
PALMA DE MALLORCA.- El reportero internacional Bru Rovira ha retratado a lo largo de su carrera el drama de la marginación, el horror de las guerras, y en su retina sigue amotinada la barbarie del genocidio ruandés. Sin embargo, Maternitats, la exposición que inauguró anoche en el Caixaforum de Palma, rezuma belleza y ternura por los cuatro costados, se escribe en 'Diario de Mallorca'.
"Son las fotos que no salen en los periódicos, donde sólo contamos una parte de la historia", explicaba Rovira, premio Ortega y Gasset de Periodismo.
La muestra, "una vuelta al mundo" en 16 instantáneas con las que saborear el triunfo del amor maternofilial sobre cualquier adversidad, germinó "por casualidad", cuando el periodista se encontró en Angola con una adolescente que, ajena a los heridos de mina y a las muertes por enfermedades mortales que la rodeaban, jugaba con su bebé "y se lo comía a besos", y tomó forma con un primer pase de las imágenes en una escuela rural, donde los alumnos las comentaron.
"He aprendido mucho de los niños", asegura Rovira. Ellos no entienden de sida, refugiados, petróleo, cárceles, castas y comercio de armas, pero saben mejor que nadie de afecto maternal.
"Había una foto sobre el genocidio ruandés con un niño a la espalda de su madre, que no me gustaba mucho y a los niños les encantó por el contacto físico con entre ambos", detalló el periodista, para quien su lectura de las imágenes "muestra los agujeros de nuestra civilización, con madres que casi no están en casa y que apenas tocan a los niños".
Acérrimo defensor del instante decisivo de Cartier Bresson por encima de la calidad, y dispuesto a combatir la "tremenda manipulación Norte-Sur", que convierte en impersonal el Tercer Mundo, Rovira acompaña cada una de sus fotos con la historia de sus protagonistas.
La historia de una universitaria a la que una bala perdida en Brasil, "país al que España vende armas a través de Paraguay", dejó postrada en la cama con poca más movilidad que la de unos ojos con los que busca el beso de su progenitora. La vivencia de una madre guatemalteca y su hija, recién encontradas después de que a ambas les hayan diagnosticado el sida. Los avatares, más próximos, de una drogodependiente que da el biberón a su bebé, o de una reclusa que juega con su retoño en una cárcel catalana.
"Soy un enamorado del periodismo de carreteras secundarias, porque es donde a veces caben las historias completas", confesó Rovira, "cómplice" de los protagonistas de sus fotos, que le han servido de terapia inconsciente y que pondrán a flor de piel los sentimientos de los espectadores, que podrán expresarlas en un muro habilitado para la ocasión.
La muestra, apta para todo el mundo "porque una de las pocas certezas de la vida es que nacemos de una madre", puede contemplarse hasta el próximo 14 de junio, con visitas guiadas de lunes a viernes a las 18 horas y talleres educativos para escolares desde los dos años.


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