sábado, 22 de noviembre de 2014

Las TV privadas / Joaquín Abad *

Soy de los que creían que la iniciativa privada en medios de comunicación era suficiente, también en España. Y no comulgaba, y sigo sin comulgar, con que en una sociedad del siglo XXI, tenga que soportar radios y televisiones públicas. El derroche de las llamadas televisiones autonómicas es la muestra de que nuestros gobernantes están dispuestos a gastar lo que no pueden por tal de verse en sus propias pantallas, dado que, como estamos viendo, sus actuaciones no merecen un solo minuto de parrilla independiente.

A nivel nacional las televisiones privadas empezaron a forrarse tras la decisión del anterior inquilino de La Moncloa, Rodríguez Zapatero, de eliminar la publicidad comercial de las televisiones que el gobierno gestionaba pasando a nutrirse de los Presupuestos Generales del Estado. Por supuesto no se atrevió, ningún gobierno se atreverá, claro, a cerrarlas por tratarse de una competencia desleal. Les sirven para que sus actuaciones se reflejen ya que a las privadas no las controlan del todo. 

Ahora, dado que las TV privadas están cooperando, como todos los medios de comunicación, a propagar el estado de corrupción que azota a este gobierno, y a todo el sistema político en general, el gobierno de Rajoy, el gobierno de la vice Soraya, amenaza, se plantean que vuelva la publicidad a Televisión Española. Estos del pepé están cabreadísimos por como en pocos años han pasado en salvadores de los desastres de Zapatero a ejemplo de corrupción generalizada en todos los estamentos. Y sobre todo, entienden que el fenómeno Podemos ha sido gracias a la colaboración mediática de las privadas, que los han hecho famosos invitándoles a las tertulias todos los días. En los medios oficiales, pues ya lo ven. Apenas minutos de referencia, nada de invitaciones a programas punteros.

En cualquier caso, la telebasura, los programas ordinarios, de mal gusto, sólo por ganar audiencia, se lo debemos a las privadas, que no a las públicas. Por eso mi gran dilema. Me gustaría que la televisión informara, enseñara y entretuviera con producciones, con programas realizados con buen gusto. Y eso las públicas si lo ofrecen. Aunque la verdad es que no pueden ser independientes cuando son los políticos quienes nombran a sus directivos, son los políticos quienes colocan a miles de empleados en sus nóminas sólo por su militancia, que no por sus méritos.

Me temo que esto no hay quien lo arregle. El pesoe, cuando llegó, pues colonizó, como es su costumbre. El pepé de Aznar no se atrevió. El de Zapatero continuó colocando peones socialistas en sus nóminas, y Rajoy, ya saben, sólo ve los partidos de fútbol y suele pasar bastante. Es Soraya, la vice, la que se ha encargado de ajustarle las cuentas a los medios, prensa y televisión. Ya ha domesticado a la prensa de papel obligando a las empresas editoras a sustituir a directores molestos -Pedro J. es el ejemplo más significativo- y ahora se prepara para el asalto a las televisiones privadas. Ya lo verán.
 
 
(*) Periodista y editor de www.muyconfidencial.com