viernes, 16 de enero de 2015

Una condena con muchos matices

MADRID.- El arco conformado por los países en los que la fe musulmana es mayoritaria resulta demasiado amplio y diverso como para extraer unas conclusiones generales sobre su respuesta al atentado yihadista perpetrado contra la revista Charlie Hebdo en París. 

Sin embargo, sí parece posible destacar algunos elementos recurrentes en las actitudes de los líderes políticos, los medios de comunicación (muy a menudo controlados por los primeros) y el sentir general de las sociedades. La condena al ataque a la revista es prácticamente generalizada, pero también lo es la reprobación a las caricaturas que reproducen al profeta en el último número de la publicación
El primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, sintetizó este jueves un sentimiento muy extendido: “La libertad de expresión no significa la libertad de insultar”. Significativamente, durante su gira en Asia, el papa Francisco expresó conceptos cercanos a los del dirigente turco. “Hay un límite. No se puede provocar. No se puede insultar la fe de otros. No se puede bromear con la fe de los demás”.
La crisis de Charlie Hebdo pone en evidencia pues la extrema debilidad de las voces liberales en las sociedades de tradición islámica. La esperanza suscitada en Occidente por el desarrollo de las primaveras árabes a principios de esta década encuentra en esta circunstancia la triste constatación de su fracaso. Incluso en Egipto, donde la contrarrevolución del mariscal Al Sisi ha derribado a los Hermanos Musulmanes, la dirigencia muestra extrema sensibilidad a las quejas que expresan el sentir mayoritario entre los musulmanes.
Afortunadamente, a diferencia de la crisis desatada por las viñetas publicadas por el diario danés Jyllands-Posten en 2006, de momento no se han registrado incidentes de relieve alimentados por el rechazo a la reproducción del profeta.
La periodista libanesa Diana Mukalled sostiene en la cadena Al Arabiya que el mundo árabe aún está “atrapado en tratar de resolver si el crimen [el atentado contra Charlie Hebdo] es absolutamente condenable o no”. Menciona que “a pesar de la ausencia de datos precisos sobre la opinión pública, no es difícil detectar un atrevido tono general en la cobertura de los medios, los titulares, los debates y las redes sociales que refleja una innegable tendencia a justificar y rebajar el odioso crimen”.
En definitiva, que detrás de las condenas siempre hay un “pero”.