domingo, 7 de octubre de 2012

¿De quién es la cuenta de Twitter de un periodista?

 MADRID.- El pasado martes, la dirección de Unidad Editorial, empresa editora de El Mundo, enviaba un comunicado a sus trabajadores en el que anunciaba su intención de “establecer un código ético” acerca del uso que hacen sus empleados de las redes sociales. Entre las líneas básicas adelantadas por el documento está la prohibición de publicar en redes sociales “informaciones y opiniones perjudiciales para los intereses de la cabecera” y la obligación de “poner en relación cualquier juicio con la línea editorial del medio”.

La circular no tardó en despertar reacciones entre sus destinatarios, y varios redactores de El Mundo mostraron públicamente su rechazo a través de Twitter, con expresiones como “yo no voy a cambiar absolutamente nada”, “no estoy de acuerdo con las normas y no voy a cumplirlas, los periodistas no somos autómatas” o “creo que las normas las incumple hasta el director. Bendita ocurrencia”.

El texto también señala las ventajas de las redes sociales como herramienta de comunicación, pero mientras que en esos aspectos predomina la vaguedad, es considerablemente más preciso cuando se refiere a los peligros a evitar. Tanto la insistencia en los aspectos relativos a la reputación como las escasas consideraciones informativas apuntan un origen más relacionado con la asesoría de imagen y comunicación que con lo puramente periodístico.

A pesar de las numerosas reacciones provocadas, lo cierto es que las normas y recomendaciones sobre la utilización de redes sociales ya existen en diversos medios de comunicación internacionales. Los casos donde la normativa se ha llevado a extremos más estrictos son las agencias de noticias, donde la inmediatez y la imparcialidad son su razón de ser, por lo que merecen protección absoluta. Associated Press, France-Presse o la BBC son algunos de los que han llevado su normativa más al detalle y de forma pública, un camino al que también se unió hace algunos meses la agencia EFE.

Sin embargo, una agencia no se rige por las mismas normas que un diario, donde la interpretación de la realidad y los puntos de vista son un valor añadido. Un periódico que se posiciona ideológicamente no puede pretender que todos sus trabajadores compartan sus puntos de vista en todas sus informaciones. Y ahí es donde se plantea el conflicto.

La borrosa frontera entre lo personal y lo profesional
¿La cuenta de Twitter de un periodista es personal o profesional? Imposible dar una respuesta tajante a esa pregunta. Como señala José Manuel Rodríguez, periodista y consultor especializado en redes sociales, “en las redes se complementan lo personal y lo profesional, no hay compartimentos estancos. Unos periodistas están para difundir información, otros para conseguir fuentes, otros para conversar...”

“Hay un delicado equilibrio entre la marca corporativa y la marca personal. En realidad ambas se aprovechan mutuamente, hay una relación de simbiosis”, continúa Rodríguez. Y es que del mismo modo que un periodista aprovecha sus publicaciones para darse a conocer, a los medios les interesa que sus reporteros tengan relevancia en las redes, por lo que ponerles trabas puede suponer un perjuicio, ya que disminuirá su presencia e influencia en Internet.

Rodríguez no duda en afirmar que las cuentas son personales “salvo que las creen los medios, como hace TVE”. Sin embargo, ni siquiera eso afirma la titularidad del medio sobre la cuenta, como se ha visto en el caso de la periodista Ana Pastor, que ha mantenido su cuenta después de abandonar la televisión pública simplemente eliminando “TVE” de su nombre de usuario. “Yo no soy partidario de que los medios abran cuentas, los periodistas nos movemos mucho”, señala Rodríguez.

¿Hablo en mi nombre o en el de la empresa?
Para evitar problemas, muchos periodistas deciden incluir en sus perfiles advertencias como “mis opiniones son personales” o “un 'retuit' no significa necesariamente un apoyo”. Para José Manuel Rodríguez, “eso debería darse por supuesto: un trabajador no habla en representación de una empresa, para eso está la cuenta corporativa. Es un atropello que por ser periodista no tenga opiniones personales ni criterio propio”. Sin embargo el documento redactado por Unidad Editorial es de aplicación para “todos los profesionales de UE que participen como tales en alguna de estas redes”, lo que deja sin efecto ese tipo de frases exculpatorias.

Distinta opinión tiene Ana Ramos, abogada especializada en Nuevas Tecnologías y ex asesora jurídica de Internet en el grupo Prisa, que afirma que “hay cosas que son claras: si identificas tu cuenta de Twiter con la empresa, la empresa puede ponerte límites”. “Hay gente que considera que Twitter es intocable, pero es un medio más. El empresario no pretende prohibir, la demagogia en esto es muy fácil. Solo intenta protegerse de futuros problemas. Es verdad que 'se cargan' en parte la esencia de la herramienta, pero yo me pongo en la piel del empresario y pienso que me puede hacer un daño brutal”.

Parecería entonces que basta con no incluir el nombre del medio en el perfil personal (de hecho, José Manuel Rodríguez recomienda no hacerlo), pero es más complicado. Sabedores de lo fácil que es identificar a un periodista con el medio en el que trabaja pese a que no se indique expresamente, el documento de Unidad Editorial se hace extensivo a quienes “gocen del suficiente reconocimiento social como persona vinculada con el medio”. Según el criterio de Ana Ramos, “en esa pequeña coletilla entiendo que se han pasado”.

¿Es legar fiscalizar la actividad del empleado las 24 horas del día?
“Vamos hacia un futuro en el que, en el momento en que entras en un medio de comunicación, ya tienes que firmar este tipo de cosas”, afirma Ana Ramos. El problema es que, como recuerda José Manuel Rodríguez, “hay que tener en cuenta el escenario: los periodistas de la plantilla ya tienen presencia en redes”, y no han firmado nada con la empresa al respecto.

En palabras de Francisco Pérez Bes, abogado y vicepresidente de ENATIC (asociación de Expertos Nacionales de la Abogacía en Tecnologías de la Información y la Comunicación), “jurídicamente la empresa puede imponerte un código ético siempre y cuando no incumpla las leyes”. Un punto de vista que comparte Ana Ramos: “Guste o no, si estás en mi empresa tienes que aceptar mi código”.

Lo más delicado viene a la hora de valorar si el código estaría vigente fuera del horario de trabajo, pero en principio parece que sí. Porque como señala Ramos, “muchas veces un periodista lo es las 24 horas del día. Si estás fuera de tu jornada laboral pero presencias algo noticioso, lo vas a comunicar”.

Enfrentado al supuesto de un periodista que fuera sancionado por hacer un ligero comentario crítico hacia su cabecera en su perfil de redes sociales, Pérez Bes considera que el afectado “podría apelar a la libertad de expresión, al código deontológico de la profesión...” pero probablemente tendría las de perder porque la empresa haría valer la vigencia de sus normas internas.

“Habrá que esperar a ver cómo se redacta el código para ver si viola la libertad de expresión”, afirma Pérez Bes, que considera que “puede que alguna asociación de periodistas presente alguna alegación, Unidad Editorial debería revisarlo bien con su departamento jurídico”.

Despedidos por un mal 'tuit'
Y es que perder el puesto de trabajo por un comentario político que disguste al medio para el que te trabajas es perfectamente posible. Octavia Nasr, corresponsal de la CNN en Oriente Medio, fue despedida por mostrar en Twitter su “tristeza” por la muerte del ayatolá libanés Fadlalá, “un gigante de Hezbolá por el que siento un gran respeto”. El fallecido estaba incluido en la lista estadounidense de terroristas por sus supuestos vínculos con atentados cometidos en los años 80. De nada le sirvieron a Nasr sus veinte años trabajando para la cadena.

No es un caso aislado. El locutor deportivo Chadd Scott dedicó varios 'tuits' a despotricar contra la aerolínea Delta Airlines durante sus vacaciones: la compañía amenazó a su emisora con retirar su publicidad, y Scott fue despedido. Recientemente, un reportero de ABC News y un periodista de Associated Press fueron severamente reprendidos por, respectivamente, 'tuitear' comentarios 'off the record' y publicar información en su cuenta personal antes de mandarla a la agencia.

A falta de la redacción definitiva del código anunciado por Unidad Editorial y de una mayor concreción en su aplicación, lo único que parece seguro es que este episodio no es sino una manera más de formular la eterna pregunta de para quién trabaja un periodista: ¿para sus jefes o para sus lectores?

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