sábado, 9 de enero de 2016

Periodistas y periodismo / Melchor Miralles *

El informa anual de Reporteros Sin Fronteras no ha tenido el eco y el escaparate que se merece. No es corporativismo. Los periodistas, al ejercer nuestro oficio, antes que ejercer nuestro derecho a la libertad de expresión, que lo tenemos como cualquier otro, somos depositarios, intermediarios de un derecho que no nos pertenece, cual es el derecho de todos los ciudadanos a recibir información veraz. Hoy hay 54 periodistas secuestrados (un 35% más que en 2014) más 3 periodistas-ciudadanos y 3 colaboradores de medios de comunicación en idéntica situación, y 153 detenidos, y 8 desaparecidos.

Siria es el país de más riesgo. Allí 26 informadores se encuentran secuestrados, son un objetivo fácil para el Daesh o el Frente Al-Nusra, que utilizan a sus víctimas tanto para obtener rescates como para ejercer el terror, generar el miedo en la profesión y presionar a la comunidad internacional. Regiones enteras de Siria son hoy en día agujeros negros de los que no tenemos información. Yemen, Irak y Libia son los siguientes países en este ranking vergonzoso. Además, 67 periodistas, 6 colaboradores y 18 periodistas ciudadanos han sido asesinados “debido a su profesión o mientras la ejercían”.

Curiosamente es Francia, tras el atentado de hace un año contra la revista satírica Charlie Hebdo, en el que fueron asesinados doce personas, el país de más riesgo para los periodistas. Junto a Francia, naciones habituales en este ranking siniestro como Siria, Irak, Yemen o Sudán del Sur.

Las zonas y los países que padecen conflictos bélicos o la actuación de guerrillas violentas resultan lógicamente escenarios de mucho más riesgo para los profesionales de la información. Pero es relevante que otros países que pasan por ser potencias económicas o economías emergentes donde las potencias invierten y hacen grandes negocios, se hayan convertido en territorio hostil para los periodistas. En el primer caso está China, el país del mundo donde hay más periodistas privados de libertad en sus cárceles, y en el segundo India o Méjico, donde ejercer este oficio con independencia es jugarse la vida. Y teocracias con excelentes relaciones con los países del denominado primer mundo, como Arabia Saudí, son territorio también de alto riesgo.

En las zonas que padecen conflictos bélicos en el mundo se produce desde hace años una situación peculiar. Hay periodistas, sí, y hacen lo que pueden para que los demás estemos mínimamente informados. Pero no hay medios de comunicación. Los grandes grupos de comunicación, que disponen de medios materiales y humanos, optan por lo general por no enviar a sus periodistas para evitar problemas. Y todo depende entonces de reporteros mayoritariamente free-lance, que hacen el trabajo por su cuenta, por amor al oficio, o apoyados por pequeños medios que sí apuestan por cumplir con sus obligaciones, pero con escasos recursos económicos.

Nosotros vivimos en nuestra burbuja, pendientes de nuestras cosas, de nuestros parlamentos, nuestros políticos, nuestras empresas, nuestros pactos, acuerdos o desavenencias, mientras por el mundo hay millones y millones de seres humanos que padecen horrores sin que, más que de vez en cuando, al sobrepasarse los límites del espanto, les dediquemos algo de espacio. O cuando se lía la de Dios es Cristo, y entonces los grandes envían a algunos reporteros unos días, cubren sus portadas y abren sus informativos, incluso algunos se hacen autorretratos sobre el terreno, regresan a los tres o cuatro días y vuelven a olvidarse de los nadie, de las víctimas y de los autorretratos de la vergüenza.

El periodismo es oficio peligroso, si se ejerce adecuadamente, en cualquier sitio. Pero en las zonas en conflicto es directamente un oficio de altísimo riesgo. Los suyos no les prestan atención, o directamente les desprecian. Los contendientes les perciben como un arma de guerra, peligrosa, y tratan de destruirla o de hacerse con ella para la propaganda. Tratan de acallar las voces de los periodistas porque solo así se produce el apagón informativo, y desde la opacidad se actúa impunemente con comodidad.

Debiéramos reflexionar todos sobre ello. Lean el informa de Reporteros sin Fronteras. Yo lo he hecho. Con Antonio Pampliega, José Manuel López y Ángel Sastre en la memoria y en el corazón. Rezando y actuando por ellos. Bien presentes. Cada hora de cada día.

(*) Periodista