la prisión de Wandsworth en Londres” en régimen de aislamiento, “seguida del arresto domiciliario y, después, del confinamiento en la Embajada de Ecuador”.

Aunque el pronunciamiento del Grupo de Expertos Internacionales de la ONU no es vinculante, supone una gran victoria moral en el campo de las relaciones públicas para Julian Assange al darle la razón en su larga lucha contra las arbitrariedades de las autoridades suecas y británicas.

A este respecto, el presidente ecuatoriano Rafael Correa informó que su Gobierno brinda asilo y protección al fundador de WikiLeaks porque “Assange carece de garantías de respeto a sus derechos humanos y a sus derechos en materia de Justicia”. Por su parte, el canciller ecuatoriano, Guillaume Long, declaró que Ecuador “mantiene preocupaciones legítimas sobre los derechos humanos de Assange” y que Quito considera que hay, contra Assange, algún tipo de “persecución política”, motivos por los cuales Ecuador le sigue otorgando asilo.

Para reclamar la libertad de Julian Assange, sus amigos de todo el mundo organizaron, entre el 19 y el 24 del pasado mes de junio, en varias capitales del planeta (2) (Atenas, Belgrado, Berlín, Bruselas, Buenos Aires, Madrid, Milán, Montevideo, Nápoles, Nueva York, Quito, París, Sarajevo), una serie de actos y conferencias con la participación de importantes personalidades y grandes intelectuales (Noam Chomsky, Edgar Morin, Slavoj Zizek, Arundhati Roy, Ken Loach, Yanis Varoufakis, Baltasar Garzón, Amy Goodman, Ignacio Escolar, Emir Sader, Eva Golinger, Evgeny Morozov).

En Quito (Ecuador), el simposio fue organizado por el Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (CIESPAL) y contó con una intervención del propio Julian Assange a través de videoconferencia. Durante cinco días se debatieron temas como: El caso Assange a la luz del Derecho Internacional y los Derechos Humanos, Geopolítica y Luchas desde el Sur, Tecnopolítica y Ciberguerra y De los Pentagon Papers a los Panama Papers.

El académico español Francisco Sierra, director de CIESPAL, declaró: “Creemos que, en realidad, el problema de Julian Assange es ese: el de la libertad de información. Cuando no hay libertad de información, de movimiento ni de reunión, no hay derechos humanos. Y por tanto, el primer derecho, es el derecho a la comunicación, y hay que poner en evidencia que el caso Assange es un problema grave de derecho a la comunicación” (3).

Todos estos acontecimientos solidarios a lo largo y ancho de la geografía mundial se fijaron dos objetivos. En primer lugar: reivindicar los derechos que le han sido negados a Julian Assange, como la presunción de inocencia o la libertad de movimiento. Y en segundo lugar: recordar lo que representa WikiLeaks, es decir, el reto tan actual sobre la libertad de información y de comunicación en un mundo permanentemente vigilado. 


(*) Periodista y profesor de la Universidad de París

(1) Véase Ignacio Ramonet, La Explosión del periodismo, Clave Intelectual, Madrid, 2011.

(2) www.freeassangenow.org

(3) http://www.andes.info.ec/es/noticias/cuatro-anos-libertad-negada-julian-assange-seran-tratados-evento-academico-ciespal.html