jueves, 19 de marzo de 2009

Miedo y descontrol en la Via Laietana

BARCELONA.- Sofía, una inquietante morena de inconfundible acento (y aspecto) italiano, esperaba a un amigo a la salida del metro de Jaume I. A 300 metros, una marabunta de jóvenes descendía por la Via Laietana. Una hilera de antidisturbios les esperaba para impedir su acceso a la plaza de Sant Jaume. "¿Qué está pasando?", preguntó Sofía, que entendió que los manifestantes protestaban "contra Polonia", según relata 'El País'.

Aclarado el entuerto, se sonrió: Sofía, casualidades de la vida, vive en Bolonia, la ciudad que ha dado nombre a la adaptación de estudios universitarios, y está en Barcelona de turismo. En cuanto las cosas se pusieron feas, se resguardó en un bar cercano.

- Dispersión con riesgos. Los agentes resistieron un par de minutos las embestidas de los manifestantes. La orden de dispersión hizo que muchos echaran a correr hacia las calles del Born, donde hubo duros enfrentamientos. Los antisistema lanzaron piedras y ladrillos, y utilizaron una suerte de tirachinas contra los mossos. Éstos, desordenados, les persiguieron en pequeños grupos. Golpearon a muchos, pero sólo detuvieron a una persona.

- Ataques indiscriminados. La carga cogió por sorpresa a muchos ciudadanos. Unos turistas rubísimos (también difíciles de confundir) recibieron golpes de porra porque estaban en el momento y el lugar inadecuados. El miedo cundió entre quienes tomaban algo en los bares del Born y la Via Laietana, y vieron como los jóvenes intentaban reagruparse a través del teléfono móvil.

- Policías anónimos. Los antidisturbios siguen sin llevar en su uniforme el número que les identifica como policías. El Departamento de Interior les obliga a ello, pero la orden no entra en vigor hasta mayo. Los colectivos críticos con la actuación policial recordaron ayer que el anonimato impide las denuncias de los posibles afectados.

- 'Caña' a los periodistas. Treinta informadores, según el Colegio de Periodistas, resultaron heridos. Algunos llevaban brazaletes identificativos, pero eso no impidió que salieran con contusiones. Otros ni siquiera fueron golpeados "en el fragor de la batalla", sino mientras estaban apartados de los disturbios, en pequeños grupos y sin manifestantes alrededor. El director de la policía, Rafael Olmos, dijo que a veces resulta "difícil" distinguir a los periodista porque muchos manifestantes también llevan cámaras.

Orden de cargar contra la prensa

No tengo ninguna duda. Anoche hubo una orden de cargar contra los periodistas durante la manifestación de los estudiantes en Barcelona. Y quien dio la orden debe ser cesado. Todavía no les puedo decir quién es ese funesto personaje que tiene galones militares o políticos en el cuerpo de los Mossos d'Esquadra, se escribe por Enric Sierra en 'La Vanguardia'.

Les contaba ayer que al mediodía se registró una agresión policial a miembros de los medios informativos. Por la tarde, el director de la Policía catalana, Rafael Olmos, lamentó los hechos, pero los justificó diciendo que los agentes no saben discernir entre alborotadores y periodistas.

Pero las explicaciones de Olmos no sirvieron de nada. Si el máximo cargo policial dio una instrucción a sus agentes de tener en cuenta la integridad de los informadores, sus órdenes fueron ninguneadas. Y no solo eso. Hubo una instrucción totalmente diferente.

Cuando el grupo de periodistas, con sus cámaras, micrófonos y perfectamente identificados vieron llegar a los antidisturbios, supieron que iban a por ellos. Allí no había nadie más. No escucharon explicaciones y se ensañaron a golpes con ellos. Hubo una orden de cargar contra la prensa que la policía catalana cumplió y ahora hay que averiguar quién la dio, para que no tenga nunca más oportunidad de darla.

La lista de los periodistas heridos suma 30 personas. Es difícil encontrar un medio de comunicación que no tenga entre sus empleados a un damnificado. Pueden consultar la lista en www.periodistes.org. La impresentable actuación policial tiene unos responsables políticos que, a la vista de los hechos, o bien están detrás de este desastre sin precedentes en la democracia, o bien no pintan nada.

Hoy sigue siendo un día muy triste.