jueves, 5 de marzo de 2009

Morir de periodismo / Raúl Pérez López-Portillo

A pesar de los intentos serios de algunos periodistas, por reflejar la realidad de los medios, en algunas facetas de la historia de México, sobre todo en el último tercio del siglo 20, aún hay mucho por escribir. Por lo que hace a la prensa de la capital mexicana, entre otros, Vicente Leñero, Miguel Ángel Granados Chapa, y Marco Aurelio Carballo, lo han intentado, con éxito.

Los tres trabajaron en el Excelsior, que dirigió Julio Scherer García y Proceso, el Unomásuno de Manuel Becerra Acosta y La Jornada, con Carlos Payán, en el caso del segundo. A su manera y con garra, nos han mostrado las tripas de los medios de comunicación más importantes del país. Y sobre todo, su relación con la sociedad y el poder.

Como dice Emmanuel Carballo, relacionado con el trabajo de los críticos de novelas, con los primeros 25 años se hace una crítica vital; pero pasado ese tiempo, el punto de vista se torna en histórico. Eso es lo que han hecho Vicente Leñero, Miguel Ángel Granados Chapa y Marco Aurelio Carballo, MAC.

Vicente Leñero reflejó la crisis de Excelsior, cuando el poder priista, encarnado por el presidente Luis Echeverría, enfiló sus baterías contra la dirección del diario; todo a finales de los años setenta. Con 'Los periodistas', dejó buen testimonio de una injusticia. Miguel Ángel Granados Chapa hizo lo propio, con Excelsior y otros temas de comunicación. Y Marco Aurelio Carballo, labró su propia visión, sobre el ascenso y la caída de un diario: Morir de periodismo (Axial, 2008), la historia de Unomásuno, desde dentro, en los ochenta.

Como se recuerda, de los rescoldos de Excelsior nació Proceso, más tarde Unomásuno, y otros intentos, que fracasaron (Macrópolis, Centenario), hasta que apareció La Jornada. Más de 30 años de periodismo de primer nivel, entre refriegas internas, propias de la crisis del momento, muy humanas, por cierto, pero una referencia histórica de México, imprescindible para conocer el devenir de la república.

Ningún Zarco, tal vez, aunque Carlos Fuentes así le llamó a Julio Scherer. O si se quiere, algunos Zarcos, porque la vida del periodismo mexicano, elaborado con miras humanistas, el verdadero periodismo, está hecho a base de honradez y sacrificios. O Muchos Zarcos, como habría que calificar a los periodistas de a pie, los que están en la primera línea de fuego. Y más ahora, en estos terribles tiempos en que todo lo que toca el narco, y antes la política, lo corrompe.

Los periodistas se han ganado el lugar que merecen, entre tantas corruptelas. Alguna vez, se hizo y aunque no del todo bien ni a fondo, aquí también se produjeron cambios, transiciones, de acuerdo a los nuevos tiempos. Y muchos han muerto en el intento.

MAC ha escrito un libro donde cuenta los enredos propios de las contradicciones de los seres humanos que confeccionaron Unomásuno, un diario que revolucionó el diarismo de entonces. Los periodistas no son de piedra, al contrario, a veces es la cadena más débil de los eslabones de las instituciones republicanas. Y sobre ellos se ejerce tanta presión que, a veces, también ellos caen.

Lo cuenta MAC en su libro, con un estilo desenfadado, críptico en otros, para entendidos, alguna vez, irónico en ocasiones, pero no se sale del guión, la narración en distintas claves, de la génesis de uno de los mejores diarios en su época.

MAC nació en tierras del Coconusco, Chiapas, y no deja de recordarlo en la novela. Su personaje se sitúa como un hombre del trópico en los vericuetos de la gran capital. ¡Cuántos mexicanos no han creído en sus propias fuerzas, para salir de la provincia y ver otros caminos, los que llevan al DF, pensando que es el gran salto para cumplir sus ilusiones.

Así pues, en las crisis del Uno, MAC vuelve a la tierra para sacar fuerzas y seguir en la brega capitalina, aunque en el intento, pierda por el camino, a más de un amigo, que son los únicos que traicionan. En la historia se atragantan unos cuantos y se pierden casi para siempre, aunque en el fondo los aprecia, porque todos han sufrido del mismo dolor. Y si hay que cargar pilas, en la cantina de la esquina, al viejo estilo, porque estas historias de los hombres que hicieron el Uno, están hechos de esa pasta, que se endurece entre el trabajo diario, se carga de esa forma.

Una cosa es la Universidad, y otra, el diario donde uno trabaja y casi vive permanentemente. Una cosa es el aula, y otra, aguantar al jefe de turno, al funcionario aquel, el burócrata gris o el compañero que te invita al último trago de la noche.

Por el Unomásuno pasaron muchos periodistas, de Excelsior y otras tribunas; y de aquel, volaron otros cuantos, para recrear más medios. Al final, el periodismo no es más que una larga cadena de medios de comunicación en donde se abreva para no morir en el intento, aunque al final, se muere de periodismo.

Esa es la alegoría de MAC con Morir de periodismo; queda el recuerdo de que todo tiempo pasado fue mejor, de que nadie es imprescindible, de las transas, de las alegrías, de los amigos, de las cantinas, de los jefes, de políticos y de la ciudad donde se trabaja y del país donde se nació. Y ejemplo para los que vengan a intentarlo de nuevo. Que tengan suerte.

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