domingo, 20 de febrero de 2011

El «abecé» del periodismo moderno / Ignacio Camacho

Antes de convertirse en clásico de referencia de la prensa española, seña de identidad inseparable de nuestra Historia contemporánea, ABC irrumpió en el periodismo nacional como un huracán de renovación que transformó el panorama editorial de principios del siglo XX. Inspirado por los modelos que había visto de cerca en Europa, sobre todo en Alemania, Torcuato Luca de Tena y Álvarez Ossorio alumbró su creación periodística como un impulso de modernidad hasta entonces desconocido en la Península.

Innovación tecnológica, solidez intelectual, moderación política y excelencia literaria: bajo estas cuatro premisas se desarrolló el proyecto que desde 1903 ha mantenido los principios fundacionales a lo largo de más de cien años de presencia en la vida de España.

Desde su aparición como semanario, ABC presentó unas características que permitían reconocerlo como un producto inédito. A primera vista, el peculiar formato y un potente despliegue gráfico e ilustrador le conferían un intenso dinamismo visual en contraste con la cargada tipografía de la época. El énfasis en la calidad de las firmas y la renovación del lenguaje acuñaron pronto una imagen de marca que consolidó el rápido prestigio de la publicación.

Luca de Tena fundamentó su proyecto con una visión empresarial e industrial de intensa vocación renovadora; las de Prensa Española no sólo fueron las instalaciones periodísticas e impresoras más relevantes de aquel momento, sino que dieron vida además de a ABC a una serie de publicaciones y revistas punteras en el mercado editorial. 

Don Torcuato —como se le conoce en esta Casa cuyas sedes de Madrid y Sevilla preside un busto suyo— supo imprimir a su actividad emprendedora el sello de los magnates de la prensa que, como Adolf Ochs en la elegante Dama Gris de Nueva York, empezaban a desarrollar un estilo de referencia: periódicos imprescindibles en la formación de unas élites intelectuales burguesas dispuestas a asumir el protagonismo social del incipiente siglo.

La apuesta gráfica de ABC, cimentada en la modernidad de sus rotativas, se abrió paso de forma inmediata y fue la clave del éxito fulgurante del periódico. Se trataba de un modelo basado en un esfuerzo industrial continuo por la incorporación de las tecnologías más recientes —el huecograbado fue estrenado en 1915—, acompañado de un criterio de excelencia gráfica que resultó esencial para el desarrollo del fotoperiodismo español, entendido por primera vez no sólo como complemento de los textos sino como un valor informativo en sí mismo.

A partir de 1908, el periódico incorporó una de sus señas de identidad esenciales durante casi cien años: la portada de fotografía única. Tildado despectivamente en sus comienzos de «periódico de monos» por su abundancia de ilustraciones, a ABC corresponde el honor de haber publicado la primera exclusiva gráfica de la prensa española: el atentado contra Alfonso XIII el día de su boda, en 1906. 

Blanco y Negro, la revista hermana, dio a la imprenta la primera fotografía en color de nuestro periodismo, en febrero de 1912. Dos meses más tarde, en la portada del diario aparecía como ilustración-cartel un mapa narrativo del hundimiento del «Titanic», considerado unos de los primeros y más lucidos precedentes de la moderna infografía que constan en el periodismo español.

Ese esfuerzo renovador que cimentó las bases del proyecto de don Torcuato, y que se ha mantenido constante hasta hoy con la incorporación del periodismo electrónico, fue acompañado desde los inicios de la publicación por un intenso brío intelectual que llevó a las páginas de ABC a los mejores escritores y cronistas del momento. Desde las escenas parlamentarias de Azorín a las reflexiones politicofilosóficas de D'Ors, Pérez de Ayala y otras grandes firmas del primer cuarto de siglo XX, el diario se convirtió en elemento de referencia del pensamiento moderado e institucionalista español, que el fundador consideraba prioritario en su concepto periodístico.

«Se equivocan —escribió— los que piensan que se puede fundar y sostener un gran periódico sin más objetivo que el negocio», escribió como epítome de su vocación editorial al servicio de un proyecto de sociedad: liberal, monárquico, estable y plural. Junto a los maestros pensadores de la época y a una pléyade de escritores que de inmediato consagraron a ABC como plataforma de excelencia literaria, el periódico reunió a los más consagrados periodistas del momento —en el campo político, económico, social y taurino— y estableció bien pronto una red de corresponsales en las principales capitales del mundo.

Periodismo moderno, pues: el más moderno de su tiempo, base prácticamente intacta del periodismo actual
Más de un siglo después, en pleno desarrollo de la sociedad de la comunicación, ese modelo continúa vigente a través del avance tecnológico que suponen las nuevas tecnologías. El periodismo electrónico, las redacciones multimedia, la incorporación on line de los formatos audiovisuales, la interconexión con las redes sociales, son fórmulas herederas de aquel sueño visionario que implantó en España un modo de concebir el oficio periodístico como una actividad multidisciplinar adaptada a los usos sociales más actualizados.

Ésa fue la imagen de marca que don Torcuato creó hace once décadas en torno a unas simples siglas alfabéticas que se han convertido en referencia de calidad en la prensa española y europea. El abecé del periodismo moderno.