miércoles, 26 de diciembre de 2012

Periodistas en paro / Diego Armario

Acaba el año dentro de cinco días y aunque el paro golpea a todos los sectores laborales lo hace con una crudeza especial en el mundo de los medios de comunicación.

Según el informe anual de la profesión periodística del 2012 el número de periodistas en paro se ha triplicado en un año, y en estos días se están conociendo nuevos casos de cierres de empresas y despidos de sus empleados.

La primera afirmación que hay que sostener es que “el periodismo no está en paro, aunque muchos periodistas no tienen trabajo”, porque aceptar que ha sido anulada por la crisis una profesión cuya misión fundamental es la de difundir las noticias y hacer que los ciudadanos sepan qué hacen los poderes púbicos con sus impuestos y cómo protegen o conculcan nuestras libertades, sería asumir que estamos renunciando a defender la democracia.

La situación del periodismo empezó a agravarse muchos antes de que nos golpease la crisis económica, y ése momento hay que situarlo cuando los empresarios de prensa dejan de ser gente que cree en el periodismo libre e independiente y se convierten en hombres de negocio capaces de vender su influencia al mejor postor o de ser cómplices de intereses políticos con los que se alían para obtener favores.

De nada vale verter sobre la leche derramada, pero somos multitud los que sabemos que eso es cierto y ahora, cuando esos “señores de la prensa” despiden sin piedad a quienes utilizaron para sus fines, algunos colegas descubren que en sus periódicos, radios o televisiones no se vendía información, sino sólo influencia.

Los antiguos empresarios de prensa eran periodistas: los de ahora son lecheros, libreros o dueños de supermercados, y así nos va.

En algunos medios, sobre todo públicos, algunos se han cavado su propia tumba, ayudados por unos sindicalistas que demostraron más habilidad para aprovecharse personalmente de la empresa que inteligencia para hacer las cosas bien en favor de sus compañeros, pero ahora es tarde para rectificar.

Lo importante es que el periodismo no puede morir. Sin periodistas no hay periodismo ni tampoco democracia.

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