martes, 2 de octubre de 2012

El exmayordomo del Papa se declara "inocente" y denuncia "abusos" en su arresto

CIUDAD DEL VATICANO.- El exmayordomo del Papa, Paolo Gabriele, acusado de robo con agravantes, se ha declarado "inocente" durante la segunda audiencia del juicio que se celebra en el Tribunal del Estado de la Ciudad del Vaticano. Además, el Vaticano ha asegurado que investigará si se han producido "abusos" durante el arresto, denunciados por el propio Gabriele.

   Además, el exmayordomo del Papa ha asegurado que no tuvo cómplices "en absoluto" en la acción de la que se le acusa aunque, según informa el diario italiano 'La Repubblica', ha revelado el nombre de siete personas que lo "influyeron": Vincenzo Mauriello, Luca Catano y los cardenales Angelo Comastri, Paolo Sardi, Francesco Cavina y la antigua ama de llaves del Papa Ingrid Stampa.
   Gabriele ha apuntado que la recolección de documentos comenzó en 2010 y continuó en 2011 y que se trata de cartas que solo "fotocopió" y de las que sacó dos copias, una para entregar al exterior y otra para guardarla. Así, ha justificado su comportamiento indicando que actuó "por el estado de ánimo y desconcierto por una situación que se convirtió en insoportable y generalizada en el Vaticano".
   Por otro lado, Paolo Gabriele ha denunciado "presiones psicológicas" durante los primeros 20 días de arresto y, por este motivo, el presidente del tribunal vaticano Giuseppe Dalla Torre ha encargado al promotor de justicia Nicola Picardi que verifique si se cometieron "abusos en la detención del imputado", según indica 'La Repubblica'.
   Durante la segunda sesión del juicio, han sido llamados a dar su testimonio el secretario personal del Papa, monseñor Georg Gaenswein, los gendarmes Giuseppe Pesce, Gianluca Gauzzi Broccoletti y Costanzo Alessandrini y una de las 'memores domini' que prestan servicio en el apartamento pontificio, Cristina Cernetti.

¿Malos tratos?

El ex mayordomo de Benedicto XVI, sometido a juicio por robar documentos papales, dijo el martes ante un tribunal del Vaticano que durante las primeras semanas de su detención fue retenido en una sala de aislamiento tan pequeña que no podía estrechar los brazos y que tenía la luz encendida constantemente.
Paolo Gabriele dijo que durante esas semanas su vista quedó dañada y que estuvo bajo presión psicológica. En la primera noche en la sala de la comisaría del Vaticano, "incluso se me denegó una almohada".
Un juez ordenó una investigación sobre el cuerpo policial del Vaticano después de que Gabriele, que habló con confianza y sonriendo a menudo, prestara declaración en el segundo día de un juicio que ha abochornado al Vaticano.
Las filtraciones de los documentos han mostrado los trapos sucios de la minúscula ciudad-estado en un momento en el que el Vaticano trataba de limpiar su imagen tras varios escándalos con abusos sexuales a menores extensos y una gestión deficiente de su banco.
Gabriele, acusado de robar documentos papales en los que se habla de corrupción en el Vaticano y de filtrárselos a un periodista, se ha declarado inocente.
No ha negado haber robado copias de los documentos y filtrarlos, pero sostiene que lo hizo porque veía "el mal y la corrupción en todas partes en la Iglesia" y quería ayudar al Papa.
No obstante, dijo que se consideraba "culpable de traicionar la confianza del Santo Padre, a quien amaba como un hijo (ama a un padre)".
El mayordomo de 46 años dijo haber actuado porque podía ver una enorme brecha entre cómo percibía la gente las cosas de la Iglesia y el modo en el que son vistas "por aquellos en la cima del poder".
Cuando su abogada Cristiana Arru le preguntó si era verdad que en las primeras semanas posteriores al arresto el 23 de mayo había sido mantenido en una habitación tan pequeña que no podía estirar sus brazos, respondió: "Sí".
Ante una pregunta del juez, Gabriele expresó: "Durante los primeros 15-20 días la luz estuvo encendida las 24 horas del día y no había interruptor. Como resultado, mi visión se vio dañada".
Tras escuchar las acusaciones de maltrato, el presidente del tribunal compuesto por tres jueces, Giuseppe Dalla Torre, pidió al fiscal del Vaticano Nicola Picardi que abra una causa sobre el tema.
El jefe de la policía vaticana, Domenico Giani, emitió un comunicado en el que dijo que la habitación se corresponde con "los estándares utilizados por otros países en situaciones similares".
Agregó que la luz se mantuvo por razones de seguridad, para evitar que el detenido se ahorcara, y que se le dio una máscara para taparse los ojos. Negó que no se le diera una almohada, y afirmó que luego fue trasladado a una habitación más amplia.
Monseñor Georg Ganswein, el secretario sacerdote privado del Papa, pareció incómodo durante su testimonio, al responder a las preguntas sobre la rutina diaria en la casa papal y recordó cómo se enfrentó a Gabriele sobre las filtraciones.
Ganswein, al igual que los otros testigos, puso su mano derecha sobre un ejemplar de los evangelios antes de testificar y juró decir la verdad.
Gabriele, que aseguró que no se le ofreció dinero por los documentos, había dicho antes que información importante se le escondía al Papa, pero no dijo quién.
"A veces, el Papa hacía preguntas sobre cosas sobre las que debería estar informado", dijo el acusado. "Me convenció de que es fácil manipular a una persona que tiene un enorme poder de toma de decisiones en sus manos".
Entre los papeles que admitió haber fotocopiado y dado en encuentros secretos hay cartas al Papa en las cuales un alto cargo del Vaticano expresaba preocupación por conductas inapropiadas en acuerdos empresariales de la Santa Sede.
Gabriele dijo que no tenía ningún cómplice directo pero que fue influido por otros y por el malestar generalizado en el Vaticano.

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