domingo, 15 de marzo de 2009

Qué hay detrás del buen periodismo / Martí Saballs

Relativizar la profesión periodística se ha convertido en una afición muy común de estas épocas. ¿Cuál es el grado de independencia del periodismo? ¿Sobrevivirá tal como lo conocemos? ¿Cómo se financiará? ¿Se pagará? ¿Quién lo hará? Y, la más tremenda de las preguntas: ¿realmente será necesario? Los que amamos esta profesión, no lo dudamos: el Periodismo (y lo escribo en mayúsculas) no sólo se mantendrá. Ganará peso, será más influyente, más serio, más responsable y, lo más importante, será rentable.

La sociedad siempre tendrá necesidad de estar bien informada, de fiarse de aquellas personas que intentan descubrir qué hay debajo de la alfombra para que se lo cuenten, que no se conforman con fiarse del primer rumor, que comprueban los hechos y los datos, que exploran a su izquierda y derecha, luchando por no dejarse llevar por prejuicios y especulaciones infundadas.

Uno de los lujos de las sociedades democráticas es el periodismo libre, que no tenga miedo a enfrentarse al poder cuando éste poder atropella y miente. Y, sobre todo, que no tenga miedo a intentar descubrir la verdad, desde la honradez, la humildad y la capacidad para saber rectificar cuando ha habido un error.

La esencia del buen periodismo se mantendrá viva. Cambiarán algunas circunstancias. Algunos accidentes. Los periodistas -también las empresas editoras que sobrevivan a esta crisis- deberán revolucionar su modo de operar. El buen periodista, más o menos joven, pero con la vocación como bandera, deberá dejar de ser considerado una commodity que puede cambiarse por otro como si fuera un miembro más de una cadena de montaje.

El periodismo de verdad sólo se entiende si vende su materia gris, consultoría de alto voltaje y ¡confianza! No hay nuevos y viejos lectores. Es una falacia. Los lectores que deseen masticar buena información seguirán existiendo, porque sin información el mundo no avanza. Que este Periodismo se distribuya gracias a una paloma mensajera o a través de banda ancha debe importarnos lo justo para adaptar los medios técnicos y ciertas fórmulas informativas. Haremos lo que este lector, nuestro cliente, nos pida. A la carta, si es necesario.

Me he permitido soltar esta licencia sobre mi profesión porque, a pesar del tiempo, estos son temas universales de los que ya hablábamos -mejor dicho, debatíamos románticamente- hace más de veinte años un grupo de jóvenes aprendices de periodistas en las comidas de la revista 'Nuestro Tiempo' en Pamplona, dirigida entonces por Juan Antonio Giner.

Entre aquellos aprendices había ya un maestro: José María del Cano, a quien tuve el honor de 'suceder' como "documentalista", tijeras en mano, una vez él emprendió su carrera profesional en Expansión y 'Actualidad Económica', donde nos reencontraríamos unos años más tarde. Para todos los que hemos sido compañeros y amigos suyos, Josémari siempre ha sido un maestro, en lo humano y en lo profesional.

El periodista sabio y cerebral que siempre hemos querido tener a nuestro lado para que nos pudiera preguntar, hacer dudar, respaldar, siempre con una sonrisa y siempre pensando en cómo podría entregarse al lector la mejor información. Conversador infatigable detrás de su aparente timidez, siempre animoso y animado, preocupado siempre por cómo se podía mejorar nuestro trabajo.

Cuando se puso al frente de www.expansion.com, vibraba día a día como un niño con zapatos nuevos. Era un todoterreno, consciente de que esta es una profesión de 24 horas al día, 365 días al año. Esto es ser Periodista.

Josémari se ha ido esta semana a enseñar periodismo económico y de negocios a Los Ángeles. Aprenderán de él muchos gajes del oficio. Les enseñará las habilidades necesarias para interpretar, analizar, ver con lupa los datos que se esconden tras un balance. Les enseñará que la memoria histórica, para mirar hacia delante, es clave.

Pero, muy por encima de todo, les explicará que para ser un buen periodista, antes hay que ser una buena persona. Aquí abajo, su ejemplo perdurará siempre para todos los que le conocimos.

www.expansion.com