viernes, 9 de noviembre de 2012

El País se rompe / Juan Varela

En las declaraciones de los trabajadores de El País se resume gran parte de ese contrato entre periodistas y público que es el alma de un diario. Esa conversación compartida cada día. Esa nación hablándose a sí misma, como tan bien expresó Arthur Miller. El ERE del diario de referencia durante más de 30 años y las declaraciones de sus responsables sobre la obsolescencia de los periodistas más experimentados son el fin del liderazgo de un diario admirado durante mucho tiempo en todo el mundo.

La crisis de El País no es sólo un problema de negocio, de audiencia o de la irrupción de los nuevos medios y un nuevo mercado. Es una profunda crisis periodística y moral. Una terrible brecha de confianza entre empresa, dirección, redacción y público. La más dañina para la cabecera, para su audiencia y para el periodismo.

A partir del lunes llegarán las cartas de despido y la lucha en los tribunales después de que los trabajadores del rotativo hayan rechazado la última propuesta de la empresa. Se pondrá en marcha el ERE para despedir a 149 trabajadores del diario conforme a las lamentables condiciones de la última reforma laboral.

Casi el 57% de la plantilla ha votado en contra (207 votos), 137 a favor (37,5%) y 21 en blanco con 365 votos emitidos sobre un censo de 460.

Es el fin de la crónica de un enorme fracaso periodístico. El ERE y la forma en la que se ha conducido ha llevado a columnistas históricos del diario como Santos Juliá a abandonarlo, colaboradores de prestigio han denunciado la censura que ha ejercido la dirección y han apoyado a la redacción, como muchos profesionales, políticos y, sobre todo, lectores de una cabecera que ya no es el diario que durante tantos años leímos y apreciamos.

Me formé en la Escuela de Periodismo de El País, trabajé en Cinco Días con algunos de sus grandes profesionales y he mantenido amistad y sana competencia con muchos en 25 años de profesión.

Nunca había asistido a una demolición interna y descontrolada de un diario con una cabecera y una cultura periodística tan prestigiosas.

La situación y las formas en El País, líder en difusión, prestigio y beneficios de la prensa española durante tanto tiempo contrastan con el guante blanco y la profesionalidad de tantos grandes diarios y empresas periodísticas obligados a reducir plantillas y ajustar recursos, o a poner en marcha reestructuraciones disruptivas y dolorosas.

Cuando eso ocurre, la prioridad es siempre mantener el prestigio, la marca (la cabecera), la cultura interna, el liderazgo periodístico y empresarial. Cuidar a la gente y a los profesionales que son la esencia de cualquier medio informativo.

Todo eso ha saltado por los aires en El País. Un diario que ya no se siente de todos.

El enfado y la profunda sensación de traición que muestran muchos de sus trabajadores -en el vídeo y en tantos sitios- son los mismos que sienten gran parte de sus compradores, lectores y público en general. Atónitos ante la violación de los principios y de la línea editorial defendida durante tanto tiempo.

Este El País tendrá mucho más difícil su futuro. Pero no por internet o por la caída de la difusión, sino por la profanación y el malbaratamiento del periodismo. Por la ruptura de esa conversación interna y con el público sin la cual un diario no es más que una hoja volandera.

Junto a la repetida frase de Miller siempre gusto de citar la no tan conocida de Walter Lippmann: "La calidad de las noticias en la sociedad moderna es un índice de su organización social".
 
Esa erosión del periodismo de El País es el peor indicador de la hondura de su crisis y de los problemas para su futuro cuando el contrato social y periodístico con profesionales y público ha sido dinamitado. 

No hay comentarios: