viernes, 9 de noviembre de 2012

Manifestación en Cádiz contra los despidos en los medios de comunicación

CÁDIZ.- Para protestar contra los despidos en los medios de comunicación gaditanos y denunciar, una vez más, la difícil situación que atraviesa el sector, esta mañana ha tenido lugar una concentración en Cádiz, organizada por la Asociación de la Prensa (APC( y a la que se ha sumado también la Asociación de la Prensa de Jerez (APJ). Reproducimos el texto leído al final de la manifestación.

Otra vez aquí. Otra vez convocados en torno al aniversario de la libertad de imprenta. Otra vez reunidos para hablar de nuestros miedos y de nuestros temores porque, otra vez, llueve sobre mojado. Otra vez las mismas caras, y otra vez los mismos caras que tienen entre ceja y ceja a un oficio que se juega cada día su futuro compitiendo contra un poderoso contrincante que tiene las cartas marcadas, que guarda en su ancha manga los ases ganadores y que se reserva el momento de presentarlos sobre el tapete en el que tiene lugar esta desigual partida.

No nos engañemos. Nuestra baraja no es la misma que la de ellos, nuestras cartas guardan más palos que las convencionales, los palos que cada día recibe una profesión tan vital, tan necesaria en una sociedad democrática que aspire a controlar los abusos del poder, a relatar las penurias de los más débiles, a denunciar las promesas políticas nunca cumplidas o a desenmascarar los modernos eufemismos económicos.

El periodismo gaditano sabe de estos palos, de la insultante precariedad y falta de perspectiva que sufren quienes hace algunos años lograron, felizmente, meter la cabeza en algún medio; de la puerta que violentamente se cierra ante las narices de quienes osan golpearla con sus nudillos mientras blanden inútilmente en la otra mano una gruesa carpeta con títulos y diplomas que acreditan que son jóvenes pero sobradamente preparados; de los recortes y despidos decididos tras la mesa de algún despacho, de manera fría, con un montón de números calculados en un papel en sucio, en la parte de atrás de los títulos y diplomas que han dejado los jóvenes de los nudillos, por ejemplo.

Despidos y recortes que no entienden de servicios prestados, de horas extraordinarias no pagadas, de desvelos para lograr un titular, de noticias sacadas del lugar en el que habían sido interesadamente escondidas, del tiempo robado a la familia, a los amigos o al propio tiempo libre de cada uno. Despidos y recortes que nos reducen a números, a 9 o a 24, qué más da cuántos, que se empaquetan en expedientes de regulación de empleo repletos de cuentas camufladas, de sumas restadas y multiplicaciones divididas, de justificaciones aparentemente contundentes pero demasiado generales: la cuenta de resultados, el modelo de negocio, la caída de la publicidad, la irrupción de Internet… Siempre con la frase estrella y conclusiva que se aprende en los masters más caros: “Chico, es que no tenemos más remedio”.

Hoy hemos sido nosotros, los del Diario de Cádiz y nuestros compañeros de Diario de Jerez o Europa Sur, además de las otras cabeceras del grupo Joly en Andalucía; ayer fueron otros, los de Canal Cádiz, el Grupo Información, La Voz, la Cadena Ser, Onda Jerez… EREs y recortes que amenazan con volver mañana.

Decisiones unilaterales que no tienen en cuenta la opinión del actor, del profesional, cuyo oficio otros manejan a su antojo. Somos los protagonistas pero, paradójicamente, no tenemos opciones de dibujar nuestro futuro. No nos dan opciones de hablar, de debatir, de aportar ideas y soluciones para moldear la inevitable evolución del periodismo, al que algunos tratan de enterrar creyéndolo inerte pero que aún respira. Y con más fuerza de la que se piensa. Reclamemos nuestro papel, no seamos títeres, marionetas manipuladas por los hilos de la economía y la crisis. Exijamos, en definitiva, que se nos escuche, que nos den nuestro sitio. Al fin y al cabo, se trata de nuestra profesión, y algo entenderemos.

Es verdad, jugamos con barajas marcadas y ases guardados una partida desigual. Pero aún nos queda una carta, el comodín, el mejor comodín posible, la palabra. Frente a sus números fríos y calculados, las palabras, nuestras palabras. Susurradas, gritadas, si-la-be-a-das, radiadas, televisadas, acompañadas de imágenes, de músicas, de fotos, debidamente diseñadas. Las palabras son nuestras mejores aliadas, el último comodín de un oficio que no puede renunciar a su raíz, a su razón de existir, a su condición de equilibrio democrático, a su calidad. Y nada de esto será posible con la precariedad, con los recortes, con la sumisión al enfoque informativo que impone el poder, con la cortedad de vista puesta solo en el modelo de negocio olvidando el adjetivo que lo viste y le da sentido: el modelo de negocio periodístico.

Esgrimamos con fuerza las palabras. No sobran las palabras, aun al contrario: nos faltan las palabras. Si sobraran las palabras, sobraríamos nosotros, los periodistas. Y los periodistas, seguro, seguro, que no sobramos.

(Texto del manifiesto leído tras la manifestación de Cádiz)

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