miércoles, 27 de marzo de 2013

Del periodismo execrable / Andrés García Ibáñez

Algo huele mal en la redacción de los periódicos y otros medios de comunicación. Periodistas maltratados y cobrando sueldos indignos, cuando no despedidos sin la menor consideración. Las líneas editoriales plegadas a los intereses del que pone dinero, generalmente desde el poder político y económico.  

Hoy es difícil saber, como antaño, la ideología exacta de un diario; los medios son esclavos de señores exigentes que hacen su capricho y compran voluntades. Hasta en alguna ocasión hacen persecución y escarnio público, con total impunidad, de aquellos díscolos que se atrevan con los trapos sucios.  

Se silencian o se airean los casos de corrupción dependiendo de quien sea el pagador todopoderoso; con frecuencia, el corrupto ha comprado a los medios de su entorno -con dinero público, por supuesto, lo que hace más miserable y repugnante la cosa- y los ciudadanos del lugar han de enterarse de sus andanzas por la prensa nacional o extranjera. 

En algunos periódicos de provincias, no sólo son el político omnipresente de turno o el empresario putrefacto los que condicionan los criterios selectivos de noticias y su tratamiento; también la naturaleza cotilla, epidérmica, de una sociedad aborregada y estulta determinan la preponderancia de ciertos titulares que versan sobre asuntos anecdóticos frente a otros verdaderamente importantes y de mayor enjundia.  

En esta línea, y por centrarnos en la sección cultural de algunos periódicos a los que aludo, vemos una nada despreciable cantidad de páginas copadas por romerías y desfiles, fiestas patronales, saraos erótico-festivos de toda índole, rutas de la tapa, concursantes del gran hermano y vagos de toda especie haciendo declaraciones estúpidas y vergonzantes; una pléyade de sucesos e individuos deleznables, escogidos frente a la nómina de exposiciones, conciertos y otros ciclos culturales de nivel. 

Y por ser más concretos, ahora que andamos en la semana de pasión, he comprobado como algún diario ha suprimido íntegramente su sección cultural, ocupada entonces por páginas y páginas dedicadas en exclusiva a los desfiles del incienso, desde todas sus ópticas y posibles miras. Un hartazgo de ñoñería estupidizante y cargante para el engorde de sesos acolchados. Pero -dicen- la cosa cunde, y se hartan de vender ejemplares en los kioscos.

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