viernes, 9 de septiembre de 2011

Usos y abusos en el lenguaje de los periodistas / Juan Teruel *

En el quehacer del periodista y su función de servicio a la sociedad en la que se inscribe el medio de comunicación para el que trabaja, una gran variedad de aspectos de la realidad (deportes, política, ecologismo, medio ambiente, etc.) han ido propiciando la proliferación de palabras y expresiones como "megacrak", "bye-pass", "ciberespacio", "pib", "sunami", etc., además de la multitud de siglas de las que ha habido que echar mano para aligerar los textos.

La consideración que merece esta divergencia de los periodistas con respecto a los usos del lenguaje habitual es mayoritariamente de comprensión y respeto. Desde Rafael Martínez Albertos a Susana Guerrero Salazar, se da por buena esta modalidad lingüística. A pesar de lo cual, no se puede eludir la ocasión de señalar que, en muchas ocasiones, se sobrepasa innecesariamente la línea definitoria del buen uso del lenguaje. Y ello es tanto más importante cuando se admite su influencia preponderante sobre otros modelos sociales de este lenguaje (Cunde la afición a imitar términos y frases aparecidas en los medios de comunicación: desde el ‘muy mucho’ de Hermida al ‘fútbol es fútbol’ de Toshack).

Tal vez, uno de los aspectos más característicos del lenguaje periodístico sea la abundancia de nuevos términos. Entre ellos, muchos son debidos a la moda de acortar las palabras. Eso ocurre con nuevas expresiones, como "semis" (semifinales), "finde" (fin de semana); así como otros referidos a personajes populares: "Mou" por Mourinho, "Pe" por Penélope, etc. Analizando todo este fenómeno, Susana Guerrero propone una clasificación exhaustiva para dar cuenta de los muy numerosos neologismos que la autora ha recopilado de diversas publicaciones. La misma autora, en lo que ella llama juegos periodísticos, recoge unos ejemplos de neologismos basados en las frases hechas, expresiones ya consagradas y modificaciones de los nombres propios. Falta saber si esos determinados usos verdaderamente enriquecen o devalúan la buena praxis periodística, bien sea en el solo aspecto del lenguaje.

Pero hay que distinguir entre el legítimo recurso al neologismo –que evita circunloquios y traducciones inexactas- y las modas en el uso de palabras, giros y expresiones superfluas e innecesarias. A este respecto, una fórmula expresiva que va ganando terreno es la construcción "veremos a ver", en sí misma carente de contenido y que altera innecesariamente el uso correcto: "veremos" o "vamos a ver". Pero no es solamente este caso el que perjudica notablemente el buen uso del lenguaje. Y el mundo de la información deportiva está plagado de expresiones inconvenientes: "palo largo" o "palo corto" (los dos palos son exactamente iguales), la pone (genérico fácilmente sustituible por verbos más adecuados), "killer" (El término "matador" existe como aportación del español a otros idiomas), "ganar de dos" (en vez de ganar por dos), etc. Otras veces, se trata de torcer el sentido original de las palabras, como cuando se dice "enfrentarse contra" o "entregar para", en vez de lo lógico: "enfrentarse a", o "entregar a".

Últimamente, me he dado con un término que me ha hecho remontarme a mi época de estudiante de Psicología experimental. Entonces, nos dio la lata a muchos un estudio sobre la frecuencia del ritmo "parpebral" (parpadeo). Hoy ha aparecido una nueva versión, absolutamente prescindible: "licker", también traducido como "parpadeo".

A lo peor, tanto exceso de celo por introducir palabras nuevas en nuestro lenguaje periodístico no consigue sino hacer incomprensible un idioma en una modalidad que siempre debería estar lo más cercana posible al ciudadano.


(*) Miembro vitalicio de la Asociación de Periodistas - Asociación de la Prensa de Almería