domingo, 18 de septiembre de 2016

Trump amenaza con llevar a los tribunales a ‘The New York Times’

NUEVA YORK.- El candidato republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, ha amenazado con llevar a los tribunales al prestigioso diario “The New York Times” por un comportamiento “asqueroso” del que no ofreció detalles y que se convierte en el último incidente del magnate con la prensa. 

 “Mis abogados quieren demandar a ‘The New York Times’ por sus intenciones irresponsables. Les dije que no, por ahora, pero lo están evaluando. Realmente repugnante”, anunció Trump anoche en su cuenta de la red social Twitter.
El magnate no explicó claramente el motivo de su posible denuncia, aunque ha acusado en numerosas ocasiones a “The New York Times” de favorecer a su rival, la demócrata Hillary Clinton.
Además, durante el sábado, Trump cargó varias veces en Twitter contra Maureen Dowd, una columnista del rotativo neoyorquino que ha criticado al magnate y acaba de lanzar un libro sobre las elecciones presidenciales titulado “The Year of Voting Dangerously” (El año de votar peligrosamente).
“Le he dicho a (Trump) que estaba mal que hubiera violencia en sus mítines y que los reporteros estaban siendo maltratados”, aseguró Dowd el sábado durante una entrevista en CNN.
A los comentarios de la columnista, siguieron varios descalificativos del magnate en Twitter. “La loca Maureen Dowd, que casi no me conoce, se inventa cosas que no he dicho para sus aburridas entrevistas y para su columna. ¡Una neurótica!”, clamó Trump en Twitter. Sus criticas contra “The New York Times” y una de sus columnistas son solo sus últimos conflictos con la prensa.
La campaña de Trump creó una “lista negra” de medios de comunicación a los que no dejó acceder durante meses a sus actos de campaña o a los que se les obstaculizó en lo posible su cobertura.
En esa “lista negra”, eliminada en septiembre, aparecían el diario “The Washington Post”, el canal hispano Univisión, la publicación “Político” y los medios digitales Buzzfeed y Huffington Post, entre otros.
No obstante, en el área de los tribunales, este mismo mes, la esposa del candidato, Melania Trump, interpuso en una corte de Maryland (EEUU) una demanda contra el diario británico “The Daily Mail” y contra un blog estadounidense llamado “Tapley” por publicar información “falsa” y “difamatoria” vinculándola con un servicio de damas de compañía.

viernes, 16 de septiembre de 2016

¿Cómo evitar el engaño? / Guillermo Herrera *

No existe un método infalible para evitar el engaño, pero hay técnicas de investigación para reducir este riesgo en la medida de cada inteligencia, porque hay que ser astutos como serpientes e inocentes como palomas.
A mi me han engañado muchas veces, y por eso he aprendido de mis propios errores, porque no hay mejor maestro que un error descubierto.

Por eso mi religión es mi propia profesión, es decir, el Periodismo de investigación aplicado al descubrimiento de enigmas y misterios, para aclarar el entendimiento de mis semejantes. Pero sólo ahora puedo escribir con libertad, porque estoy jubilado, y me da igual que piensen que estoy loco.

Precisamente hace años que la Facultad de Periodismo de la Complutense celebró un Seminario sobre Periodismo Esotérico, al que acudió el periodista Juan José Benítez, y se le dio carta de naturaleza a esta interesante rama del periodismo, tan respetable como cualquier otra.

A mi juicio, estos son los pasos que debe seguir toda investigación:

- Diversificar las fuentes de información.
- Estudiar la fiabilidad de cada fuente.
- Contrastar las diversas informaciones para detectar contradicciones y coincidencias.
- Procesar toda la información para obtener las conclusiones.

Pero el trabajo no termina aquí porque hay que actualizarse constantemente, es decir, buscar nueva información para contrastarla con las conclusiones que tenemos, a ver si hay que modificar algo, porque las conclusiones son siempre provisionales.

Toda investigación debe partir de dos premisas básicas:

- La primera es que, aunque creamos que sabemos mucho, NO SABEMOS CASI NADA, porque el universo es tan complejo e infinito que el conocimiento humano sólo abarca una parte muy pequeña de la realidad, porque el mundo está lleno de enigmas y misterios sin resolver.

- La segunda premisa es que, aunque nos creamos libres por vivir en democracia, la especie humana lleva miles de años esclavizada por sistemas de control mental y físico, y que vivimos en un planeta prisión. Sólo ahora estamos comenzando a despertar un poco, pero queda mucho camino por andar todavía.

Todas las instituciones que existen están destinadas a controlar la población y a mermar nuestra soberanía personal. Ésta es la triste realidad, porque a nadie le interesa tener personas libres, independientes y autosuficientes.

En las sectas te dicen que tienes mucho ego para intentar reducir tu autoestima y volverte más controlable, pero nunca te hablan del super-ego del ‘maestro’. Te piden castidad, pero no hablan del harén del ‘guru’. Todos los maltratos, humillaciones y servilismos están destinados a lo mismo: aborregarnos y manipularnos. Curiosamente, las marionetas de arriba están más atrapadas que las de abajo, porque tienen trato directo con sus amos oscuros.

Precisamente la filosofía política que más ha defendido la soberanía personal del ser humano es el anarquismo, pero está muy desprestigiado a causa de la violencia histórica del mismo y de que algunas comunidades anarquistas acabaron siendo más dictatoriales que el sistema, porque el problema está en algunos virus informáticos del cerebro humano.

Por lo tanto no existen soluciones mágicas para salir del laberinto sino el ejercicio permanente del discernimiento, para separar el trigo de la paja, y no caer en las muchas trampas que existen en el camino hacia la soberanía personal y espiritual.


(*) Periodista

Suecia mantiene la orden de arresto contra Julian Assange

ESTOCOLMO.- El Tribunal de Apelación de Svea mantuvo hoy la orden de arresto dictada en 2010 contra el fundador del portal WikiLeaks, Julian Assange, por un supuesto delito de violación en grado menor, que motivó la apertura de una investigación preliminar en este país.

El fallo reafirma la decisión adoptada hace cuatro meses por un tribunal de primera instancia, que consideró que Assange -refugiado en la Embajada de Ecuador en Londres desde 2012 para evitar su extradición a Suecia- sigue siendo sospechoso y que existe riesgo de que quiera evitar un juicio o una hipotética pena.
La defensa de Assange, que ya había pedido hace dos años sin éxito que fuera anulada la orden, presentó una nueva solicitud ante los tribunales suecos en febrero, poco después de que un panel de la ONU concluyera en un informe que su detención era arbitraria e instara a Reino Unido y Suecia a acabar con ella.
"En opinión del tribunal, no hay impedimento para que Assange pueda interrumpir su estancia en la Embajada de Ecuador. Su estancia no es una privación de libertad y no debe tener importancia en la cuestión de la proporcionalidad", consta en el fallo.
La corte de Svea reconoce que tanto el tiempo transcurrido desde la emisión de la orden como la "anterior" pasividad de los fiscales son argumentos para eliminarla, aunque el delito "relativamente serio" del que es sospechoso y el "gran interés público" en la investigación apuntan en la dirección contraria.
El dictamen, que puede ser recurrido al Tribunal Supremo, señala además que se han tomado "medidas activas" para poder realizar el interrogatorio a Assange, en alusión al acuerdo entre Ecuador y Suecia para que sea interrogado por un fiscal ecuatoriano el próximo 17 de octubre en Londres.
"En el momento presente el mantenimiento de la orden de detención parece tanto efectivo como necesario para poder hacer avanzar la investigación. Las razones del arresto pesan por tanto más que la intromisión u otros perjuicios que la medida supongan para Julian Assange", apuntó el fallo.
El tribunal de Svea rechazó además la petición de los abogados del periodista australiano de realizar una nueva vista sobre el caso, ya que no considera "ni necesario ni apropiado" apartarse de la regla general de limitarse a un procedimiento escrito.
Assange cumplió el pasado 19 de junio cuatro años refugiado en la embajada ecuatoriana al término de un largo proceso legal en el Reino Unido, que falló a favor de su entrega a Suecia.
La intención del periodista, de 44 años, es evitar la extradición al país escandinavo, porque teme ser enviado después a Estados Unidos, donde podría afrontar un juicio militar por los secretos sobre la seguridad estadounidense revelados por WikiLeaks.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Bruselas equipara a los editores de prensa con otras industrias culturales

BRUSELAS.- La Comisión Europea ha propuesto conceder a los medios de comunicación un derecho legal que les permita reclamar a plataformas y páginas 'online' compensaciones por compartir fragmentos de los contenidos informativos en sus espacios web.

El Ejecutivo comunitario ha presentado sus propuestas para modernizar la normativa comunitaria sobre propiedad intelectual y 'copyright', entre las que se incluye otorgar a las empresas editoras de noticias los llamados "derechos conexos", es decir, aquellos cuyo objetivo es "proteger los intereses legales de personas físicas o jurídicas que contribuyen a hacer un contenido accesible al público", según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI).
De esta forma, los editores de noticias tendrán la opción de reclamar una compensación a agregadores de noticias, plataformas de contenidos o redes sociales por compartir extractos de sus contenidos. No obstante, a diferencia del modelo español implantado con la Ley de Propiedad Intelectual, se trata únicamente de un derecho del que podrán hacer uso en sus negociaciones con estas plataformas online y no de una obligación, lo que significa que también podrán renunciar a ese derecho.
Otra diferencia con el modelo español es que se circunscribe exclusivamente a los agregadores de noticias, mientras que Bruselas habla de agregadores, plataforma de contenidos o redes sociales que compartan extractos de contenidos de los editores de noticias. "Sobre todo, la Comisión espera que los nuevos derechos den a la industria de prensa una posición de negociación más fuerte para proteger sus inversiones, explorar nuevos modelos de negocio y eventualmente completar su transición al entorno digital", ha destacado el Ejecutivo comunitario.
Bruselas apunta que el cambio a la era digital ha permitido a periódicos, revistas y otras publicaciones incrementar su audiencias a través de los servicios online, agregadores de noticias y redes sociales. Sin embargo, reconoce que se enfrentan a problemas al intentar proteger sus contenidos y al intentar explotar sus derechos de licencia.

Aumentar su poder de negociación
Así, la directiva propuesta este miércoles por la Comisión Europea tiene el objetivo de simplificar el escenario actual mediante la concesión de estos derechos a los medios de comunicación, de forma que se puedan apoyar sobre ellos a la hora de negociar acuerdos de licencias con proveedores de servicios online.
El presidente del Ejecutivo comunitario, Jean-Claude Juncker, ha señalado en su discurso sobre el estado de la UE ante el Parlamento Europeo que su intención es que "periodistas, editores, autores y otros sean remunerados de manera justa por su trabajo, sin importar si lo hacen desde un estudio o desde su salón, lo difundan o no online, lo publiquen con la ayuda de una fotocopiadora o a través de un hipervínculo".
Según el informe de análisis de impacto utilizado por la Comisión Europea para elaborar sus propuestas, entre 2010 y 2014 los ingresos de las empresas editoras de noticias se redujeron en 13.450 millones de euros. Además, el estudio señala que, a pesar de que se espera que crezca el número de personas dispuestas a pagar por el consumo de noticias en países como Reino Unido, España o Italia, estos ingresos no compensarán los que se pierdan por la caída en las ventas de periódicos.

Contenidos de televisión
Junto con la concesión de los "derechos conexos" a las empresas editoras de noticias, la Comisión Europea ha anunciado hoy otras propuestas en relación a las normas de copyright en la UE. En primer lugar, Bruselas ha propuesto simplificar el proceso para que las cadenas de televisión obtengan las autorizaciones pertinentes para poder transmitir sus programas online en otros Estados miembros. Estas reglas facilitarían la manera en que los operadores que ofrecen paquetes de canales, obtienen sus permisos transfronterizos, al eliminar la necesidad de tener que negociar individualmente cada derecho para ofrecer sus contenidos en otro país de la UE.
Por otro lado, Bruselas ha propuesto una excepción en la normativa actual que permita a los centros educativos utilizar de herramientas digitales y cursos online de forma transfronteriza. Según el Ejecutivo comunitario, uno de cada cuatro educadores se encuentra con dificultades relacionadas con derechos de propiedad intelectual en su actividad docente todas las semanas.
Por último, el Ejecutivo comunitario ha anunciado su propuesta para adoptar el Tratado de Marrakesh para facilitar el acceso a publicaciones a personas con discapacidades visuales. Estas medidas, ha destacado Bruselas, son importantes para garantizar que el 'copyright' no supone una barrera para la participación en sociedad de todos los ciudadanos europeos.

La Comisión Europea propone una nueva reforma digital y de los derechos de autor

La Comisión Europea (CE) propuso una actualización de las normas de telecomunicaciones y derechos de autor que pone en el punto de mira a plataformas como YouTube o Google News en la lucha contra la piratería, y busca el desarrollo de redes 5G, la conexión a banda ancha para todos y el wifi público.

"Proponemos evitar la piratería y que las plataformas de internet concedan remuneración justa a las editoriales y los creadores. Esto, naturalmente, va a lanzar un amplio debate en la opinión pública y en la Eurocámara y el Consejo", reconoció el comisario europeo de Economía y Sociedad digitales, Günther Oetteinger, en una rueda de prensa para explicar las propuestas.
Impulsar a nivel europeo una directiva sobre derechos de autor que modernice la actual de 2001 es uno de los objetivos de la CE para acercarse un poco más a un verdadero mercado único digital.
A los editores de prensa les concede un "nuevo derecho" para que sean "por vez primera reconocidos jurídicamente como titulares de derechos", y tengan "mejor posición para negociar el uso de sus contenidos con servicios en línea que los utilizan u ofrecen acceso a ellos".
Oettinger aseguró haber analizado leyes como la española, que obliga a que los editores reciban una compensación por parte de agregadores y buscadores de internet cuando estos publiquen fragmentos de artículos en los resultados de búsqueda, o la alemana, que les aboca a negociar licencias.
En opinión del comisario, un agregador como Google News, que cerró su negocio en España tras negarse a pagar a los medios al considerar que simplemente ofrecía un enlace a sus páginas, "no está dispuesto a renunciar" al mercado a nivel europeo.
Google señaló en su blog corporativo que "pagar por mostrar fragmentos no es una opción viable para nadie", mientras que las asociaciones de editores de prensa europeos celebraron la medida.
Para la asociación OpenMedia, que defiende un acceso asequible a internet, la propuesta sienta los "planes para una nueva tasa por los hipervínculos" que permitirá a los editores cobrar por fragmentos mostrados en los enlaces.
La propuesta también obligará a plataformas como YouTube, Dailymotion o Soundcloud a "utilizar medios eficaces" como tecnologías para detectar automáticamente contenidos subidos por usuarios con material protegido, y a "tomar medidas apropiadas y proporcionadas" para garantizar la protección de derechos de autor.
Según la directiva de 2001, estos proveedores no tenían la "obligación general de controlar la información que transmiten o almacenan, o de buscar activamente hechos o circunstancias que indican actividad ilegal".
Google señaló que su sistema de "content ID" ya bloquea o monetiza contenido protegido por derechos de autor.
El proyecto de directiva también obliga a los editores y productores a "ser transparentes e informar" a los intérpretes de los beneficios que han obtenido por la difusión de sus obras en plataformas como Netflix o Spotify, y crea un mecanismo para ayudar a los autores a negociar una remuneración equitativa cuando ésta sea desproporcionadamente más baja frente a los beneficios digitales.
La coalición Fair Internet, que representa a medio millón de intérpretes, lamentó que la propuesta no cumple sus expectativas de garantizar el derechos a una "remuneración equitativa".
El vicepresidente de la CE para el Mercado Único Digital, Andrus Ansip, recalcó que serán necesarios 500.000 millones de euros en inversiones para lograr objetivos como que en 2025 todos los hogares cuenten con banda ancha de al menos 100 Mbps o, las zonas urbanas y principales carreteras y ferrocarriles, con cobertura 5G.
Organizaciones como FTTH Council Europe o ETNO, que representa a los grandes operadores, celebraron la "certidumbre legal" que ofrece la propuesta y pidieron no aguar en su tramitación los incentivos a los principales inversores para impulsar la banda ancha.
La asociación de consumidores europeos, BEUC, mostró en cambio preocupación por que las nuevas reglas lleven a menos competencia entre proveedores de telecomunicaciones.
Sí que aplaudió la propuesta de que aplicaciones que ofrecen servicios de telefonía como WhatsApp o Viber tengan que acogerse a ciertas normas que se aplican a operadores tradicionales, como ofrecer a los clientes información contractual o la posibilidad de cambiar de proveedor.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Acusada de vandalismo por la Fiscalía la reportera húngara que agredió a refugiados

BUDAPEST.- La reportera húngara que se hizo famosa hace un año por patear y poner zancadillas a varios refugiados, entre ellos niños, en la frontera con Serbia, ha sido acusada de vandalismo por la Fiscalía, un delito penado con hasta cinco años de prisión.

"El comportamiento violento de la acusada, que no causó heridas, provocó consternación en las personas que estaban presentes", asegura la Fiscalía de la provincia de Csongrád, al relatar que la reportera pateó y puso zancadillas a varios de los refugiados que huían de la policía al entrar en Hungría desde Serbia.
Aún así, en la acusación se indica que no es demostrable que "el origen de las víctimas o el hecho de que se tratara de inmigrantes" fuera lo que motivara la actitud agresiva de la periodista.
Petra László, que trabajaba para la televisión N1, cercana al partido de extrema derecha Jobbik, fue despedida y después pidió perdón por sus actos.
Un mes después de su agresión, la reportera declaró al diario ruso Izvestia que no podía encontrar un nuevo trabajo y que incluso estaba pensando en emigrar a Rusia, algo que no ha hecho.
El caso sucedió antes de que Hungría sellase su frontera con Serbia y cuando todavía entraban al país miles de refugiados a diario.
Los refugiados sirios zancadilleados, Osama Abdul Mohsen y su hijo Zaid, se instalaron en España para acomodarse en la ciudad madrileña de Getafe, donde el padre fue contratado por la Escuela nacional de entrenadores de fútbol.

domingo, 4 de septiembre de 2016

La izquierda y la libertad de expresión / Ramón Cotarelo *

La cadena SER ha despedido al periodista Fernando Berlín. Él mismo resume su opinión en Twitter del modo siguiente: "Tras 18 años, La Ser me ha despedido. Profunda tristeza. Sabíamos que no iban a ser tiempos fáciles. El lunes os cuento en La Cafetera". Algunos de sus amigos y compañeros en otros medios, en concreto el suyo, Público, han hablado de ataque a la libertad de expresión. El mismo diario Público, un órgano de prensa de Podemos, hace referencia a que, unos meses atrás, la SER también despidió a Ignacio Escolar, director del digital Diario.es, igualmente portavoz de Podemos, y señala que Berlín venía siendo muy crítico con el PP y mostraba cierta proximidad a Podemos. No hay duda, ¿no? La izquierda, víctima de ataques a la libertad de expresión.

Piano. La SER, el grupo Prisa en general, es una empresa privada y, dentro de la legalidad (supongo) contrata y despide a sus colaboradores como le da la gana, siguiendo criterios que, también supongo, serán de rentabilidad económica. Pero si son de puro enchufe como, de hecho, son en la mayoría de estas empresas en todos los sectores productivos, nadie tiene mucho que decir. Los empresarios contratan y despiden a la gente jugándose el dinero de su bolsillo, no el público y, por lo tanto, no tienen que atenerse a los criterios de mérito y capacidad como debe (o debiera) hacer la Administración Pública. Todo eso, claro es, tiene poco que ver con la libertad de expresión en ningún sentido. El hecho de que sea un despido tras 18 años será más o menos significativo para Berlín pero es irrelevante. En este país se resuelven contratos laborales tras 18 días.

Palinuro ha sido expulsado de bastantes medios de comunicación, incluido el grupo Prisa. Siempre entendió que su cese se debía a sus opiniones políticas. Así como sus opiniones políticas son responsables de que no esté en ningún medio escrito o audiovisual español; sí lo está en otros catalanes. Pero nunca se le ha ocurrido convertir sus relaciones laborales con empresas privadas en un episodio de la lucha por la libertad de expresión. Entiende que sus opiniones no encajan con la doctrina de ningún grupo español de comunicación, razón por la cual tiene su propia plataforma de expresión en este blog y en las redes y, por cierto, con bastante audiencia. Lo mismo que sucede con Fernando Berlín, que tiene su plataforma en Radio Cable, aunque con la diferencia en relación a Palinuro, de que la suya está incrustada en el diario Público mientras que Palinuro va por libre igualmente en esto y no tiene condicionantes.

Público también es una empresa privada y un medio de comunicación. Y hace exactamente lo mismo que la SER con los colaboradores que no le son gratos: los despide, como procedió hace unos años con el novelista Rafael Reig. A otros que tampoco son de su gusto, cuerda o preferencias personales de sus jefes, no les da entrada. Como la SER, como todos. Y no se ve por qué lo que hacen unos no puedan hacerlo otros. Los colaboradores de los medios lo son porque se identifican con su línea ideológica y sus intereses. Forman grupos, tendencias, cuadrillas; se apoyan unos a otros, hablan bien otros de unos, son benévolos con sus respectivas producciones y es muy raro que alguno cambie de bando. Los grupos de amistad y favores tienen comportamientos que los economistas llaman "inelásticos".

Todo eso forma parte de la teoría y la práctica del libre mercado, pero insisto en que tiene poco que ver con la libertad de expresión. El mundo no va a ser mejor ni peor porque el señor Berlín se asome a él o no desde la SER o siga haciéndolo desde Público, en donde coincidirá con otros de su línea y convicción y se verá libre de los que tengan otras, bien porque sus jefes los hayan despedido o ya de entrada, no los hayan admitido. Público es un órgano de prensa de Podemos lo cual no solo compromete la libertad de expresión, cosa que es irrelevante, sino también la de información, cosa que no lo es.  
 
En efecto, el mensaje monocorde de esta organización es que está censurada y silenciada por los medios de comunicación siendo así que dispone de dos cadenas de televisión a su servicio y tiene una presencia mediática tan abrumadora que está a punto de perder las elecciones por ella. Y Público, con Fernando Berlín dentro, sirve para mantener esta superchería.

Móntese el señor Berlín su propia plataforma, ajustada a su exclusiva convicción personal y si ahí sufre exclusión o represión, sí será de verdad un ataque a la libertad de expresión. Mientras no sea el caso no pasará de ser un reacomodo de cuadrillas con o sin ajustes privados de cuentas. 
 
 
(*) Catedrático emérito de Ciencia Política en la UNED española

jueves, 25 de agosto de 2016

La verdad digital / Luis María Anson *

Katharine Viner, desde su experiencia al frente del diario británico The Guardian, ha escrito un ácido artículo sobre algunos aspectos del periodismo digital. La revista Ahora, que dirige con pulso firme Miguel Ángel Aguilar, lo ha publicado con rigurosa traducción de Luisa Bonilla. Hacía mucho tiempo que no leía yo un artículo tan certero, tan profundo, tan comprometido.

«Ahora -escribe la gran periodista- estamos atrapados en una serie de confusas batallas entre fuerzas opuestas: entre la verdad y la falsedad; entre el hecho y el rumor; la amabilidad y la crueldad; entre los pocos y los muchos: entre los conectados y los alineados; entre la plataforma abierta de la web como sus arquitectos la concibieron y los jardines cerrados de Facebook y otras redes sociales; entre el público informado y la muchedumbre equivocada».

Katharine Viner coincide, seguramente sin saberlo, con la Caritas in veritate de Benedicto XVI al denunciar la amenaza del relativismo. Para ella lo que se acepta como un hecho es solamente un punto de vista que circula con una velocidad y una intensidad inimaginables en la era Gutenberg. La verdad se deteriora y relativiza. Cuando se desencadena la «cascada de la información», la gente, como ha escrito Danielle Citron, reenvía lo que los otros piensan aunque la afirmación sea falsa, incorrecta o incompleta. 

En la era digital es más fácil que nunca publicar una información falsa que se comparte y es tomada como verdad rápidamente. Resulta necesario reaccionar y que los responsables de las redes sociales se aseguren de que «sus algoritmos prioricen visiones compensatorias y noticias que sean importantes».

Emily Bell ha afirmado que «los medios sociales no solo se han tragado el periodismo, se lo han tragado todo. Se han tragado las campañas políticas, los sistemas bancarios, las historias personales, la industria del ocio, el pequeño comercio, incluso el gobierno y la seguridad». La diversidad que la world wide web había previsto inicialmente ha sido sustituida por «la centralización de la información en el interior de unas pocas redes sociales selectas». La manifestación más extrema de este fenómeno ha sido la creación, según Viner, de laboratorios de noticias falsas, sin otra medida de valor que la viralidad en lugar de la verdad o la calidad. 

«Lo único que importa es si la gente clica. En lugar de fortalecer la idea de que la información es una necesidad democrática, crecen los grupitos que difunden falsedades instantáneas». En el flujo de noticias en el teléfono móvil, afirma sagazmente Viner, todas las noticias parecen lo mismo, procedan de una fuente fiable o no. Por eso hay que centrarse en «cómo rescatar la financiación del periodismo que es lo que está amenazado». 

La digitalización globalizada es imparable. Tras la Edad Antigua, la Media, la Moderna y la Contemporánea, vivimos ya en la Edad Digital. Katharine Viner denuncia, sin ofrecer solución, los males acarreados por la digitalización que son grandes, pero muchos menos que los beneficios producidos por las nuevas tecnologías. Hay fórmulas para enfrentarse a los problemas. Es la hora del derecho internacional. Se trata de aunar los esfuerzos de los diversos Estados para establecer una legislación global que impida los abusos y los desmanes del mundo digital, robusteciendo sus altos, sus inconmensurables beneficios.


(*) Periodista y miembro de la Real Academia Española de la Lengua


Cómo la tecnología altera la verdad / Katharine Viner *

Un lunes por la mañana del pasado septiembre Gran Bretaña se despertó con una noticia depravada. El primer ministro, David Cameron, había cometido un “acto obsceno con la cabeza de un cerdo muerto”, según el Daily Mail. “Un distinguido condiscípulo de Oxford afirma que Cameron participó en una atroz ceremonia de iniciación con un cerdo muerto en un evento en Piers Gaveston”, decía el periódico.  

Piers Gaveston es el nombre de un licencioso club gastronómico de la Universidad de Oxford. Los autores de la noticia afirmaban que su fuente era un parlamentario que decía que había visto pruebas fotográficas: “Su extraordinaria insinuación es que el futuro primer ministro introdujo una parte íntima de su anatomía en el animal”.

La noticia, tomada de una nueva biografía de Cameron, despertó un inmediato furor. Era vulgar, era una gran oportunidad para humillar a un primer ministro elitista, y muchos percibieron que sonaba verosímil para un exmiembro del célebre Bullingdon Club. Al cabo de unos minutos, #Piggate y #Hameron eran tendencia en Twitter e incluso relevantes políticos se sumaron a la fiesta: Nicola Sturgeon dijo que las acusaciones habían “entretenido al país entero”, mientras que Paddy Ashdown bromeó con que Cameron estaba “acaparando los titulares”1

Al principio, la BBC se negó a mencionar las acusaciones y 10 Downing Street, la residencia oficial del primer ministro, dijo que no “dignificaría” la noticia con una respuesta, pero no tardó en verse obligada a emitir una nota negando su veracidad. Y así fue como un hombre poderoso fue avergonzado sexualmente de una manera que no tenía nada que ver con sus políticas divisivas, de un modo al que no podía en realidad responder. Pero ¿qué más daba? Tendría que asumirlo.

Después, tras un día entero de cachondeo en internet, sucedió algo sorprendente. Isabel Oakeshott, la periodista del Daily Mail que había coescrito la biografía con Lord Ashcroft, un millonario hombre de negocios, fue a la tele y admitió que no sabía si su noticia bomba era verdad. Cuando la presionaron para que mostrara pruebas de su sensacionalista afirmación, Oakeshott reconoció que no tenía ninguna.

“No pudimos llegar al fondo de las afirmaciones de esa fuente”, dijo en Channel 4 News. “Así que informamos de lo que esa fuente nos dio […]. No decimos si creemos o no que sea verdad.” En otras palabras, no había pruebas de que el primer ministro británico hubiera “insertado una parte íntima de su anatomía” en la boca de un cerdo muerto, una noticia recogida en docenas de periódicos y repetida en millones de tuits y actualizaciones de Facebook, que mucha gente probablemente considera aún hoy verdaderos.

Oakeshott fue más allá para deshacerse de toda responsabilidad periodística: “Depende de otra gente decidir si le dan credibilidad o no”, dijo. Por supuesto, no era la primera ocasión en que se publicaban afirmaciones estrafalarias con pruebas endebles, pero esa era una defensa singularmente desvergonzada. Parecía que los periodistas ya no tenían la obligación de creer que sus noticias eran ciertas ni, al parecer, tenían que aportar pruebas. Es cosa del lector —que ni siquiera conoce la identidad de la fuente— decidirse. Pero ¿basándose en qué? ¿El instinto, la intuición, el estado de ánimo?

¿Sigue importando la verdad?

Nueve meses después de que Gran Bretaña se despertara riéndose de las hipotéticas intimidades porcinas de Cameron, el país amaneció la mañana del 24 de junio con la muy real visión del primer ministro en frente del 10 Downing Street a las 8 de la mañana presentando su dimisión.

“El pueblo británico ha votado abandonar la Unión Europea y su voluntad debe ser respetada —declaró—.  No ha sido una decisión tomada a la ligera, en primer lugar porque muchas organizaciones diferentes han dicho muchas cosas sobre el significado de esta decisión. De modo que no puede haber ninguna duda sobre el resultado.”

Pero lo que pronto quedó claro fue que casi todo seguía en duda. Al final de la campaña que dominó las noticias durante meses, resultó evidente que el lado vencedor no tenía un plan sobre cómo o cuándo abandonaría Reino Unido la Unión Europea, mientras que las afirmaciones engañosas que llevaron esa campaña a la victoria repentinamente se vinieron abajo. A las 6:31 del viernes 24 de junio, justo una hora después de que se conociera el resultado del referéndum, el líder del UKIP, Nigel Farage, reconoció que la Gran Bretaña post-Brexit no dispondría de 350 millones de libras para gastar en el Servicio Nacional de Salud, una afirmación clave de los partidarios del Brexit que había adornado el autobús de campaña de “Vote Leave”. Pocas horas más tarde, el parlamentario Daniel Hannanna declaró que probablemente la inmigración no se reduciría, otra afirmación clave.

No era la primera vez que los políticos no cumplían lo que habían prometido, por supuesto, pero puede que fuera la primera vez que admitían la mañana después de la victoria que las promesas habían sido falsas. Fueron las primeras grandes votaciones en la era de la política postverdad: la apática campaña de los partidarios de quedarse intentó enfrentarse a la fantasía con hechos, pero descubrió rápidamente que la moneda de los hechos se había devaluado de mala manera.

Los preocupantes hechos y los preocupados expertos partidarios de quedarse fueron desdeñados como “proyecto miedo” y rápidamente neutralizados con hechos contrarios: si 99 expertos decían que la economía se estrellaría y uno estaba en desacuerdo, la BBC nos decía que cada bando tenía una idea distinta sobre la situación. (Esto es un error catastrófico que acaba oscureciendo la verdad y se parece a cómo algunos informan sobre el cambio climático.) Michael Gove (ministro de Cameron) declaró que “la gente en este país está harta de expertos” en Sky News. También comparó a los 10 economistas con premio Nobel que firmaron una carta contraria al Brexit con los científicos nazis leales a Hitler.

Durante meses, la prensa euroescéptica proclamó cualquier afirmación dudosa y menospreció cualquier advertencia experta, llenando las portadas con tantos titulares confeccionados antiinmigrantes que eran imposibles de contar, muchos de los cuales eran luego corregidos en letra muy pequeña. Una semana antes del referéndum —el mismo día en que Nigel Farage mostró su incendiario póster con el lema “Breaking Point” (Punto de no retorno) y la parlamentaria laborista Jo Cox, que había hecho campaña infatigablemente a favor de los refugiados, fue asesinada— la portada del Daily Mail mostraba un retrato de inmigrantes en la parte posterior de una furgoneta entrando en Reino Unido con el titular “Venimos de Europa, ¡dejadnos entrar!”. El día siguiente, el Mail y el Sun, que también publicaron la historia, se vieron obligados a reconocer que los polizones eran en realidad de Irak y Kuwait.

La descarada falta de respeto por los hechos no remitió después del referéndum: hace poco, la candidata a líder conservadora Andrea Leadsom (que lo fue por poco tiempo, después de tener un papel estelar en la campaña del Leave) demostró el decreciente poder de las pruebas. Después de decir al Times que ser una madre la haría mejor primera ministra que su rival Theresa May, gritó “¡periodismo de alcantarilla!” y acusó al periódico de manipular sus declaraciones, aunque había dicho exactamente eso, claramente y sin duda, y además estaba grabado. Leadsom es una política postverdad incluso por lo que respecta a sus propias verdades.

Cuando un hecho empieza a parecerse a lo que tú crees que es verdad, se vuelve muy difícil para cualquiera advertir la diferencia entre hechos que son ciertos y “hechos” que no lo son. La campaña partidaria del Leave era consciente de esto y se aprovechó de ello, con el conocimiento de que la Autoridad sobre los Estándares Publicitarios no tiene competencias sobre las afirmaciones de carácter político. Pocos días después del referéndum, Arron Banks, el mayor donante del UKIP y de la campaña Leave.Eu, le dijo al Guardian que su bando sabía desde el principio que los hechos no les darían la victoria. “Había que adoptar un acercamiento mediático al estilo americano —dijo Banks—. Lo que ellos dijeron al principio fue ‘los hechos no funcionan’, y es cierto. Los partidarios de quedarse mostraron hechos, hechos, hechos, hechos, hechos. Eso no funciona. Tienes que conectar con la gente emocionalmente. Ese es el éxito de Trump.”

Veinticinco años después de que apareciera en línea la primera web, está claro que estamos viviendo un periodo de transformación vertiginosa. Durante los 500 años posteriores a Gutenberg, la forma dominante de información fue la página impresa: el conocimiento se transmitía básicamente en un formato fijo, que animaba a los lectores a creer en verdades estables y asentadas.

Ahora estamos atrapados en una serie de confusas batallas entre fuerzas opuestas: entre la verdad y la falsedad, el hecho y el rumor, la amabilidad y la crueldad; entre los pocos y los muchos; entre los conectados y los alienados; entre la plataforma abierta de la web como sus arquitectos la concibieron y los jardines cerrados de Facebook y otras redes sociales; entre el público informado y la muchedumbre equivocada.

Lo que estas luchas tienen en común —y lo que hace que sea urgente resolverlas— es que todas implican un decreciente estatus para la verdad. Esto no significa que no haya verdades. Significa solamente, como este año ha quedado muy claro, que no podemos ponernos de acuerdo sobre cuáles son esas verdades. Y cuando no hay consenso sobre la verdad ni manera posible de alcanzarlo, el caos no tarda en llegar.

Cada vez más, lo que pasa por ser un hecho es solamente un punto de vista que alguien siente que es verdad, y la tecnología ha hecho muy fácil que esos “hechos” circulen con una velocidad y un alcance que era inimaginable en la era de Gutenberg (o hace apenas una década). Una historia dudosa sobre Cameron y un cerdo aparece en un tabloide una mañana y a mediodía ha inundado el mundo a través de las redes sociales y aparecido en las fuentes de información fiables de todas partes. Puede parecer poca cosa, pero sus consecuencias son enormes.

“La verdad —como escribieron Peter Chippindale y Chris Horrie en Stick It Up Your Punter!, su historia del periódico Sun— es una afirmación sencilla que cada periódico publica por su cuenta y riesgo.” Normalmente, sobre cada tema hay varias verdades en conflicto, pero en la era de la imprenta las palabras en una página fijaban las cosas, fueran ciertas o no. La información parecía verdad, al menos hasta que el día siguiente trajera una actualización o una corrección, y todos compartíamos una serie común de hechos.

Esta “verdad” establecida normalmente era administrada desde arriba: una verdad establecida, con frecuencia fijada en su lugar por un establishment. Este acuerdo no carecía de fallos: buena parte de la prensa con frecuencia mostraba sesgos hacia lo establecido y deferencia hacia la autoridad, y era extraordinariamente difícil para la gente común enfrentarse al poder de la prensa. Ahora la gente desconfía mucho de lo que se le presenta como un hecho —especialmente si los hechos son incómodos o discordantes con sus propias ideas—, y aunque parte de esa desconfianza es un error, otra parte no lo es.

En la era digital es más fácil que nunca publicar información falsa que se comparte y es tomada por verdad rápidamente, como con frecuencia vemos en situaciones de emergencia, cuando las noticias se dan en tiempo real. Para escoger un ejemplo entre muchos, durante los ataques terroristas en París de noviembre de 2015 rápidamente se propagaron rumores en los medios sociales de que el Louvre y el Centro Pompidou habían sido atacados y que François Hollande había sufrido un infarto. Se necesitan medios de confianza que desacrediten estas historias.

Falsedades y hechos

A veces los rumores como estos se difunden a causa del pánico, a veces por malicia y en otras por una manipulación deliberada, en la que una empresa o un régimen paga a gente para que transmita su mensaje. Sea cual sea el motivo, las falsedades y los hechos ahora se difunden de la misma manera, por medio de lo que los académicos llaman “cascada de información”. Como describe la profesora de Derecho y experta en el acoso online Daniell Citron, “la gente reenvía lo que los otros piensan, aunque la información sea falsa, incorrecta o incompleta, porque cree que ha aprendido algo valioso”. Este ciclo se repite, y antes de que te des cuenta la cascada tiene un impulso imparable. Compartiste el post de un amigo en Facebook, quizá para mostrar camaradería o que estás “en la pomada”, y por lo tanto aumentas la visibilidad de ese post.

Los algoritmos, como el que alimenta el flujo de noticias de Facebook, están diseñados para darnos más de lo que ellos creen que queremos, lo que significa que la versión del mundo con la que nos encontramos cada día en nuestro flujo personal ha sido invisiblemente seleccionada para reforzar nuestras creencias preexistentes. Cuando Eli Pariser, cofundador de Upworthy, acuñó la expresión “burbuja de filtros” en 2011, se refería a cómo la web personalizada —y en particular la función de búsqueda personalizada de Google, que significa que si dos personas hacen la misma búsqueda el resultado nunca será igual— significa que es menos probable verse expuesto a información que pone en duda o amplía nuestra visión del mundo, y menos probable encontrar hechos que refuten información falsa que otros han compartido.

La petición de Pariser en ese momento era que los que dirigían las plataformas de las redes sociales se aseguraran de que “sus algoritmos prioricen visiones compensatorias y noticias que son importantes, no solo las cosas más populares o las que más se validan a sí mismas”. Pero en menos de cinco años, gracias al increíble poder de unas pocas plataformas, la burbuja de filtros que Pariser describió se ha vuelto mucho más extrema.

El día después del referéndum, Tom Steinberg, el británico activista de internet y fundador de mySociety, publicó un post de Facebook que es una vívida ilustración del poder de la burbuja de filtros y de las serias consecuencias civiles para un mundo en el que la información fluye en buena medida por redes sociales:

“Estoy buscando activamente en Facebook gente que celebre la victoria del Brexit, pero la burbuja de filtro es TAN fuerte y se extiende TANTO en cosas como la búsqueda personalizada que no puedo encontrar a nadie que esté contento a pesar de que medio país está claramente eufórico hoy y a pesar de que estoy intentando activamente oír lo que dicen.

El problema de esta cámara de eco es ahora TAN grave y TAN crónico que solo puedo implorar a mis amigos que tengo trabajando en Facebook y en otras grandes redes sociales y en tecnología que urgentemente digan a sus jefes que no actuar ante este problemama equivale a apoyar y financiar activamente el desgarre del tejido de nuestras sociedades.

 Estamos creando países en los que una mitad no sabe absolutamente nada de la otra mitad”.
Pero pedir a las empresas tecnológicas que “hagan algo” sobre la burbuja de filtros implica que es un problema que puede ser fácilmente arreglado, y no uno que está en el centro mismo de las redes sociales diseñadas para darte lo que tú y tus amigos queréis ver.

Facebook, que apareció en 2004, tiene ahora 1.600 millones de usuarios en todo el mundo. Se ha convertido en la manera dominante de buscar noticias en internet para la gente, y de hecho es dominante de una manera que habría sido inimaginable en la era de los periódicos de papel. Como ha escrito Emily Bell, “los medios sociales no solo se han tragado el periodismo, se lo han tragado todo. Se han tragado las campañas políticas, los sistemas bancarios, las historias personales, la industria del ocio, el pequeño comercio, incluso el gobierno y la seguridad”.

Bell, directora del Tow Centre for Digital Journalism en la Universidad de Columbia, ha resumido el sísmico impacto de las redes sociales en el periodismo. “Nuestro ecosistema de noticias ha cambiado de una manera más radical en los últimos cinco años —escribió en marzo— que quizá en cualquier otro momento de los últimos 500.” El futuro de la edición se está poniendo “en manos de unos pocos, que ahora controlan el destino de los muchos”. Las empresas de medios han perdido el control sobre la distribución de su periodismo, que para muchos lectores ahora “se filtra a través de logaritmos y plataformas que son opacos e impredecibles”. Esto significa que las compañías propietarias de los redes sociales se han vuelto abrumadoramente poderosas a la hora de determinar lo que leemos y se han vuelto enormemente rentables monetizando el trabajo de otra gente. Como dice Bell: “En este sentido, actualmente hay una concentración de poder mucho mayor que en cualquier momento del pasado.”

Maximizar el tiempo

Las publicaciones supervisadas por editores han sido sustituidas en muchos casos por un torrente de información escogido por amigos, contactos y familia, procesado por algoritmos secretos. La vieja idea de una web abierta —en la que los hipervínculos de web a web creaban una red de información no jerárquica y descentralizada— ha sido en buena medida suplantada por plataformas diseñadas para maximizar el tiempo que pasas entre sus muros, algunas de las cuales (como Instagram y Snapchat) no permiten vínculos hacia fuera.

Mucha gente, de hecho, especialmente los adolescentes, pasan ahora más y más tiempo en aplicaciones de chat cerradas, que permiten a los usuarios crear grupos para compartir mensajes en privado, quizá porque los jóvenes, que son los que más posibilidades tienen de haber sufrido acoso online, buscan espacios sociales protegidos con más cuidado. Pero el espacio cerrado de una aplicación de chat es un silo aún más restrictivo que el jardín amurallado de Facebook u otras redes sociales.

Como escribió en el Guardian el iraní Hossein Derakhshan, bloguero pionero que estuvo encarcelado en Teherán durante seis años por su actividad online, la “diversidad que la world wide web había imaginado originalmente” ha sido sustituida por “la centralización de la información” en el interior de unas pocas redes sociales selectas. El resultado está “haciéndonos menos poderosos en relación con el gobierno y las empresas”.

Por supuesto, Facebook no decide lo que lees, al menos no en el sentido tradicional de tomar decisiones, y no dicta lo que los medios producen. Pero cuando una plataforma se vuelve la fuente dominante para acceder a la información, los medios con frecuencia ajustarán su trabajo a las demandas de ese nuevo medio. (La prueba más visible de la influencia de Facebook en el periodismo es el pánico que acompaña a cualquier cambio en el algoritmo del flujo de noticias que amenace con reducir las visitas que se mandan a los medios.)

En los últimos años, muchos medios se han alejado del periodismo de interés público para acercarse al equivalente en noticias a la comida basura, persiguiendo el número de páginas vistas con la vana esperanza de atraer clics y anuncios (o inversión). Pero como sucede con la comida basura, cuando te has atiborrado, te odias a ti mismo. La manifestación más extrema de este fenómeno ha sido la creación de laboratorios de noticias falsas, que atraen tráfico con reportajes falsos, diseñados para parecer noticias de verdad que luego son ampliamente compartidas en las redes sociales. Pero el mismo principio se aplica a noticias que son engañosas o deshonestas por sensacionalistas, aunque no fueran pensadas para engañar: la nueva medida de valor para demasiados medios es la viralidad, en lugar de la verdad o la calidad.

Por supuesto, los periodistas se han equivocado en el pasado, por error, por prejuicio, o a veces a propósito. (Freddie Starr probablemente no se comió un hámster.) Así que sería un error pensar que esto es un fenómeno nuevo propio de la era digital. Pero lo que es nuevo y significativo es que hoy los rumores y las mentiras tienen tantos lectores como los hechos irrefutables, y con frecuencia más, porque son más enloquecidos que la realidad y resulta más estimulante compartirlos. El cinismo de esta manera de ver las cosas la expresó nitidamente Neetzan Zimmerman, exempleado de Gawker como especialista en historias virales de elevado tráfico. “Hoy en día no es importante si una noticia es real —dijo en 2014—. Lo único que importa de verdad es si la gente clica.” Los hechos, sugirió, han terminado; son una reliquia de la era de la prensa de papel, cuando los lectores no tenían elección. Y dijo: “Si una persona no comparte una noticia, en esencia es que no es una noticia.”

Una nueva forma de consumo

La creciente prevalencia de esta manera de ver las cosas indica que estamos en mitad de un cambio fundamental en los valores del periodismo: un cambio en la forma de consumo. En lugar de fortalecer los vínculos sociales o crear una sociedad informada, o la idea de que las noticias son un bien cívico, una necesidad democrática, crea grupitos que difunden falsedades instantáneas que encajan con sus ideas, reforzando mutuamente las creencias, haciendo que cada uno se atrinchere aún más en esas opiniones compartidas, en lugar de en hechos comprobados.

Pero el problema es que el modelo de negocio de la mayoría de medios digitales se basa en los clics. Medios de todo el mundo se han dejado llevar por una fiebre de frenéticos anuncios al por mayor para rascar los céntimos de la publicidad digital. (Y no hay mucha publicidad que conseguir: en el primer cuarto de 2016 el 85% de cada dólar gastado en publicidad online en Estados Unidos fue a Google y Facebook. Eso antes iba a los medios.)

En el flujo de noticias del móvil todas las noticias parecen lo mismo, procedan de una fuente fiable o no. Y, cada vez más, fuentes que por lo demás son fiables también publican noticias falsas, engañosas o deliberadamente indignantes. “La búsqueda del clic manda, así que las redacciones publicarán acríticamente algunas de las peores cosas que corren por ahí, lo cual da legitimidad a la inmundicia —dijo Brooke Binkowski, editora de la desacreditada web Snopes, en una entrevista con el Guardian en abril—. No todas las redacciones son así, pero muchas lo son.”

Deberíamos tener cuidado de no desdeñar cualquier cosa con un atractivo titular digital como carnaza: los titulares atractivos son buenos si llevan al lector a un periodismo de calidad, sea serio o no. Creo que lo que distingue el buen periodismo del malo es el trabajo: el periodismo que la gente más valora es aquel que muestra que alguien le ha dedicado mucho tiempo, en el que se percibe que el esfuerzo se ha hecho para el lector, sea sobre asuntos grandes o pequeños, importantes o de entretenimiento. Es lo contrario del churnalism2, el reciclaje infinito de las historias de otros para conseguir clics.

Publicidad digital

El modelo de publicidad digital no discrimina actualmente entre cierto o no cierto, solo entre grande y pequeño. Como afirmó el periodista político estadounidense Dave Weigel a propósito de una historia falsa que se volvió un éxito viral en 2013: “‘Demasiado bueno para comprobarlo’ era una advertencia a los redactores de los periódicos para que no saltaran sobre noticias inmundas. Ahora es un modelo de negocio.”

Una industria periodística persiguiendo desesperadamente cada clic barato no parece una industria en posición de fortaleza, y de hecho los medios como negocio tienen problemas. El giro a la publicación digital ha sido un acontecimiento emocionante para el periodismo. Como dije en mi conferencia AN Smith de la Universidad de Melbourne en 2013, titulada “El auge del lector”, ha provocado “un rediseño fundamental de la relación de los periodistas con nuestra audiencia, cómo pensamos en nuestros lectores, la percepción de nuestro papel en la sociedad, nuestro estatus”. Ha significado que hemos encontrado nuestras formas de conseguir noticias —de nuestra audiencia, de los datos, de las redes sociales—. Nos ha dado nuevas maneras de contar historias: con tecnologías interactivas y ahora con la realidad virtual. Nos ha dado nuevas formas de distribuir nuestro periodismo, encontrar nuevos lectores en lugares sorprendentes, y nos ha dado nuevas maneras de conversar con nuestros lectores, abriéndonos a su crítica y el debate.

Pero si las posibilidades del periodismo se han visto fortalecidas por las innovaciones tecnológicas de los últimos años, el modelo de negocio está gravemente amenazado, porque no importa cuántos clics obtengas: nunca serán suficientes. Y si cobras a los lectores para que accedan a tu periodismo tienes el gran reto de convencer al consumidor digital, que está acostumbrado a obtener información gratis, de que te pague a ti.

En todas partes, los medios están viendo reducidos drásticamente sus ganancias y sus ingresos. Una elocuente ilustración de las nuevas realidades de los medios digitales son los resultados financieros del primer trimestre anunciados por el New York Times y Facebook con solo una semana de diferencia. El New York Times anunció que su beneficio operativo había caído un 13%, hasta los 51,5 millones de dólares; mejor que la mayoría de la industria periodística, pero una caída notable. Facebook, mientras tanto, reveló que sus ingresos netos se habían triplicado en el mismo periodo hasta unos asombrosos 1.510 millones.

Durante la década pasada, muchos periodistas han perdido su trabajo. El número de periodistas en Gran Bretaña se redujo en un tercio entre 2001 y 2010; las redacciones se empequeñecieron en Estados Unidos una cantidad similar entre 2006 y 2013. En Australia hubo un recorte del 20% en periodistas solo entre 2012 y 2014. Este año, en el Guardian, anunciamos que teníamos que eliminar 100 puestos de trabajo de periodistas. En marzo, el Independent dejó de existir como periódico en papel. Desde 2005, según una investigación de la Press Gazette, el número de periódicos locales británicos se redujo en 181; de nuevo, no por un problema del periodismo, sino por los problemas para financiarlo.

Pero que los periodistas pierdan su trabajo no es solo un problema para los periodistas: tiene un impacto dañino en toda la cultura. Como advirtió el filósofo alemán Jürgen Habermas en 2007: “Cuando la reorganización y el recorte de costes en esta zona básica ponen en peligro las normas periodísticas acostumbradas, golpea con fuerza en el corazón mismo de la esfera pública política. Porque, sin el flujo de información obtenido mediante una amplia investigación, y sin el estímulo de los argumentos basados en una pericia que no es barata, la comunicación pública pierde su vitalidad discursiva. Los medios dejarían entonces de resistirse a las tendencias populistas y podrían dejar de cumplir la función que deben cumplir en el contexto de un estado democrático constitucional.”

Quizá entonces la industria periodística debe centrarse en la innovación comercial: cómo rescatar la financiación del periodismo, que es lo que está amenazado. El periodismo ha experimentado una drástica innovación en las dos últimas décadas digitales, pero los modelos de negocio, no. En palabras del colega Mary Hamilton, responsable ejecutiva de Audiencia del Guardian: “Hemos transformado todo lo que concierne al periodismo y no lo suficiente lo que concierne al negocio”.

El impacto de la crisis del modelo de negocio en el periodismo consiste en que, al perseguir clics baratos a costa de la precisión y la veracidad, los medios están socavando la razón misma por la que existen: para descubrir cosas y contar la verdad a los lectores, para informar, informar, informar.

Patearse las calles

Muchas redacciones están en peligro de perder lo que más importa en el periodismo: el duro, valioso, cívico oficio de patearse las calles, filtrar bases de datos, hacer preguntas incómodas para descubrir cosas que alguien no quiere que sepas. El periodismo serio, de interés público, es exigente. Y lo necesitamos más que nunca. Contribuye a hacer que los poderosos sean honestos, ayuda a la gente a comprender el mundo y su lugar en él. Los hechos y la información fiable son esenciales para el funcionamiento de la democracia, y la era digital ha hecho que eso sea aún más evidente.

Pero no debemos permitir que el caos del presente proyecte hacia el pasado una luz demasiado favorecedora, como puede verse en la reciente resolución de una tragedia que se convirtió en uno de los momentos más oscuros de la historia del periodismo británico. A finales de abril, una investigación de dos años dictaminó que las 96 personas que murieron en el desastre de Hillsborough de 1989 no habían contribuido a la peligrosa situación que se produjo en el campo de fútbol. El veredicto era la culminación de una infatigable campaña de 27 años por parte de las familias de las víctimas, sobre cuyo caso informó durante dos décadas con gran detalle y sensibilidad el periodista del Guardian David Conn. Su periodismo contribuyó a descubrir la verdad real sobre lo que pasó en Hillsborough y el subsiguiente encubrimiento por parte de la Policía, una ejemplo clásico de un periodista obligando a los poderosos a rendir cuentas en nombre de los menos poderosos.

Las familias habían estado haciendo campaña durante casi tres décadas contra una mentira puesta en circulación por el Sun. El agresivo y derechista director del tabloide, Kelvin MacKenzie, culpó del desastre a los seguidores y sugirió que habían forzado su acceso al campo sin entradas, afirmación que más tarde se reveló como falsa. Según la noticia de Horrie y Chippindale en el Sun, MacKenzie desautorizó a su periodista, puso las palabras “LA VERDAD” en la portada y sostuvo que los seguidores del Liverpool estaban borrachos, que robaron las carteras de las víctimas, que dieron puñetazos y patadas a los policías y orinaron sobre ellos, que gritaron que querían mantener relaciones sexuales con una mujer fallecida. Los seguidores, dijo un “policía de alto rango”, estaban “actuando como animales”. La noticia, escriben Chippindale y Horrie, es una “calumnia clásica”, carente de pruebas atribuibles y que encaja “precisamente con la fórmula de MacKenzie de publicar un prejuicio ignorante a medio cocer y vocearlo por todo el país”.

Es difícil imaginar que la tragedia de Hillsborough pudiera suceder hoy: si 96 personas murieran aplastadas delante de 53.000 teléfonos móviles, con fotografías y relatos de testigos en las redes sociales, ¿se habría tardado tanto en saber la verdad? Hoy, la policía —o Kevin MacKenzie— no habría podido mentir tan descaradamente durante tanto tiempo.

La verdad es una lucha. Requiere un duro oficio. Pero la lucha merece la pena: los valores periodísticos tradicionales son importantes e importan y merecen ser defendidos. La revolución digital ha significado que los periodistas —en mi opinión, esto es algo bueno— tienen que rendir más cuentas ante su audiencia. Como muestra la historia sobre Hillsborough, los viejos medios eran sin duda capaces de perpetrar aterradoras falsedades que luego costaba años esclarecer. Algunas de las viejas jerarquías han sido socavadas contundentemente, lo que ha llevado a un debate más abierto y a un cambio sustancial en las viejas élites, cuyos intereses con frecuencia dominaban a los medios. Pero la era de la información incansable y constante —y las verdades inciertas— puede ser abrumadora. Vamos en montaña rusa de un escándalo a otro, pero nos olvidamos muy rápidamente: cada tarde vivimos un apocalipsis.

Al mismo tiempo, la demolición del paisaje informativo ha desatado nuevas cataratas de racismo y sexismo y nuevas maneras de avergonzar y acosar, dando pie a un mundo en el que prevalecen los argumentos más gritones y burdos. Es una atmósfera que ha demostrado ser particularmente hostil para las mujeres y la gente de color, que ha revelado que las desigualdades físicas se reproducen con demasiada facilidad en los espacios online. El Guardian no es inmune, razón por la cual una de mis primeras iniciativas como directora fue lanzar el proyecto “Web We Want” para combatir una cultura general del insulto online y para preguntar cómo nosotros, como institución, podemos alentar conversaciones mejores y más educadas en la web.

El discurso político

Por encima de todo, el reto para el periodismo de hoy no es simplemente la innovación tecnológica o la creación de nuevos modelos de negocio. Es establecer el papel que las instituciones periodísticas todavía juegan en el discurso público, que se ha fragmentado de una manera imposible de manejar y se ha desestabilizado radicalmente. Los asombrosos acontecimientos políticos del último año —incluido el voto por el Brexit y la irrupción de Donald Trump como candidato republicano a la Presidencia estadounidense— no son simplemente consecuencias de un resurgente populismo o la revuelta de los que se sienten abandonados por el capitalismo global.

Como sostuvo en un ensayo el académico Zeynep Tufekci, el auge de Trump es “en realidad un síntoma de la creciente debilidad de los medios de masas, especialmente a la hora de controlar los límites de lo que es aceptable decir”. (Podría decirse algo parecido del Brexit.) “Durante décadas, los periodistas en los grandes medios actuaban como guardianes que juzgaban qué ideas podían discutirse en público y qué era considerado demasiado radical.” La debilitación de estos guardianes es positiva y negativa; hay oportunidades y hay peligros.

Como podemos ver en el pasado, los viejos guardianes eran también capaces de infligir grandes daños y eran con frecuencia arrogantes al negarse a dar espacio a argumentos que ellos consideraban fuera del consenso político mayoritario. Pero sin alguna forma de consenso es difícil que se asiente alguna verdad. La decadencia de los guardianes ha dado espacio a Trump para sacar a colación lo que eran temas tabú, como el coste de un régimen de libre comercio global que beneficia a las empresas en lugar de a los trabajadores, un tema que las élites y buena parte de los medios de Estados Unidos han ignorado durante mucho tiempo —con lo cual, obviamente, han permitido que sus indignantes mentiras florezcan—.

Cuando el sentimiento predominante es contra las élites y contra la autoridad, la confianza en las grandes instituciones, incluidos los medios, se viene abajo.

Creo que merece la pena luchar por una cultura periodística fuerte. También hacerlo por un modelo de negocio que sirva y recompense a los medios que pongan la búsqueda de la verdad en el centro de todo, y construya una sociedad informada y activa que escrute a los poderosos, no un grupito mal informado y reaccionario que ataque a los vulnerables. Los valores tradicionales del periodismo deben ser asumidos y celebrados: investigar, verificar, reunir declaraciones de testigos, hacer el intento serio de descubrir lo que ha sucedido de veras.

Tenemos el privilegio de vivir en una era en la que podemos utilizar muchas tecnologías nuevas —y la ayuda de nuestra audiencia— para hacerlo. Pero también debemos combatir los asuntos que apuntalan la cultura digital y darnos cuenta de que el tránsito del papel a los medios digitales nunca ha sido solo una cuestión tecnológica. Debemos también enfrentarnos a las nuevas dinámicas de poder que estos cambios han creado. La tecnología y los medios no existen de manera aislada; contribuyen a dar forma a la sociedad al mismo tiempo que esta les da forma a ellos. Esto significa implicarse con gente en tanto que actores civiles, ciudadanos, iguales. Se trata de hacer que el poder rinda cuentas, luchar por un espacio público y asumir la responsabilidad de crear el mundo en el que queremos vivir.

1 En el original, “hogging the headlines”. Hog significa tanto “cerdo” como “acaparar”.
2 Mezcla de churn (“agitar”) y journalism (“periodismo”).

Este texto se publicó originalmente en The Guardian el 12 de julio de 2016.
© Guardian News & Media Ltd 2016

Traducción del inglés de Luisa Bonilla

jueves, 11 de agosto de 2016

Arianna Huffington deja el Huffington Post para centrarse en su nueva empresa

WASHINGTON.- La periodista Arianna Huffington, cofundadora del diario digital The Huffington Post, anunció hoy que renunciará a su cargo de editora jefe de la publicación para centrarse en su nuevo proyecto, Thrive Global, una empresa centrada en la salud y el bienestar.

"Pensé que HuffPost sería mi última función. Pero he decidido dimitir como editora jefe de HuffPost para poner en marcha mi nueva empresa, Thrive Global", explicó Huffington en su cuenta de Twitter.
Durante las últimas semanas, Huffington ha mantenido conversaciones con inversores para conseguir financiación para su nueva compañía, con sede en Nueva York, centrada en proporcionar información y capacitación digital para reducir el estrés y aumentar el bienestar.
El objetivo de Huffington es lanzar este nuevo proyecto antes de que concluya el año.
"Cuando decidí crear Thrive Global, pensé que sería posible crear la nueva empresa y continuar como editora jefe del Huffington Post. Hoy en día está claro que eso era una ilusión", detalló la periodista en un comunicado.
Nacida en Grecia en 1950 y exmujer del congresista republicano Michael Huffington, en 2003 fue candidata independiente en las elecciones a gobernador de California y en 2005 creó con otros socios el diario digital The Huffington Post.
La operadora de telecomunicaciones Verizon es actualmente la dueña del Huffington Post a través de la firma de servicios de internet AOL, que adquirió el diario digital en febrero de 2011.

Assange podrá ser interrogado en la embajada de Ecuador de Londres

LONDRES.- El equipo legal de Julian Assange "dio la bienvenida" hoy al hecho de que "finalmente se hayan puesto en marcha medidas" para que Suecia interrogue al fundador de WikiLeaks en la embajada de Ecuador en Londres.

En un comunicado, el equipo de abogados del australiano, coordinado por el español Baltasar Garzón, respondió así a la notificación formal de la Fiscalía de Ecuador a la sueca, en la que comunica su disposición a que se interrogue a Assange en la legación ecuatoriana en Londres, donde está refugiado desde 2012.
Assange lleva solicitando a la Fiscalía sueca que se le tome declaración en la embajada de Quito en la capital británica "desde agosto de 2010".
"El anuncio llega tras seis años de una total inacción por parte de la Fiscalía sueca", apunta su defensa.
Assange pidió asilo a Quito para evitar que el Reino Unido le entregara a Suecia, donde se le requiere con relación a delitos sexuales que él niega, pues teme que una vez allí pueda ser extraditado a Estados Unidos, donde podría enfrentarse a un tribunal militar por las filtraciones hechas a WikiLeaks.
El equipo legal del activista indica que "la conducta arbitraria de la fiscalía fue hallada ilegal por la ONU a comienzos de año, y la negativa del fiscal a tomar declaración a Assange también fue considerada ilegal por las altas cortes suecas en noviembre de 2014 y en mayo de 2015".
Los abogados del exhacker aluden al dictamen del Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de la ONU, que estableció el pasado febrero que Assange "se encuentra en situación de detención arbitraria", y pidió al Reino Unido y a Suecia que pusieran "fin a la privación de libertad" del australiano.
Consideran también que "la conducta ilegal del fiscal ha ocasionado un daño irreparable a su salud, sus derechos y su vida familiar".
"El Grupo de trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de la ONU halló que el caso de Assange está plagado de violaciones de proceso y de condiciones que equivalen a tortura, y que Suecia ha infringido sus obligaciones internacionales", concretó Garzón en la nota.
La reacción del equipo de Assange llegó después de que la cancillería de Ecuador señalara también que en las próximas semanas se fijará una fecha para el interrogatorio y recordara que desde hace más de cuatro años ese Gobierno ha ofrecido cooperación para que se produzca en su sede diplomática en Londres.
Ecuador indica que su ofrecimiento, junto a otras acciones jurídicas y políticas, se ha hecho "para alcanzar una solución satisfactoria para todas las partes, poner fin a las innecesarias dilaciones en el proceso y garantizar la tutela judicial efectiva".
El Gobierno ecuatoriano propuso a Suecia la negociación de un acuerdo de asistencia legal en materia penal, que fue firmado en diciembre, y que sirve como marco jurídico para el interrogatorio.

martes, 2 de agosto de 2016

El Parlamento británico pide a la BBC que divulgue el sueldo de sus estrellas

LONDRES.- Una comisión parlamentaria propuso hoy que la BBC divulgue el sueldo de sus empleados que cobren más que el primer ministro británico, en un esfuerzo por aumentar la transparencia en la cadena pública.

El presidente de la comisión de Cultura, Deportes y Medios de Comunicación de la Cámara de los Comunes, Damian Collins, dijo que "no hay ninguna buena razón" por la que no se puedan hacer públicos los sueldos de los trabajadores del ente público mejor pagados que el jefe del Gobierno.
El primer ministro del Reino Unido, actualmente la conservadora Theresa May, tiene un sueldo anual cifrado en abril de este año en 143.462 libras (unos 170.000 euros), lo que incluye los ingresos como diputado.
Al revisar el nuevo Libro Blanco del Gobierno para la emisora, la comisión consideró insuficiente la propuesta de que esta solo deba difundir el sueldo de sus presentadores estrella a partir de unos ingresos anuales de 450.000 libras (o 535.000 euros), lo que es además un umbral más alto del que se establece para los cargos ejecutivos.
"En el asunto de los salarios, la cuestión es que estos son sufragados por los ciudadanos a través de la licencia televisiva, tanto si son de presentadores como de ejecutivos. ¿Por qué debería haber normas diferentes para unos y otros?", declaró Collins.
"El umbral debería ser el mismo para los ejecutivos y para las estrellas, y debería publicarse el salario de cualquiera que gane más que el primer ministro", manifestó.
Un portavoz de la BBC dijo que publicar los salarios individuales de sus grandes fichajes perjudicaría a la emisora pública frente a sus competidoras privadas y señaló que la propuesta gubernamental recogida en el Libro Blanco "es una fórmula de compromiso satisfactoria".
El Libro Blanco, que propone la regulación futura de la cadena pública, cuyo actual estatuto expira a finales de este año, sugiere también cambios en los órganos directivos y de supervisión de la emisora, que sufragan los hogares británicos mediante el pago de un canon por tener televisión.

lunes, 1 de agosto de 2016

Detenidos seis periodistas del diario 'Zaman' por su vinculación con el Movimiento de Gülen

ESTAMBUL.- Un Tribunal de Estambul ha ordenado la detención de seis exempleados del diario turco 'Zaman' por sus supuestos vínculos con el Movimiento de Fethullah Gülen, que Ankara considera una organización terrorista.

Los periodistas fueron detenidos tras el frustrado golpe de Estado del pasado 15 de julio, que las autoridades turcas atribuyen al grupo del influyente clérigo que reside en Estados Unidos en régimen de exilio autoimpuesto. Los sospechosos se encuentran entre los 47 personas que tenían ordenes de detención previas a la intentona golpista, tal y como ha informado 'Hurriyet'.
Los extrabajadores de 'Zaman' han sido acusado de intentar derrocar el Gobierno turco, la prevención de los deberes del Estado, en parte o en su totalidad, además de recibir financiación irregular.

jueves, 28 de julio de 2016

Regular Internet: ¿atentado a la libertad de expresión? / Nubia Piqueras Gross *

De golpe a la libertad de expresión y a la memoria de todos los ciudadanos catalogan hoy muchos panameños el anteproyecto de ley que pretende regular contenidos en los portales de Internet y redes sociales. Según un foro de periodistas, la ambigüedad en la redacción de la propuesta impulsada por el diputado Melitón Arrocha, favorece la eliminación de referencias en Internet, sin necesidad de aportar pruebas que las justifiquen y sin la intervención de instancias judiciales que garanticen el debido proceso de las partes.

De esta manera, la iniciativa obligará a los sitios web a borrar información de cualquier persona que se sienta afectada, al tiempo que limita las capacidades especiales de la red de redes como herramienta única de transformación para buscar, recibir y difundir contenidos.

Criterio enarbolado por la exrelatora especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos Catalina Botero, quien cuestionó la efectividad del anteproyecto del representante del Partido Panameñista.

Si bien es cierto que el texto establece que la información solo será eliminada si causa un "perjuicio irremediable", los medios de comunicación -por ejemplo- se verán inundados con decenas de miles de solicitudes imposibles de procesar de manera oportuna y condenados a pagar eventuales sanciones millonarias, afirmó la especialista.

Afectaría, además, el derecho de acceso al conocimiento y la cultura, la posibilidad de exigir cuentas y participar en los asuntos públicos. En fin, el impacto de esta decisión es de enorme gravedad, acotó.

Y es que, a través de esta iniciativa legislativa presentada en la Asamblea Nacional, cualquier persona puede exigir la eliminación de informaciones, datos, dibujos, videos, archivos de audio y animaciones, entre otras formas que menoscaben su derecho a la intimidad, al honor y a la imagen.

Mientras, Arrocha aseguró que esta propuesta no pretende demonizar las redes sociales, ni complicar la vida a las empresas que almacenan datos personales, sino "resguardar eficazmente el derecho que tiene toda persona a guardar con celo elementos personales".

A juicio del exministro de Comercio e Industria, con el surgimiento de las nuevas tecnologías y de Internet, el derecho a la privacidad y a la rectificación, consagrado en el artículo 42 de la Constitución, disminuyó en perjuicio directo de las personas, por ello la propuesta.

Arrocha aseguró que no pretende limitar el acceso a la libertad de expresión, pero sí darles el derecho a los ciudadanos no públicos "a que frente a daños inminentes, falsedades o a temas que incumben a su intimidad, tengan la oportunidad de reclamar que se quite la publicación de Internet".

Yo entiendo la preocupación, pero la información debe cumplir con varios requisitos, y si la misma es de interés público, entonces no aplica el derecho al olvido, para evitar que los políticos evadan las denuncias, precisó.

Pero el denominado "derecho al olvido", que intentan debatir actualmente en Panamá, genera controversias no solo aquí, sino también en Europa y otros países de América Latina como Colombia, Argentina y México.

Medios como Hearst Corporation, The New Yorker, The Washington Post, The Associated Press, Reuters America, Atlantic Media, entre otros, criticaron una sentencia de la Comisión Nacional de Informática y Libertades de Francia, que obligó a Google Inc. a eliminar en todos sus dominios aquella información que los usuarios ya no quieran que esté disponible en la red.

"El punto controversial alrededor del derecho al olvido es si en países con bajos niveles de desempeño en transparencia y elevados niveles de corrupción, el olvido digital acabará protegiendo a políticos, empresarios o ciudadanos envueltos en actos de corrupción y conflicto de interés", expresó María Elena Meneses, profesora e investigadora del Tecnológico de Monterrey.

Cada vez más las redes sociales emergen como instrumento de campañas políticas, religiosas o de otra índole para bien o para el mal, al igual que de polea trasmisora para calumnias, actos de espionajes, noticias falsas y hasta para la ejecución de delitos denigrantes como la pornografía infantil y el bulling.

Hechos que para nada demeritan el valor de estos sitios que llegaron para quedarse, porque también son símbolo de la socialización y del acervo cultural de la humanidad, puesto a disposición de todos con solo dar un click.

El asunto de la polémica radica en usar las ventajas de la tecnología con responsabilidad, algo que solo será posible poniendo orden en la gran aldea global del mundo digital.


(*) Periodista

Turquía cierra más de 130 medios de comunicación

ANKARA.- Las autoridades turcas han anunciado este miércoles el cierre de más de 130 medios de comunicación, en el marco de la purga iniciada tras la intentona golpista del pasado 15 de julio, según ha informado la cadena CNN Turk.

Entre los medios cerrados hay tres agencias de noticias, 16 televisiones, 23 radios y 45 diarios, de acuerdo con la agencia de noticias oficial, Anatolia.
Esta medida se suma a las licencias retiradas a cientos de periodistas por sus supuestos vínculos con la asonada militar y su presunto líder, el influyente clérigo Fetulá Gulen, exiliado en Estados Unidos.
Sin embargo, la prensa ha advertido de que la ofensiva contra la libertad de expresión comenzó mucho antes del fallido golpe. El año pasado las autoridades clausuraron 'Zaman', el diario de mayor tirada.
Al margen de los medios de comunicación, la purga ha continuado en las Fuerzas Armadas, donde 2.400 militares han sido destituidos como sospechosos 'gulenistas'. Más de 50.000 trabajadores públicos han sido cesados o suspendidos en estos días.
El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha declarado el estado de emergencia y ha suspendido el Convenio Europeo de Derechos Humanos esgrimiendo razones de seguridad ante la posibilidad de que se produzca un nuevo golpe de Estado.
Desde Occidente ya han advertido de que cualquier medida adoptada por las autoridades turcas --que incluso se plantean recuperar la pena de muerte-- debe respetar el Estado de Derecho y el orden democrático de la nación euroasiática.
"Todos estamos muy preocupados por lo que está ocurriendo", ha dicho en una rueda de prensa celebrada este miércoles el vicepresidente primero de la Comisión Europea, Frans Timmermans, en alusión a las ola de detenciones en Turquía.
Por su parte, el portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos, John Kirby, ha apuntado a la detención de periodistas como "una preocupante tendencia en la que los cuerpos oficiales --de seguridad y judiciales-- son usados para desalentar discursos políticos legítimos".